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Publicado el 27 de Marzo del 2001
El Libro de Nahum (VII de X)
El Juicio Expresado (cap.3)
El tercer capítulo
de Nahum nos continua hablando de aquel juicio que se había presentado
en el primer capítulo, aquel juicio que en el segundo capítulo
se presenta en su realidad, pero en el tercer capitulo se nos presenta
como este juicio se lleva a cabo en la experiencia de los ninivitas.
La ejecución del juicio divino ahoga cualquier
atisbo de esperanza. Dios ha determinado su sentencia, y aquí
se presenta el inevitable juicio sobre Nínive. Pero uno de los
énfasis principales que encontramos en este capitulo, es la afirmación
de que el juicio divino no es el resultado de la caprichosa voluntad
de Dios; sino que el juicio que Dios ejecuta es el resultado de las
actitudes y la conducta de una humanidad que no ha hecho caso de la
atenta y compasiva invitación de Dios ha aprovechar su misericordia.
Es por ello que en este capítulo, el
profeta invita a Nínive a alzar sus ojos para que a la luz de
los acontecimientos de la historia, y lo que ocurrió en Tebas,
los ninivitas puedan dar su última respuesta a la invitación
de solución por Dios extendida. Si no hacen caso, el juicio será
ejecutado en toda su crudeza, por ello el final de la profecía
es una nueva invitación a la reflexión personal de un
pueblo humillado al reconocer su pecado. Pero lo triste es que Nínive
no atendió a la invitación de Dios.
A. La naturaleza del juicio (1-7)
La primera sección que encontramos en este capítulo nos
lleva a considerar la naturaleza del juicio que Dios está dictando
sobre la tierra. Una invitación a considerar la forma en la cual
Dios efectuará su juicio, así como las causas que impulsan
a Dios a tener que tomar esta medida de juicio. y qué producirá
en la tierra el paso del heridor (2:1).
El juicio de Dios es real, era la reflexión
del capítulo anterior, pero además es tremendamente severo.
Esta muy bien podría ser la reflexión de esta sección.
Notamos como la solemnidad de este libro, alcanza su clímax en
este capítulo, en el cual ya no queda lugar para notas de esperanza.
En los dos capítulos anteriores veíamos varios textos
que nos hacían pensar en la bondad de Dios para con aquellos
que confían en él (1:7; 12-13: 15; 2:2); pero en este
capítulo, aunque indirectamente podemos notar las bendiciones
que el juicio sobre Nínive traerá a la tierra de Judá,
no encontramos estas ideas directas, que eran las pinceladas de contraste
y esperanza; lo cual nos lleva a pensar que el juicio de Dios agota
toda la esperanza de la presente humanidad. Hay un momento en el cual
el hombre sin Dios, aquel que se ha empeñado en enfrentarse ante
Jehová de los ejércitos, que al igual que ocurriera con
Faraón, tendrá el corazón tan endurecido que no
habrá ocasión para rectificar su condición. Nínive
se encontraba en este punto, ya había dado la espalda de una
forma definitiva a todo cuanto Dios le quería ofrecer, y por
ello ahora solo le quedaba sufrir el juicio de Dios en su tierra y experiencia.
a. Su motivo
Al considerar las referencias que estos textos nos hacen acerca de la
forma en que se comportó Nínive, podemos llegar a la conclusión
de que son dos las causas que impulsaron a Dios a derramar su ira de
forma tan inminente sobre esta ciudad:
1. La conducta moral de Nínive
ante las naciones que la rodeaban (1). Ciudad sanguinaria, ciudad llena
de mentira, ciudad llena de pillaje, ciudad donde nunca cesa la rapiña.
Se nota tras estas calificaciones del comportamiento de esta ciudad
la poca moralidad, el poco respeto a unos mínimos de conducta
y ética, el poco respeto a la vida y a la persona. El egoísmo
era una de las características esenciales de una ciudad preocupada
por tener y atesorar, sin respetar para nada al prójimo. El afán
del poder. el deseo de dominar a todos los vecinos de alrededor, revelan
una nueva actitud del comportamiento de esta ciudad. El orgullo por
querer mantener un nombre y una fama, por hacerse un nombre en medio
de las naciones, un nombre que atemorizase, un nombre que trajese el
terror y sirviese para satisfacer el ego humano.
La conducta moral de Nínive
no es tan distinta de la conducta de la sociedad en medio de la cual
nos toca vivir en el presente. Una sociedad donde el afán por
el poder, y por el poseer dominan en todas las áreas de la vida,
llevando al hombre en un constante declive. El "yo" es lo
primero, el hombre luchando por encumbrarse a si mismo, sin importar
los que esto suponga en daño para los demás. El aviso
del profeta Nahum para esta sociedad es evidente, Dios juzgará
las conductas de una humanidad que no valora aquello que Dios ha creado
con un gran valor y por quien Dios ha llegado a entregar a su único
Hijo para redimir.
Pero ¿es la conducta
moral de la iglesia diferente?. Los creyentes ¿hemos aprendido
la humildad y sencillez del Señor, hemos aprendido a entregarnos
en el servicio de los demás o seguimos llenos de ambiciones y
pretensiones personales que nos llevan a seguir los mismos parámetros
de comportamiento de la presente sociedad? Creo que tristemente estamos
más cerca de asimilar los patrones del mundo que de imitar el
modelo de Cristo. No podemos pasar tampoco nosotros por alto la advertencia
de que el Señor juzgará estas actitudes.
2. La conducta espiritual
de Nínive en relación con Jehová de los ejércitos
(4) Las muchas prostituciones de la ramera, la encantadora, la maestra
de hechizos, la que seduce a las naciones. Hay varios calificativos
referentes a Nínive que nos presentan bien a las claras cual
era la condición en la cual esta ciudad había caído
en cuanto a su relación con Dios. Poco tiempo atrás, en
tiempo de Jonás, esta ciudad se habla rendido a los pies de Dios
en busca de su protección ante el juicio que se avecinaba sobre
ella. Ahora, tiempo después, el Señor se refiere a Nínive
como ramera, aquella que ha dado la espalda a Dios para buscar la relación
con otros dioses creados por ellos. Buscando prosperidad, buscando su
propio rumbo y no someterse a las demandas de Dios, cayeron en lo triste
de una conducta llena de prostituciones. Destaca que no le llama el
Señor la adúltera, sino ramera, pues en el fondo de su
desvarío están los fines lucrativos, está el buscar
el beneficio propio, el llenar sus arcas y tesoros a cuenta de los que
aceptaban sus ideales...
Pero el concepto que destaca del
fondo de toda esta idea es la entrega absoluta de la vida a otros poderes
o dioses, dejando al margen los valores absolutos de Dios. Esta idea
nos hace pensar en la ingratitud del hombre ante la misericordia de
Dios, cuando Dios hace todo en favor de la humanidad, llegando a entregar
a su propio Hijo, pero el hombre lejos de entregarse, le da la espalda
y rechaza la oferta de amor y misericordia de Dios.
"El gran mal del hombre
de hoy es la ingratitud", esta era la expresión que salía
de los labios de un hombre ateo. Estoy totalmente de acuerdo con esta
expresión, pero añadiría que este mal se hace mucho
más evidente en cuanto a la relación del hombre con Dios.
Cuanta tristeza causa el pensar en creyentes que piensan en cuanto les
cuesta seguir a Cristo y terminan con la coletilla de costumbre: "Pero
como la salvación no se pierde". Queremos las bendiciones,
pero nos duele el compromiso: y este compromiso, no es más que
un ejercicio de gratitud hacia aquel que ha hecho tanto para con nosotros.
b. Su forma
En segundo lugar, al considerar estos
textos, notamos también algo acerca del cómo o la forma
en la cual este juicio se llevará a cabo. Los vv. 2 y 3 presentan
una sucesión de eventos que empiezan con los látigos y
concluyen con las lanzas. Siempre el castigo presente, pero desde su
menor expresión hasta la crueldad completa de un juicio severo.
Los látigos nos hablan de la disciplina
de Dios, por medio de serias advertencias, como una invitación
final al arrepentimiento, así como también un primer proceso
de debilitamiento en las facultades del hombre o mujer rebelde.
El ruido de las ruedas, el galopar de los caballos
y el saltar de los carros; son figuras del sonido que advierte que el
juicio de Dios está ahí. La advertencia final para que
el hombre se esconda o escape de un juicio evidente. Ya no son las palabras
del profeta, ya no son los ruidos leves de la lejanía, ahora
es la realidad de un ejército evidente para cualquiera que se
pare a escuchar. El juicio que está aquí debilita todas
las fuentes de confianza; pues los caballos y los carros eran la evidencia
de un ejército poderoso, de un ejército que no es posible
derrotar.
Pero la tercera imagen que nos presentan estos
textos es la imagen del juicio en su ejecución. El poder de Dios
derramado en su ira sobre las plazas de las calles; la espada de Dios,
el instrumento de la sentencia del juicio ya dictaminado brillando,
evidencia de estar desenvainada; la lanza principio de la desolación
que el juicio de Dios produce en la tierra está preparada para
la batalla. Ya no hay vuelta de hoja, ya no hay marcha atrás,
habéis provocado a ira al Dios de los ejércitos, y eso
tiene consecuencias eternas.
El juicio de Dios llega. Se hace oír
aun en nuestros días por medio de la palabra de Dios; pero también
por medio de los eventos que vemos surgir en nuestro derredor, eventos
que revelan como los caballos y los carros del juicio de Dios se están
acercando. Nínive no hizo caso de la advertencia de un juicio
inminente. Mucha gente en nuestra sociedad tampoco: pero nosotros, el
pueblo de Dios ¿estamos preparados para la llegada del día
del Señor?
c. Sus efectos
En tercer lugar, la idea que encontramos
de este pasaje, tiene que ver con el resultado del paso del ejército
de Jehová sobre la tierra expuesta al juicio de Dios. Desde luego
que su paso es evidente. Hay dos efectos fundamentales que se desprenden
de este pasaje:
1. La ruina nacional. La
primera consecuencia del juicio de Dios es la ruina en medio de toda
la nación. Muerte y herida en las vidas de aquellos que se enorgullecían
de su gran poder en medio de las naciones. El juicio de Dios deja marca
indeleble en la historia de la humanidad, con una herida que no puede
ser curada, con una muerte que destina al hombre a toda una eternidad
de soledad, enajenado de Dios.
2. La vergüenza nacional.
La segunda consecuencia del juicio de Dios, provoca la vergüenza
de aquellos que se enorgullecían, por que descubre a los ojos
de todos los hombres la realidad de la vida, la realidad de la conducta,
la realidad de los miedos y de todo aquello que el hombre quería
esconder de los demás, pues, eran los síntomas de su propia
debilidad, la realidad de la vanidad humana.
o Dios avergüenza
la arrogancia, al descubrir lo vergonzoso de la conducta de los ninivitas
(5).
o Dios humilla la altivez
al poner al hombre orgulloso y arrogante a la misma altura del estiércol
(6).
o Dios expone el resultado
de su juicio, para que los hombres, al considerar el fin de los ninivitas
reflexionen sobre el poder de Dios y las consecuencias del pecado (7).
La altivez y la arrogancia,
el poderlo y la autosuficiencia humanas, rendidos ante el estrado de
los pies de Dios, Cuanta tristeza el pensar en los efectos del justo
juicio de Dios que producen la ruina más tremenda en la vida
del hombre. Cuanta tristeza al pensar en tantas personas a nuestro alrededor
expuestas ante esta misma ruina eterna. Cuanto gozo, al considerar el
milagro que Dios ha obrado en algunos que no siendo mejores que nadie,
sino que siendo lo pobre, lo vil y lo menospreciado, Él, en su
infinita misericordia, nos rescató y nos cobija de la ira que
vendrá. ¿Estamos siendo realmente agradecidos ante tan
gran privilegio?
Eduardo Carnero

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