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Publicado el 27 de Marzo del 2001
El Libro de Nahum (VI de X)
El Juicio Expresado (cap.2)
C. El juicio: Una realidad desoladora (8-13)
La tercera idea que encontramos en este
pasaje acerca de este juicio que es real, se refiere a las consecuencias
que el juicio de Dios trae para la vida del individuo que está
expuesto ante el mismo. Destrucción y desolación para
una tierra que se ha rebelado contra el Señor todopoderoso. El
v. 7 nos habla de deportación y despojo; el v. 8 nos habla de
huida y abandono; el v. 9 nos habla de rapiña; el v. 10 nos habla
de vaciedad, desolación y desertización, miedo y angustia.
Los efectos del juicio de Dios que producen en el hombre desolación,
llevándole a la más profunda soledad, y aridez en su vida,
a una condición de fracaso, en donde la derrota se hace evidente.
El juicio del Señor va agotando y derrumbando
paso a paso todas las fuentes de confianza del hombre que se ha rebelado
contra Dios; poco a poco todo cuanto tiene importancia va desapareciendo.
'...los bienes, vida, honor, los hijos, la mujer..., todo ha de perecer
". Que verdad tan inmensa la que revela el poeta del himno Castillo
Fuerte, no hay nada sobre la faz de la tierra que pueda permanecer
ante la realidad del severo juicio de Dios. Es por ello que ante la
realidad de este juicio el Señor advierte a Nínive, a
Judá y por extensión a todos los hombres de que Él
abatirá toda fuente de apoyo en busca de la confianza, toda fuente
de seguridad y estabilidad, y toda fuente de poder, para concluir este
pasaje con una advertencia solemne ante tan estremecedora realidad de
juicio.
a. Una confianza abatida:
Las posesiones (8-9)
La primera caída ante la realidad del juicio de Dios la representan
las posesiones: "...no hay fin de las riquezas y suntuosidad de
toda clase de efectos codiciables." (9). Nínive era una
ciudad, como decíamos en la introducción, tremendamente
rica, debido al prominente comercio que ella mantenía con todo
el mundo; pero también debido al pillaje a que habían
sometido a todas las naciones del entorno. Es a esta ciudad preocupada
por atesorar y engrosar sus arcas que el Señor se dirige para
afirmar que esto no tiene ningún valor ante la realidad del juicio
que viene. ¿Qué importancia puede tener la mayor de las
fortunas cuando es el Dios del universo quien derrama su juicio severo?
Realmente no es tan distinta esta situación
de la situación de la sociedad contemporánea. Una sociedad
tremendamente materialista, donde la calidad del individuo se ve por
las posesiones o posiciones que ocupa, donde los ciudadanos y los países
se clasifican por grupos o clases en relación con las posesiones
que tengan. No importa como seas, lo que importa es lo que tengas, es
el dicho de una sociedad entregada a la avaricia y la rapiña,
con los medios más sofisticados, y llamándosele de otras
múltiples formas, pero que al final no es más que la misma
rapiña de Nínive. La diferencia
es que mientras los ninivitas tenían que ir a la ciudad que querían
despojar, hoy en día esto se hace desde el sillón de una
casa. Pero este es el problema de los cristianos en el día de
hoy, que no hemos sabido romper con las tendencias sociales que nos
impulsaban e impulsan a entrar dentro de un mundo consumista, donde
tenemos que luchar por el poseer, por tener una estabilidad y una seguridad
de nuestro futuro. Queremos la casa mayor, el último modelo en
todo, aunque para ello tengamos que caer en la esclavitud de ganar más
y más, tengo que alcanzar el status requerido.
Este es el engaño de nuestro tiempo
que nos deja sin tiempo para lo realmente importante, porque pasamos
nuestra vida prendados del presente sin preparar el futuro. ¿Para
que sirve todo cuanto queremos atesorar aquí, si no estamos haciendo
tesoro en el cielo?. No hablo de que las posesiones en si sean malas,
sino de actitudes que nos llevan a esclavizamos de las posesiones. ¿Dónde
está el corazón de los creyentes en el día de hoy?,
¿estamos ansiando que el Señor venga y nos lleve o quizás
aún estamos demasiado atados con la amarras de este mundo que
nos hacen no anhelar la venida del Señor?
b. Una seguridad desaparecida:
las fortalezas (10)
La segunda caída ante el juicio
de Dios es la de la seguridad, los muros que nos defienden de cualquier
daño del exterior se vienen abajo. Todo el mundo personal que
nos hemos construido y dentro del cual estamos muy seguros, se desvanece
ante la realidad del juicio de Dios: "Vacía, agotada y desolada
está..." (10). No queda lugar de gozo, sino que todo es
miedo, desfallecimiento, dolor y rostros demudados.
¿Para que vivir?, ¿vale
la pena enfrentarse ante la realidad de una vida que sabes que es efímera
y pasajera, cuyo fin es la muerte o el juicio? ¿qué es
lo que nos puede dar alguna seguridad para enfrentar esta existencia?.
Es ante estas preguntas y otras muchas más que traen desasosiego
e inquietud al corazón humano que la sociedad ha inventado lo
que se llaman "muletas psicológicas", toda una serie
de apoyos que ayudan al hombre a enfrentar esta vida con un mínimo
de estabilidad.
o Las religiones
o La familia
o Las metas o la autorrealización
o El trabajo
Quizá estas sean algunas de las
muletas que más se emplean para satisfacer la estabilidad del
individuo. La religión fomentando la esperanza de una vida mejor,
y que para muchas personas termina siendo la imagen del cuervo en la
novela de Orwell "Rebelión en la Granja", -un escudo
por si acaso. Hay que asistir a misas o cultos, hay que hacer, buenas
obras, para ver si por casualidad... La
familia ha sido en un tiempo uno de esos baluartes que ha dado una razón
para vivir a muchas personas, pero en tiempos como estos donde la familia
como institución social está en tremendo declive, no es
un sólido apoyo. Los sueños por lograr grandes metas,
por dejar la huella marcada en esta sociedad, las ideologías,
etc., son la moda de una generación como la de los años
sesenta y setenta, una generación comprometida con luchar contra
todo aquello calificado de injusticia o nocivo; pero de nuevo la lucha
social ha caído por que los mismos que impulsaron todo este movimiento
se dieron cuenta que no era más que una forma de enmascarar la
realidad del vacío de sus vidas. Quizá la moda de nuestro
tiempo es la del trabajar, trabajar y trabajar; el trabajo que se ha
convertido en un bien escaso ha terminado por ser visto casi como un
dios a adorar. Pero nuevamente en cada una de estas muletas tenemos
que notar el grito del profeta VACÍA ESTÁ. Nada de esto
llena la vida humana para darle sentido a su existencia.
Como cristianos, creyentes en Cristo Jesús
reconocemos que el único que puede dar sentido a la vida es Cristo,
es el mismo Hijo de Dios que soluciona nuestra situación, nos
cobija del juicio de Dios y nos llena de esperanza y visión de
gloria. Pero, sin embargo, tristemente, en tantas ocasiones nos encontramos
luchando por asir las muletas insuficientes de nuestra sociedad. Tantas
veces acallamos nuestras bocas en lugar de gritar nuestra esperanza
y la necesidad de los que nos rodean. ¿Creemos realmente que
es Cristo el que cambia de forma radical nuestra experiencia? Estamos
muy cómodos con el afirmar que como es tan difícil,. estamos
tan cómodos con cumplir los códigos y formas que nos hemos
creado dejando al lado aquello que nos incomoda del evangelio. Nos jactamos
de santidad, y caemos en el orgullo de creernos más que el mundo.
Nos jactamos de la rectitud de nuestra conducta, y nuestra lengua destroza
todo cuanto encuentra a su paso. Nos jactamos del amor de Dios, y ni
entre nosotros somos capaces de pedir perdón y perdonar o solucionar
conflictos de décadas. ¿Cómo pretendemos ser la
sal de la tierra si nosotros hemos perdido el sabor?. La iglesia de
Dios necesita acercarse y reconsagrarse al Dios de la iglesia para que
podamos realmente cumplir con nuestra misión.
c. Un poder anulado: El poder humano
(11-12)
El tercer efecto del juicio divino es
la caída de toda frente de poder y jactancia humana. La figura
del león con toda su majestuosidad. y todo su dominio, "sin
que nadie le asustara" (11), nos refleja mucho del carácter
de los ninivitas. Un carácter arrogante y autosuficiente, pues,
no había nadie que les hiciese frente en este tiempo. La pregunta
del Señor es ¿Dónde está ante el juicio
de Dios todo este poder? Toda aquella jactancia y seguridad que aseguraban
la vida, en que lugar quedan cuando Dios dicta su juicio.
De nuevo este es el problema de una sociedad
como la nuestra que está tremendamente confiada en su poder y
recursos. Una sociedad que se recrea y descansa en su tecnología
y conocimiento, que se cree autosuficiente para enfrentar cualquier
peligro y cualquier reto que se le presente. Nosotros solos podemos,
es el grito del hombre moderno. Y, sin embargo, no hace falta fijarse
demasiado para notar que esta es una sociedad que hace agua por todas
partes, donde hay múltiples enfermedades que no se pueden controlar,
donde hay múltiples conflictos que no pueden ser solucionados,
donde el medio ambiente sigue siendo irremisiblemente destruido; en
definitiva, que la seguridad del hombre de hoy le está destruyendo,
poco a poco.
Pero de nuevo, giramos nuestra mirada a la
realidad de la iglesia, y notamos que también este problema está
presente en ella. Nos creemos capaces de todo, creemos que nosotros
solos podemos emprender grandes empresas y llegar a cambiar el mundo.
Creemos que nosotros solos podemos enfrentar la tentación con
todas sus ramificaciones del presente. Afirmo esto con la objetividad
que me permite hacerlo el ver que es un 10% de la iglesia, en los mejores
días, el que se reúne a orar como cuerpo; al considerar
que normalmente hacemos planes de trabajo y luego pedimos la bendición
del Señor sobre ellos; cuando, y esto es una opinión personal,
pienso que la oración en silencio, en el hogar, está más
que olvidada, habiéndola transformado en una mera rutina y formalismo
de las comidas y las horas de sueño. Aun no hemos descubierto
el poder de Dios, y mucho me temo que tampoco al Dios de poder.
d. Una advertencia terrible (13)
Para concluir, una terrible y solemne
advertencia del Señor, para Nínive, y para todos los hombres.
El Señor está contra Nínive, pero el Señor
está contra toda la injusticia y el desvarío de una sociedad
que le ha dado la espalda. Dios no pasa por alto el pecado en ninguna
de sus facetas, Dios no tiene favoritismos, y todo hombre será
severamente juzgado por su rebelión ante Dios. Hay cuatro áreas
donde el Señor afirma que dejará caer su juicio:
o El poderío. Tus carros, todo
lo que supone tu fuerza para garantizar tu estabilidad y dominio, todo
aquello que es pilar en la vida, desaparecerá.
o El futuro. Tu descendencia, tu futuro,
todo lo que pueda ser tu huella en este mundo será eliminada
por el Señor.
o La prosperidad. Tu prosperidad, tu presa,
tu provisión, todo cuanto pueda darte un mínimo de seguridad
de un mañana, que no sabes si tendrás.
o El dominio. Tu voz, todos aquellos mensajes
que intimidaban, que eran la seña identificativa del poder y
autoridad serán acallados, porque tu voz no tendrá valor.
El hombre que se enfrenta contra Dios
tiene que enfrentarse ante la realidad del juicio de Dios que despoja
completamente al individuo. El hombre expuesto ante Dios descubre la
realidad de su existencia, descubre su valor real y termina por reconocer
que por si mismo no vale nada. El valor del hombre está ligado
a su correcta relación con Dios. El hombre sin Dios no es más
que un objeto de la ira de Dios, condenado a toda una eternidad de soledad
y abandono; con un presente vacío, falto de identidad y sentido
para su existencia; y es solo Dios quien puede completar al ser humano.
Que triste resulta el pensar, que al igual
que en Nínive, en nuestros días hay millones de personas
que no son capaces de encontrar el sentido de sus vidas, la paz, la
seguridad y la esperanza que solo Dios ofrece, por que no quieren reconocer
su necesidad.
Pero que triste es también el reconocer
que la iglesia de hoy, parece estar más cerca de las tendencias
del mundo que de la vida auténtica que Dios ofrece. Lejos de
impactar en esta sociedad, está siendo impactada por la misma,
el mundo nos come el terreno, y no precisamente por hacer o dejar de
hacer, no precisamente por que la "juventud esté corrompida",
lo cual no es más que "la canción de todas las generaciones";
sino porque en nuestras vidas hemos dejado al margen la Biblia y la
oración, para luchar por nuestras creencias y no por los deseos
de nuestro Dios.
Algunas consideraciones en este capítulo
1. El juicio, que es real, tiene que fomentar
en nosotros una sincera y sentida gratitud hacia aquel que nos ha restaurado.
2. El juicio que estremece tiene que retarnos
a vivir vidas de santidad acordes con la voluntad de Dios.
El juicio que trae desolación tiene
que llevarnos a abrir nuestros ojos a la realidad de una vida transparente
que deja al margen la frustración de lo pasajero, para centrarse
en el gozo de lo eterno.
Eduardo Carnero

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