ESTUDIOS BÍBLICOS

 Reflexiones > Estudios Bíblicos > La renovación de la Iglesia II
Anterior
Siguiente

Publicado el 5 de Enero del 2000

La Renovación de la Iglesia:
Conceptos Básicos (II de IV)
La Renovación Bíblica y la Vida Espiritual

B. LA RENOVACION BÍBLICA Y LA VIDA ESPIRITUAL.
     Donde el concepto de la renovación encuentra un respaldo innegable en la Palabra de Dios es en el área de la vivencia espiritual, tanto en el ámbito personal como a nivel congregacional.
     La Biblia hace una clara distinción entre la justificación y la regeneración como aspectos complementarios de una experiencia puntual por un lado, y la santificación como un proceso continuado en el creyente por otro. La conversión involucra el perdón de pecados y simultáneamente la integración en la familia de Dios como resultado del nuevo nacimiento, y esta experiencia maravillosa ocurre en el momento de recibir a Cristo como nuestro Salvador.
     Sin embargo, la conversión no supone la erradicación total del pecado de nuestras vidas, y desde aquel momento de entrega a Cristo se inicia una transformación progresiva que no llegará a su punto final hasta nuestro encuentro con el Señor en gloria (1ª Jn. 3:2). El apóstol Pablo habla de estas dos facetas de la salvación, la puntual y la progresiva, del siguiente modo: "Dios nuestro Salvador... nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneraci6n y de la renovación en el Espíritu Santo" (Tito 3:4-5).
     En otros textos el apóstol habla de la necesidad de esta renovación en la vida de cada creyente ("renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre", Ef. 4:23-24), de la realidad de esta renovación ("aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo, nuestro hombre interior se renueva de día en día', 2ª.Co. 4:16), y de la manera en que esta renovación ocurre ("nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu", 2ª.Co. 3:18).
     Es importante que comprendamos que esta renovación tiene su dimensión corporativa y comunitaria, y no sólo personal. El lastre de pecado que existe en la vida de cada creyente, y que actúa como una ley de gravedad espiritual, constantemente tirándonos hacia abajo, hacia la desobediencia al Señor, afecta todo el Cuerpo de Cristo. Cada congregación local tendrá que plantearse la necesidad de la renovación espiritual colectiva, por cuanto está compuesta por creyentes individuales que están necesitados de esta renovación a escala personal.
     Un ejemplo iluminador lo encontramos en el caso de la iglesia de Éfeso. Plantada por el apóstol Pablo, esta iglesia floreció de forma muy hermosa en los primeros años de su existencia (Hch. 18:19-20:38; Efesios), aunque luego tuvo que luchar con graves problemas dentro de la congregación (1ª y 2ª Timoteo). El mensaje del Señor comunicado a aquella iglesia por medio del apóstol Juan hacia finales del primer siglo se expresó de la siguiente forma: "Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntate, y haz las obras que hiciste al principio; si no, vendré a ti y quitaré tu candelero de su lugar, si no te arrepientes" (Ap. 2:4-5).
     El Señor plantea en estas palabras la necesidad de una renovación espiritual profunda a nivel de toda la congregación para evitar la desaparición del testimonio. Para lograr esto, hacía falta renovar el primer amor, y su manifestación en un esfuerzo constante para glorificar a Dios y extender el testimonio (cp. 1ª Ts. 1:3).
     Para lograr esta revitalización de la iglesia local conforme a la voluntad de Dios expresada en su Palabra, muchas veces hará falta la renovación de las estructuras de la iglesia. Esto es lo que enseñaba el Señor Jesucristo al decir: "Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino romperá el odre, y se pierde el vino y también los odres; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos" (Mr. 2:22).
     La situación que dio lugar a estas palabras surgió cuando los fariseos criticaban a Jesús y a sus discípulos por no observar las normas del judaísmo tradicional sobre el ayuno. La respuesta de Jesús señala la imposibilidad de meter el nuevo vino del evangelio dentro de los odres viejos del judaísmo, porque la fuerza del evangelio haría saltar en pedazos aquellas viejas estructuras. El evangelio exigía un nuevo continente, la iglesia de Dios.
     Howard Snyder hace los siguientes comentarios sobre este pasaje: "¿Qué quiso decir Jesús?... Él distingue aquí entre algo esencial y primario (el vino) y algo secundario pero también necesario y útil (los odres). Los odres perderían su razón de ser sin el vino para el cual fueron fabricados. Esto es vital para la vida cotidiana de la iglesia. Hay aquello que es nuevo y potente y esencial: el evangelio de Jesucristo. Y hay aquello que es secundario, subsidiario, fabricado por los hombres. Estos son los odres, e incluyen tradiciones, estructuras y patrones de hacer las cosas que han surgido en torno al evangelio... Cada época conoce la tentación de olvidar que el evangelio es siempre nuevo. Intentamos meter el nuevo vino del evangelio en viejos odres: tradiciones desfasadas, filosofías obsoletas, instituciones arcaicas, costumbres viejas. Pero con el paso del tiempo los viejos odres comienzan a restringir el evangelio. Entonces tienen que romperse, y el poder del evangelio ha de derramarse por el mundo de nuevo. Muchas veces ha ocurrido esto en la historia de la iglesia... Dios tiene que destruir o abandonar los viejos odres para que el vino del evangelio pueda renovar el mundo del hombre una vez más" (***).

Timoteo Glasscock

Referencias:

(***) "New Wineskins", Howard A. Snyder, pp. 9-12.


Equipo ElAtrio.Net
Todos los derechos reservados

webmaster@ElAtrio.Net

Revisado el 8-12-2003
Optimizado para 800x600