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Publicado el 20 de Abril del 2001
La Renovación en la Oración (II de
VI)
La adoración hace llorar a Dios
Adoración: Las lágrimas de Dios fluyen
como una cascada por sus mejillas.
Adoración: Parece ser la excusa para todo en estos días
-- evangelismo, crecimiento de la iglesia, modificación social,
etc., etc.
¡La adoración se ha vuelto tan complicada! Dios suspira
y derrama otra lágrima.
E1 problema de la adoración no es nuevo. En realidad, los problemas
con los que tropezamos hoy son tan antiguos como la Biblia misma. La
advertencia de Dios no ha cambiado en absoluto.
"[..] Oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley
de nuestro Dios ¿Para qué me sirve, dice Jehová,
la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de
cameros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni
de ovejas, ni de machos cabríos... No me traigáis más
vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día
de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad
vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas
solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy
de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé
de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración,
yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos
y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis
ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio,
restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a
la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros
pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos
[..]" Isaías 1
Dios odia la adoración: aquella que no es más
que forma y tradición que no tiene vida. Dios aborrece que tomemos
la adoración como un juego. Y que su Palabra no signifique nada
en nuestra vida. Y más aún que nuestro corazón
esté completamente frío en su presencia, y más
tarde nos presentemos ante los demás como piadosos y verdaderos
adoradores. Dios odia nuestra adoración. El llama adulterio espiritual
a nuestras formas y tradiciones sin vida, ¡pecado!
Dios ama a los adoradores.
Las Escrituras describen a Dios como nuestro novio y esposo: alguien
que nos ama ardientemente. Nosotros adoramos a Dios porque estamos locamente
enamorados de Él. No lo podemos remediar. Se nos escapa de la
boca -en cada conversación, en cada pensamiento. Dios ama el
oír el sonido de adoradores que expresan su amor. Para Él,
los sonidos surgidos del corazón de un verdadero adorador son
un incienso aromático, un sacrificio de alabanza (Hebreos 13:10).
Jaime Fernández

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