ESTUDIOS BÍBLICOS
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Publicado el 27 de Marzo del 2001

El Libro de Nahum (V de X)
El Juicio Expresado (cap.2)

B. El juicio: una realidad estremecedora (3-7)
     La segunda idea que destaca este capítulo acerca del juicio que es real, es que este juicio elimina cualquier atisbo de seguridad personal. llena la vida de aquellos que se encuentran amenazados bajo él de la más tremenda soledad y desasosiego.

     a. Un castigo irresistible (3-4)
     La primera característica que hace de este juicio una realidad estremecedora es la propia naturaleza del castigo; es irresistible. Ante la realidad del juicio de Dios nadie podrá huir, nadie podrá esconderse, nadie podrá enfrentarlo y salir victorioso. El castigo de Dios es completo y definitivo: ". . no surgirá dos veces la angustia..." (1:9)
     ¿A quién no se le derrumba todo encima cuando reconoce que está expuesto ante un juicio severo que no puede evitar? La tendencia natural, es que todo aquello que son los pilares fundamentales de la vida personal sufre una sacudida de tal magnitud que no queda en pie ninguna muralla que pueda traer un mínimo de seguridad.

     b. Un castigo intimidador (5-6)
     La segunda característica que hace estremecer la vida del que ve el castigo divino, es que este castigo es tan severo que produce terror: "...el palacio se llena de terror..." (6 B.L.A.). El terror es un sentimiento que apoca nuestro ánimo y nos paraliza de tal forma que nos impide buscar alternativas de vida. El terror es producido por circunstancias o cosas que creemos superiores a nosotros mismos y que nos hacen alejarnos de ellas por que valoramos el daño que pueden infringir a nuestra persona. Una de las causas principales del terror es el valorar en exceso aquello que puede ser dañado, y pensar que este daño puede resultar irreparable.
     Es por ello que al considerar el castigo divino como algo irresistible, al ver las descripciones de este como un ejército dispuesto para derramar sangre y destruir todo cuanto encuentra a su paso; al ver las aguas que inundan todo (alguien ha comentado que la destrucción de Nínive fue causada por una gran inundación); es que el hombre se pone a valorar el sufrimiento que esto le supone. La reacción natural ante el sufrimiento es ni mencionarlo, huir de él y preparar la defensa oportuna (5). El miedo es el aliado inseparable de la derrota, el miedo es síntoma de inseguridad, el miedo es resultado de no tener una fortaleza inalterable.
     Una reflexión para los creyentes. ¿Por qué en tantas ocasiones el miedo paraliza nuestras vidas para no llegar ha hacer aquello que realmente debiéramos hacer, sino realizar lo más fácil? ¿Por qué somos tan cobardes a la hora de trabajar y servir al Señor? ¿Por qué nos asusta la evangelización, el compromiso o la alabanza pública a nuestro Señor? A veces pienso que esto se produce porque realmente no conocemos y no hemos sido impactados de forma real por nuestro Dios quien es el Dios Todopoderoso.

     c. Un castigo inalterable (7)
     La tercera realidad que hace estremecer la vida del que está expuesto ante el castigo divino es que este castigo no puede variarse, ni detenerse. Está escrito en el calendario de Dios como algo que no puede ser suprimido. Dios es el Dios Santo. Su carácter exige que el pecado sea juzgado de forma tajante, por lo tanto el juicio sobre la rebelión de los hombres es una realidad que nada ni nadie podrán alterar.
     Entender esta realidad hace que se estremezca la totalidad del ser del individuo acuciado por la severidad del juicio de Dios, pues, tiene que reconocer que no puede pasar esta hoja de su experiencia, que no hay nada en su vida que pueda hacer para solucionar su condición, que hay una justicia que inevitablemente hay que satisfacer.
     Pero si esto es una realidad para la sociedad en todos los tiempos, no es menos realidad para la iglesia, que precisa de una vez por todas reconocer que es necesario vivir vidas que reflejen la santidad de un Dios que es santo, que se aparten de todo tipo de impiedad y que la Biblia sea su norma de conducta y no sólo de fe. Quizá hemos enfatizado demasiado la norma de fe que es la Biblia y nos hemos olvidado de la praxis de la misma en nuestra experiencia cotidiana, a la hora de ser justos en todo, de no mentir en nada, de ser testigos vivos de Cristo con nuestras manos, labios y corazones. Es hora de que el pueblo de la Biblia aprenda a vivir la Biblia que Dios ha dejado a su pueblo.

Eduardo Carnero


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