ESTUDIOS BÍBLICOS

 Reflexiones > Estudios Bíblicos > La autoridad de la Biblia III, por Timoteo Glasscock
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Publicado el 1 de Diciembre del 2000

La Autoridad de la Biblia (III de IV):
El canon de las Escrituras

A. El problema de canonicidad.

     Habiendo comentado la inspiración de la Palabra de Dios, nos toca ahora preguntarnos: ¿cuáles libros comparten esta inspiración? ¿Cómo podemos estar seguros que los libros que están en nuestras Biblias, todos ellos pero ninguno más, son los que Dios ha inspirado? ¿Qué decir de los libros apócrifos?

     Para que nos demos cuenta de la dimensión del problema, decir que en los primeros siglos de la existencia de la Iglesia cristiana surgieron una multitud de libros religiosos afirmando ser inspirados por Dios. Conocemos a 17 evangelios apócrifos (hablo solamente de los principales), incluyendo el Evangelio de Bartolomé, el Evangelio según los Hebreos, la historia de José el Carpintero, el Evangelio de Matías, el Evangelio de los Nazarenos y los Evangelios de Pedro, de Felipe y de Tomas. Hay hasta 27 libros apócrifos de los Hechos, incluyendo los de Juan, Pablo, Pedro, Andrés y Tomás, y hasta los Hechos de Pilato (!). Una multitud de obras apócrifas se clasifican como epístolas; unos pocos de los más importantes son Abgarus y las Cartas de Cristo, la Epístola de los Apóstoles, la Epístola de Bernabé, Tercera Corintios, la Epístola a los Laodiceos, la Epístola de Léntulo, las Epístolas de Pablo y Séneca y la Epístola. de Tito.

     ¿Cómo distinguieron los creyentes de los primeros siglos entre obras genuinamente apostólicos y este montón de libros espurios?

B. El significado de "canon"

     El término griego kanon significa "regla" o "vara de medir". En relación con la Biblia indica la lista de libros que llegaron a considerarse como inspirados y autoritativos, incluyéndose por lo tanto en la colección de libros reconocidos como Palabra de Dios, es decir, la Biblia. Todo libro reconocido como inspirado se considera también de forma automática como canónico.

     Ciertos libros que pretendían ser incluidos en el canon de las Escrituras, y que sin embargo fueron rechazados por no aportar evidencias indisputables de ser libros inspirados por Dios son denominados "deuterocanónicos" o "apócrifos". Por razones que explicaremos más adelante, algunos libros apócrifos son incluidos en las versiones católicas de la Biblia, pero no encuentran lugar en las versiones protestantes.

C. La historia del canon.

     (1) El Antiguo Testamento. No sabemos los detalles de cómo se llegó finalmente a establecer el canon del A.T. en el pueblo judío. Debemos tener en cuenta los siguientes puntos:

a. Muy pronto en la historia de Israel ciertos escritos fueron aceptados como teniendo autoridad divina y por lo tanto normativos para la fe y la conducta del pueblo de Dios (Ex. 24:7; 2 R. 22-23; Neh. 8:9,14-17). En estos casos, los escritos en cuestión seguramente consistían en el Pentateuco.

b. La autoridad profética fue generalmente reconocida en Israel, y directa o indirectamente esta autoridad se halla detrás de los libros canónicos.

c. En la época del Señor Jesucristo se reconocían, como hemos visto ya, tres divisiones de la Biblia hebrea, la Ley, los Profetas y los Escritos. La actitud del Señor hacia las Escrituras hebreas, utilizándolas como guía infalible para su propia vida y ministerio y exigiendo de sus discípulos el mismo respeto (Mt. 4:4,7,10; 5:17-19; Jn. 4:22; 10:35; Lc. 22:37), es determinante para nosotros. Sin embargo, nunca citó los libros apócrifos.

d. En el Nuevo Testamento se hallan citas de todos los libros del A.T. con excepción de cuatro.

e. Aunque los samaritanos rechazaron todos los libros del A.T. menos el Pentateuco, y algunos rabinos discutían, en base a evidencias internas, la canonicidad de cinco libros (Ezequiel, Proverbios, Cantares, Eclesiastés y Ester), el canon de la Biblia hebrea, que es idéntica al que utilizan las Biblias protestantes, quedó establecida muy claramente en el pueblo judío. Josefo, el historiador judío, confirma la lista canónica hebrea en el 95 d. C.

f. No fue hasta la traducción de la Septuaginta que los libros apócrifos (Tobías, Judit, Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, Carta de Jeremías y partes del libro de Daniel) fueron incluidos en esta versión griega del A.T. Este hecho produjo una controversia sobre su reconocimiento como inspirados, que duró hasta la Reforma, cuando la iglesia romana insistió en la inclusión de estos libros en el A.T. en pie de igualdad con los demás, mientras que las iglesias reformadas se adherían al canon hebreo y rechazaron los apócrifos como libros no inspirados, aunque alguna los consideraba como lectura edificante (p. ej. la iglesia anglicana).

2) El Nuevo Testamento. Hammond ("Como Comprender la Doctrina Cristiana") establece cinco pasos en el proceso de formación del canon del N.T.:

a. Las palabras del Señor fueron consideradas absolutamente autorizadas desde el momento de su primer ministerio público.

b. Los relatos de quienes lo escucharon fueron considerados como teniendo igual autoridad.

c. Las cartas de los apóstoles recibieron consideración como autoritativas en el mismo nivel que su ministerio público (cp. Jn. 16:13,14).

d. Surgió un proceso de intercambio de estas cartas entre iglesias vecinas.

e. La desaparición de los apóstoles dio lugar a la circulación de imitaciones de sus escritos, y surgió el problema de definir los escritos genuinamente apostólicos.

     El establecimiento definitivo del canon del N.T. necesitó un período de unos 300 años:

a- Los libros del N.T. se escribieron entre 50-100 d.C.

b. Su recopilación y lectura en las iglesias ocurrió entre 100-200 d.C. Al final del sig. II, Ireneo ya redactó una lista de libros canónicos que a todos los efectos es igual a la de nuestro Nuevo Testamento.

c. El proceso de examen y comparación con las imitaciones siguió realizándose durante el período del 200-300 d.C.

d. Se llegó a un consenso total sobre los libros canónicos entre 300-400 d.C. En este período los libros del N.T. fueron clasificados como (i) homologoumena (libros aceptados por todas las iglesias sin excepción; Apocalipsis y Hebreos produjeron alguna reticencia) o (ii) antilegomena (libros que recibieron la oposición de algunos, pero que fueron aceptados por la gran mayoría: Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 Juan y Judas).

D. Los principios de canonicidad.

     ¿Cómo se determinaba el carácter canónico de un libro? Podemos hablar de tres factores principales.

1) La autoridad de los escritores en la iglesia. Los libros aceptados como canónicos fueron escritos por personas reconocidas como señaladas por Dios para revelar su voluntad (legisladores y profetas en el A.T.; apóstoles y sus colaboradores inmediatos en e]. N.T.). Los libros fueron recibidos por las iglesias de la época apostólica al ser certificados por un apóstol como divinamente inspirados (cp. 1 Ts. 5:27; 1 Co. 14:37; Col. 4:16; 1 Ti. 5:8; Ap. 1:3).

2) Evidencias externas. Sobre todo el consenso de las iglesias existentes en cuanto a su valor histórico. Debido a la falta de conocimientos sobre su origen, unos pocos libros fueron temporalmente puestos en duda por una minoría en la iglesia. Cuando estas dudas se disiparon, fueron aceptados por unanimidad. En ningún caso un libro puesto en tela de duda por un grupo numeroso de iglesias fue aceptado.

3) Evidencias internas. El contenido de los libros, contemplado desde la perspectiva de la enseñanza apostólica reconocida en las iglesias, fue también determinante. Coincidencia con la doctrina sana ya conocida impulsaba el reconocimiento; contradicción era un obstáculo insalvable. "La realidad de esta evidencia interna podrá ser fácilmente apreciada por quienes comparen los libros apócrifos -especialmente los del N.T.- con los escritos sagrados" (Hammond, cp. 1 Ts. 2:13).

Timoteo Glasscock


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