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Publicado el 1 de Diciembre del 2000
La Autoridad de la Biblia (IV de IV):
La Autoridad de las Escrituras
¿Dónde se encuentra la autoridad última a
la que el creyente ha de apelar en asuntos de la fe cristiana? Tres
son las opciones principales que se suelen presentar, a las que añadiremos
una cuarta.
1) La razón. Esta es la postura asumida por los teólogos llamados "liberales".
Por encima de las Escrituras está la razón humana, con derecho a juzgar
el contenido de la palabra para encontrar errores, discrepancias y defectos,
y pronunciar sobre lo que realmente es palabra de Dios y lo que no lo
es. De esta forma, muchos teólogos modernos niegan el reconocimiento
de revelación infalible a la Palabra, acusan a la Biblia de tener muchos
errores, y rehusan someterse a su autoridad.
Pero la razón humana no puede actuar como fuente
final de autoridad debido a su corrupción por el pecado. La mente humana
es finita, muy limitada y en absoluto fiable. La arqueología se ha encargado
de desmontar muchas de las teorías de los teólogos liberales, demostrando
la veracidad de los relatos bíblicos frente a las acusaciones de error.
Por otro lado, utilizar la razón como corte suprema de apelación sólo
siembra la confusión, por ser un criterio totalmente subjetivo. ¿Cómo
distinguir la verdad entre la multitud de teorías propuestas por distintos
teólogos?
Por supuesto que el creyente utilizará al máximo
su mente y su inteligencia al acercarse a las Escrituras, esforzándose
para comprender la revelación de Dios, y lo hará para la gloria de Dios.
Pero nunca debe pretender que su inteligencia es más fiable que la palabra
inspirada.
2) La Iglesia. Ésta es la posición de la iglesia romana
y de la ortodoxa. "En la iglesia romana, la griega (ortodoxa) y
otras iglesias antiguas, la Biblia constituye juntamente con la tradición
viva de la iglesia la autoridad última. En las iglesias de la Reforma,
la sola Biblia es el tribunal supremo de apelación en asuntos de doctrina
y práctica" (Bruce).
Aunque en teoría se reconoce la autoridad de
la Palabra de Dios, se da mayor autoridad a la tradición eclesial, que
muchas veces se utiliza incluso para invalidar las enseñanzas de la
Palabra. Se argumenta (I) que la iglesia precedió al Nuevo Testamento,
y que por lo tanto tiene una autoridad superior; (II) que la tradición
de la iglesia suplementa la Escritura, que es incompleta sin estas adiciones.
La respuesta evangélica a estos argumentos
sería: (i) que fue la Palabra de Dios, primeramente predicada y luego
escrita, la que dio origen a la iglesia, y no viceversa; (ii) que el
Señor criticó severamente la tendencia judía a añadir tradiciones humanas
a la revelación divina, con el resultado de invalidar el mandamiento
de Dios para guardar esta tradición (Mr. 7:5-13). Debemos a todo costo
evitar caer en el mismo error. Ninguna declaración doctrinal ni práctica
religiosa puede ser válida si está en clara oposición a las Escrituras.
3) La Biblia. Esta es la posición evangélica, e históricamente
la de las iglesias reformadas, resumida en el Artículo VI de la Iglesia
de Inglaterra: "Las Sagradas Escrituras contienen todo lo necesario
para la salvación; de modo que no ha de requerirse de ningún hombre
que crea como artículo de fe lo que no se halla en ellas, ni sea probado
por las mismas". La Confesión de Fe de Westminster reconoce la
lista de los 39 libros del A.T. y los 27 del N.T. como "todos...
dados por inspiración de Dios para ser la regla de fe y de vida.'
Dice Hammond enfáticamente: "La afirmación
de la supremacía de las Sagradas Escrituras, en todo el sentido de la
palabra, forma parte de la esencia misma de la posición evangélica..,
no hay palabras suficientes para destacar la importancia de acatar,
más allá de toda duda, la autoridad irreemplazable de las Sagradas Escrituras
en todo lo que atañe a la religión, ya se trate de la doctrina o de
la práctica."
4) La experiencia. En ciertos círculos evangélicos hoy
en día existe una tendencia a dar más importancia e. experiencias en
la vida cristiana que a las enseñanzas de la Palabra de Dios, de manera
que la exposición de la Palabra queda relegada a un lugar de poquísima
importancia. Aunque en teoría no se niega la importancia de la Palabra
como autoridad final, en la práctica se la margine de forma nefasta.
Es importante aquí recordar (i) que las experiencias han de interpretarse
a la luz de las enseñanzas de la Palabra, y no viceversa; (ii) que es
de vital importancia en la iglesia local dar prioridad a la exposición
de la Palabra de Dios, para que ésta llegue en la práctica a desarrollar
su función como guía suprema en todos los aspectos de la vida cristiana.
"Siendo renacidos, no de simiente corruptible
sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para
siempre. Porque: toda carne es como hierba, y toda la gloria
del hombre como flor de la hierba: la hierba se seca, y la flor
se cae: mas la palabra del Señor permanece para
siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada"
(1 P. 1:23-25).
"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado,
como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra
de verdad" (2 Ti. 2:15).
Timoteo Glasscock
Bibliografía de Consulta:
J. Grau, "Introducción a la Teología" (CLIE).
J. Grau, "El Fundamento ApostóLico' (EEE).
T.C.Hammond, "Cómo Comprender la Doctrina Cristiana" (Certeza)
A. Kirk, "Así Confesamos la Fe Cristiana" (La Aurora).
J.M. Martínez, "La Biblia Dice..." (CLIE).
L. Morris, "Creo en la Revelación" (Caribe).
C.C. Ryrie, "Síntesis de Doctrina Bíblica" (Portavoz).
E. Trenchard, "Estudios de Doctrina Bíblica" (Portavoz).
P.W. Comfort, 'The Origin of the Bible" (Tyndale House).

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