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Publicado el 27 de Marzo del 2001
Estudio 4 del Libro de Josué
Escapando del Juicio Venidero
1. Unas consideraciones previas
Este pasaje nos invita a hacemos una
pregunta: ¿por qué aparece en un libro dedicado a seguir
los pasos de un santo varón, Josué, y del pueblo de Israel,
una historia dedicada a una mujer que no era israelita, sino cananea,
y además prostituta?
El libro de Josué nos plantea clara
e ineludiblemente el tema del juicio de Dios, y en términos que
suponen un problema serio para muchas personas: ¿cómo
reconciliar el retrato de un Dios guerrero, violento e inmisericorde
que tenemos en Josué, con la figura de un Dios de amor, compasión
y perdón del Nuevo Testamento?
Existen varios esfuerzos para intentar
explicar esta aparente contradicción:
a. Que el libro de Josué fue redactado
muchos siglos después de los sucesos que pretende describir,
y que de hecho no ocurrieron asi. Las historias de la conquista serian
leyendas, no hechos históricos. Este es un argumento inaceptable,
desde el punto de vista de las investigaciones arqueológicas.
b. Que estos sucesos ocurrieron realmente,
pero que reflejan un concepto muy primitivo de Dios, característico
del Israel de aquella época. Un concepto que hemos de desechar
a favor del concepto de un Dios de amor y perdón que aparece
en el Nuevo Testamento.
Nuestra convicción es que tanto
Josué y el Antiguo Testamento, como el Nuevo Testamento hablan
del mismo Dios, quien es:
a. Santo y justo, que no pasa por alto
el pecado, la iniquidad y la rebeldía, sino que juzga y condena
al culpable.
b. Compasivo y misericordioso, que provee
un camino de salvación del juicio para todo aquel que quiere
acogerse a esta oferta de perdón y reconciliación con
Dios.
La historia de Rahab ilustra esta interpretación
del carácter de de Dios. Desde el principio del libro de Josué
Dios hace constar:
a. La realidad del juicio contra el pecador
y el rebelde. Una verdad que es fundamental en el Nuevo Testamento (He.
9:27; Hch. 17:31,31; cp. Mt. 3 :7-10, 12).
b. La posibilidad de la salvación,
por medio de un único camino de liberación de la ira venidera,
que exige la sumisión a Dios y la confianza en sus promesas y
su provisión de salvación (cp. Jn. 14:6; Hch. 4:12; 1ª
Jn. 5:1,12).
2. Una conversión patente
2.1 Una conducta sorprendente (2:1-7)
Vemos en este pasaje cuál era la
misión de los espías y como entraron en contacto con Rahab,
así como las medidas que tomó el rey de Jericó
al saber de la presencia de los espías, con el fin de localizarlos
y eliminarlos (2,3).
Rahab reacciona escondiendo a los espías
israelitas y engañar a los soldados del rey (4-7). ¿Por
qué actuó de esta forma tan sorprendente, dando cobijo
a los enemigos de su pueblo, y traicionando y engañando a los
suyos? La contestación a este pregunta la tenemos en su conversación
con los espías.
2.2 Unas convicciones sólidas (2:8-11)
Ella había escuchado las noticias
acerca del pueblo de Dios y de sus victorias (10).
Su reacción, como la de todos los habitantes de Jericó,
ante esta noticia,había sido de temor (9) y la convicción
de que Dios había entregado la tierra a Israel (9a).
Al predicar el evangelio, es muy importante
subrayar el carácter santo de Dios como fuego consumidor. La
condición caída del hombre como pecador, y la realidad
y la certeza del juicio; temor frente a estas verdades es una reacción
muy saludable (a Rahab le condujo a la Salvación).
Además de temor, Rahab había
llegado a la convicción firme de que el Dios de Israel era el
Soberano Señor de cielos y tierra (11), y así confiesa
su fe a los espías.
3. Un compromiso salvífico (2:12-21)
Ella pide misericordia y salvación
del juicio venidero (12-13).
Los espías, actuando como portavoces
de Josué, le aseguran de que, si de verdad ha dejado su pueblo
(el mundo) para unirse a Israel (el pueblo de Dios), su vida será
perdonada, y ella y su familia serán salvos (14). Cuando, como
embajadores de Cristo, predicamos el evangelio, a los que responden
a Cristo con sumisión y fe les podemos garantizar la salvación
con el compromiso expresado por Jesús, nuestro Josué (Jn.
5:24).
Los espías exigen que este compromiso
ha de ser visible (17-21), una toma de postura evidente ante todos,
que le distinguiera de los demás habitantes de Jericó
(cp 2ª Ti. 2:14).
Además Rahab fue justificada no
sólo por su fe, sino por sus obras (Stg. 2:25), en el sentido
que demostró la realidad de una fe vida, verdadera y vital escondiendo
a los espías.
La gran lección de este capítulo
es que el Dios santo habla claramente de su juicio contra los rebeldes
e impenitentes, pero indica también que hay un camino de salvación
de la ira venidera, por medio de la fe en Jesucristo el Salvador, una
fe que demuestra su autenticidad por medio de las obras que produce
(1ª Ts. 1:9-10).
Timoteo Glasscock

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