ESTUDIOS BÍBLICOS

 Reflexiones > Estudios Bíblicos > La renovación de la Iglesia I
Siguiente

Publicado el 5 de Enero del 2000

La Renovación de la Iglesia:
Conceptos Básicos (I de IV)
El Concepto Bíblico de Renovación

A. LA RENOVACION BÍBLICA Y LA DOCTRINA APOSTÓLICA.
     Cuando consideramos el tema de la renovación espiritual de la iglesia, es importante que comprendamos que no estamos hablando de cambiar o renovar la doctrina bíblica. La enseñanza apostólica es de carácter permanente e inamovible. Es "la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos" (Judas 3). Es la palabra final de Dios para el hombre en todo lo que concierne nuestras creencias y nuestra conducta, y no está sujeta a ningún cambio ni variación. El Señor Jesucristo declaró: "El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán" (Mr. 13:31).
     En una situación marcada por la infiltración de doctrinas novedosas y falsas en las iglesias locales, el apóstol Juan escribió: "En cuanto a vosotros, que permanezca en vosotros lo que oísteis desde el principio. Si lo que oísteis desde el principio permanece en vosotros, vosotros también permaneceréis en el Hijo y en el Padre" (1ª Jn. 2:24).
     Frente a este énfasis tajante de la Palabra de Dios, encontramos las opiniones de teólogos modernos como Thomas Maurer, quien, hablando de "la premisa tradicional... de que una teología, para ser válida, ha de ser autentificada por algo escrito en alguna parte de la Biblia", pregunta: "¿Por qué no tenemos el valor y la franqueza para admitir que las actitudes y opiniones expresadas por esos antiguos escritores son completamente censurables y repugnantes?", para luego afirmar: "No veo ninguna validez en la pretensión de que algo que fue escrito hace dos o tres mil años tenga aplicabilidad en lo que se refiere a mi modo de vivir y pensar" (*).
     Comentando estas palabras, José Mª Martínez escribe: "Por el contrario, el cristiano que basa su fe en el testimonio apostólico, hondamente enraizado en la Escritura, reconoce, al igual que Cristo mismo, que el contenido bíblico es palabra de Dios. Si en la consideración de un tema cualquiera puede decirse, Escrito está', lo escrito adquiere para él un carácter normativo" (**).
     Al insistir en este punto, que al hablar de la renovación en la iglesia no nos estamos refiriendo a cambios o enseñanzas novedosas en el campo de la doctrina bíblica, debemos sin embargo hacer dos matizaciones.
     La primera tiene que ver con la enseñanza bíblica y la tradición humana. Lo que es inamovible es la enseñanza apostólica, la doctrina contenida en la Palabra de Dios, pero no las tradiciones humanas que tantas veces han surgido y siguen surgiendo en la cristiandad. El Señor Jesucristo denunció esta tendencia en el ambiente religioso de su tiempo, y hacemos bien en prestar atención a sus palabras: "Dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres... Astutamente violáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición" (Mr. 7:8,9).
     No es el hecho de que algo se ha enseñado durante muchos años en una congregación o un colectivo de congregaciones lo que le confiere una autoridad que le coloca más allá de cualquier revisión, sino el hecho de que tiene un claro respaldo en la Palabra de Dios. Sin este respaldo, ninguna tradición humana debe ser considerada como intocable e inamovible.
     La segunda matización se refiere a la presentación de la doctrina bíblica. Si bien la doctrina en sí tiene carácter permanente e invariable, no así con la forma en que se presenta a través de la evangelización y la predicación. El Señor Jesucristo mismo varió mucho su forma de enseñar según su auditorio. Su manera de acercarse a la samaritana y comunicarle el evangelio (Jn. 4:1-26) contrasta claramente con su forma de dialogar con Nicodemo (Jn. 3:1-21).
     La sociedad humana cambia constantemente en sus ideas y en su forma de comportarse, y esto es muy evidente en la transformación sufrida por las sociedades de los países occidentales en el presente siglo. Una comunicación eficaz del evangelio tendrá que tomar en cuenta esta realidad, y exigirá una revisión a fondo de los cauces tradicionales utilizados para comunicar el evangelio.

Timoteo Glasscock

Referencias:

(*) "Cuadernos de Ética y Pastoral: La Homosexualidad", José Mª Martínez (ed. Alianza Evangélica Española), p. 14.

(**) op. cit., p. 14.


Equipo ElAtrio.Net
Todos los derechos reservados

webmaster@ElAtrio.Net

Revisado el 8-12-2003
Optimizado para 800x600