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Publicado el 20 de Abril del 2001

La Renovación en la Oración (I de VI)
Situaciones

¡Imposible!

José. Era un chico ateo. Jamás pisó una iglesia. Y mucho más que esto, no permitía que ninguno de sus amigos le hablase de Dios. Era el perfecto ejemplo de lo que un padre jamás hubiera querido ver en su hijo. Sus compañeros de clase creyentes frieron siempre el objeto de sus burlas. Ahora, es muy fácil encontrarlo con sus amigos hablando del fruto del Espíritu.

Luis. Durante muchos años escuchó a los mejores enseñadores evangelistas y teólogos de nuestro país. Sus padres frieron siempre gente que amaba al Señor… pero jamás se comprometió con el evangelio y asistir a la iglesia no era precisamente su deporte favorito. Nadie pudo llegar a su corazón. En pocos meses ha ganado más almas para Cristo que muchos de nosotros.

Carlos. El mayor ejemplo de agnóstico de toda la ciudad. Sus palabras hirientes y blasfemas creaban época.
Cuando le obligaban a ir a la iglesia lo único que permanecía en aquel lugar era su cuerpo. Jamás quiso entender
una sola palabra del evangelio. Si lo encuentras ahora lo primero que te dirá es lo que ha aprendido en el último estudio bíblico.

Cuando hablabas de estas personas con dirigentes y pastores de las iglesias, todos decían que su salvación era prácticamente IMPOSIBLE.
¿Qué ocurrió? ¿Quién hizo el milagro?

¡Y estalló la guerra!

Enrique y Tomás. Dos de los siervos escogidos de Dios, frente a frente, chillando, acusando, ¡casi pegándose! El inusitado "ring" era una iglesia… una iglesia muy buena, sólida, predicadora de la Palabra. ¡Los dos eran ancianos! El tema era el estilo de música presente en el culto de adoración por la mañana. Justamente acababan de salir de expresar su amor al Señor y alabar juntos Su nombre, y ahora estaban peleándose.
Dos meses después, Enrique confesó tener una amante; Tomás marchó de la iglesia con una fuerte raíz de amargura.

Elena tenía una voz preciosa que llegaba al corazón. Podía conducir a multitudes enteras a la presencia de Dios. Al salir de la iglesia aquella mañana se paró para saludarme. Pero, en vez de un saludo agradable, lanzó una descarga de insultos. La acusación se basaba en el hecho de que no le gustaba ningún tipo de organización en el culto de comunión. Como pastor yo estaba estorbando al Espíritu Santo al imponer a la congregación mi esquema organizativo. Yo no tenía ningún derecho a dictar la forma en que el pueblo de Dios debía adorar. Realmente la cuestión era que yo le había limitado el tiempo que iba a hablar antes de cantar un solo, para facilitar la progresión del culto. En su opinión la verdadera adoración no podía tener lugar dentro de límites o restricciones impuestas humanamente. Hoy está bajo tratamiento psiquiátrico.

Antonio se levantó lentamente de su asiento. Nuestro tiempo de adoración había sido especial aquella mañana y yo estaba deseando tomar el pan y el vino en la presencia del Señor. Era un querido santo, amado y respetado, pero estaba envejeciendo. Comenzó su discurso con un pasaje bíblico poco claro y sacado de su contexto. Saltó de los versículos a un monólogo condenando cualquier problema que el mundo haya podido llegar a conocer. Su discurso político arengó los males del momento personificándolos en los políticos. Antes de que acabase, todos habíamos comprendido cada faceta de sus propias tendencias y opiniones personales. Concluyó con la bendición acostumbrada: "Que el Señor bendiga Su santa palabra". La congregación susurró su respuesta tradicional, "Amén".

Aunque parezca mentira, todos estos ejemplos tienen que ver con la adoración. Hemos cambiado los nombres para que nadie pudiese identificar los hechos en un lugar concreto, pero son historias reales. El milagro que hizo cambiar la vida de los tres primeros fue algo tan sencillo como encontrarse en la presencia de Dios. Luis lo definió perfectamente cuando dijo, "ES LA PRIMERA VEZ QUE PUEDO HABLAR CON DIOS EN TODA MI VIDA." Así es la adoración bíblica.
¿Los otros ejemplos? ¿Qué? Muchos tienen el deseo sincero de trabajar para Dios, pero toda su visión queda reducida a formas y costumbres externas. Y todos sabemos que donde no hay corazón, el conocimiento acaba matando.

¿Qué le ha sucedido a la adoración? Tenemos más libros y seminarios acerca del tema que nunca antes. Tenemos grandes iglesias con coros, solistas estupendos y toda una industria mercantil de casetes y compactos de adoración.

¿Por qué aún nos peleamos con la adoración? ¿Por qué el culto de adoración es un punto tal de conflicto hoy? ¿Qué pasa? ¿Es esta generación? ¿Hemos perdido algo de lo que una vez tuvo la iglesia primitiva? ¿Por qué la adoración es tan dificil y controvertida?

Jaime Fernández


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