|
|
|
Siguiente
|
 |
|
Publicado el 27 de Marzo del 2001
El Libro de Nahum (IV de X)
El Juicio Expresado (cap.2)
Cuando nos acercamos a considerar
este capítulo en donde Dios se para a mostrar su severidad de
una forma mucho más palpable, nos topamos con tres ideas principales
que surgen de las líneas del mismo; pero tres realidades que
se basan en el principio fundamental de que Dios, el Dios que juzga,
es como se ha presentado en el primer capítulo, el Dios vivo,
santo, justo y con todo poder.
En primer lugar notamos que la realidad
de Dios, su carácter con todas las marcas que presenta el capítulo
primero, su poder con todas las cualidades anteriormente referidas,
requiere la expresión de su juicio y severidad. .El Dios justo
no puede quedar impasible ante el continuo rechazo de los hombres: el
Dios que es santo no puede quedar inmóvil ante la inmundicia
de la humanidad que el mismo ha creado; el Dios que tiene todo poder
actuará y no dejará nada fuera de lugar. Expresiones como:
"El destructor ha subido (1), Está decretado (7) o Heme
aquí contra ti, declara el Señor... (13)" son las
que nos hacen ver la realidad de un juicio que ya no admite vuelta atrás.
un juicio que se avecina con tremenda voracidad e inminencia.
Pero también, y en segundo lugar. la
realidad de Dios y de su juicio inminente reclama de los hombres el
asirse de una defensa segura para su vida., El ser humano precisa encontrar
algo o alguien que le de seguridad ante el juicio de Dios que vendrá.
El capítulo primero es una invitación a considerar la
severidad de Dios, para luego, habiendo sido impactados por esta severidad,
buscar las defensas que nos amparen del juicio de Dios. Es una necedad
sabiendo que hay un peligro que amenaza de forma seria nuestra vida,
no buscar soluciones para el mismo. Esto es lo que en muchas ocasiones
el hombre hace con Dios, aun oyendo la advertencia de Dios, aun oyendo
la realidad de su juicio no buscan defensas, o cuando se ponen a buscar
soluciones buscan cualquiera menos la que el mismo Dios ofrece. La autoconfianza
es el recurso mayormente usado ante la severidad de Dios:
"Monta... vigila... fortalece...
refuerza... (1); es preparada la defensa (5)". La idea de estas
expresiones es la del hombre que quiere esconderse de Dios y buscar
su propia seguridad en sus recursos.
Hay una tercera idea que se desprende
de la realidad de Dios, primero hemos dicho que su realidad requiere
juicio sobre el pecado; segundo también hemos dicho, que su realidad
requiere defensas para esconderse de su juicio. Pero la tercera idea
que podemos notar de la realidad de Dios y que nos revela este capítulo,
es que el Dios que es real tiene un propósito para la humanidad,
un propósito de restauración que se hace visible en este
momento en su pueblo" Israel, y que por extensión se hará
palpable en la experiencia de todos aquellos que han depositado su confianza
en el Dios vivo y real. El v. 2 es una hermosa expresión del
deseo de Dios de restaurar al hombre que deposita su confianza en Él.
Este es el hombre que se encuentra delante de Dios sin murallas que
le protejan, que reconoce que solo es en Dios donde puede encontrar
la estabilidad y seguridad que su vida precisa.
Pero a la luz de estas tres ideas fundamentales
de este capítulo, quisiera que notásemos tres ideas que
hallamos en este capitulo también acerca del juicio de Dios,
cuando Dios se decide a actuar en la esfera de los hombres. Donde notamos
que el juicio de Dios es una realidad, no es una torpe amenaza, sino
que es un evento real, aunque es futuro, es real; pero también
notamos que es una realidad que estremece los rudimentos de la sociedad,
la vida personal y todas las esferas de desarrollo, causa terror. Y
en tercer lugar, notar que el juicio de Dios es una realidad desoladora,
cuando el ser humano no ha encontrado refugio ante el juicio seguro
de Dios, tarde o temprano se topara con la realidad de un juicio que
trae la más completa desolación a la vida del individuo.
A. El juicio: Una realidad fuitura (1-2)
El juicio que Dios ejecuta sobre el pecado
es una realidad inminente e inquietante. Son muchas las personas que
creen en Dios, "a su manera". La necesidad del ser humano
hace que sea un ser creyente, pero incapaz de asumir la realidad de
que Dios es quien debe tener el control de todo. Por ello, el hombre
busca facilitar la cuestión y se crea un dios a su imagen y semejanza,
un dios que le permita hacer todo cuanto quiera. un dios que no es el
Dios de la Biblia sino un simple ídolo.
La tremenda cantidad de sectas que proliferan
en nuestros días no son más que los esfuerzos humanos
por fabricarse un dios que les complazca. la calidad de la vida de los
cristianos en el día de hoy no revela nada más que el
hecho de que se han hecho un dios pequeño y que no molesta para
nada.
El problema es obvio, el ser humano, tanto
el cristiano como el que no lo es, ha eliminado de Dios todo aquello
que le resultaba incómodo, entre ello su severidad. Es por ello
que nunca tanto como en este tiempo nos tomamos el pecado con tanta
liviandad, nos tomamos las responsabilidades cristianas con tremenda
superficialidad, la Biblia ha pasado de ser la norma de conducta a un
mero entretenimiento sociocultural. ¿Nos estremece realmente
el considerar que nuestro Dios, o por lo menos el Dios de la Biblia
es tres veces santo y no consentirá el pecado en medio de su
pueblo?
a. Una realidad inquietante (1)
Cuando nos paramos a pensar seriamente
en el juicio de Dios, esta es una realidad que inquieta todo nuestro
ser, que trae desasosiego, que nos presiona a buscar soluciones. Es
por ello que cuando consideramos la severidad de Dios tenemos que considerar
dos aspectos de este tema.
1. El destructor. El destructor es aquel
que trae ruina, asolamiento y pérdida que es casi irreparable.
La referencia en este texto no es a alguien que puede dañar levemente,
sino que se refiere a aquel que causa daños que nadie ni nada
pueden reparar.
Un texto que viene a nuestra mente al considerar
una pérdida tan tremenda, son aquellas palabras de propio Señor
Jesucristo cuando nos enseña a quien debemos temer: "...temed
más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el
infierno." (Mt. 10:28). ¿Quién es el que puede causar
una pérdida tan irreparable? ¿Quién es el destructor
de Nahum 2:1 o el heridor, que es el mismo término hebreo que
se emplea para destructor, de Ex. 12:23'? El Dios Todopoderoso es el
único que tiene poder para dictar un juicio que sea totalmente
irreparable, es el único que tiene todo derecho para condenar
y para salvar, pues él, y solo él, es Dios.
Escucha, dice Nahum, Nínive, Jehová
ha subido contra ti. Al principio y al final del capítulo, vv.
1 y 13, nos encontramos con la misma expresión. El Señor
quiere dejar claro que la lucha que ha emprendido Nínive no es
una lucha superflua, no es una leve dificultad que en un momento terminará,
sino que la lucha que tienen enfrente es contra el Dios eterno, Jehová
de los ejércitos (13 RV66). Aquel que tiene todo poder es quien
está contra Nínive.
2. La defensa. Considerar la imagen del destructor,
como aquel que no se está acercando, sino que realmente ya está
ahí, que ya ha subido, es algo que inquieta. Inquieta por la
magnitud y las repercusiones que este enfrentamiento tiene para la eternidad
de los hombres. Es por ello, que la única alternativa para el
corazón amedrentado es la de buscar escondites, de buscar soluciones.
La fortaleza, la fuente de seguridad de la
ciudad; el camino, la vía de acceso a la ciudad: los lomos, como
la fuente del vigor humano; el poder, como todo el compendio de fuerzas
y ayudas de los hombres; necesitan ser fortalecidos y preparados de
una forma muy especial. Es necesario echar fuera el temor al sentir
la confianza que puede dar el saber que el enemigo, el destructor no
puede dañar. Pero lo trágico, es que ante la severidad
del juicio de Dios, no hay fortaleza. no hay camino, no hay lomos, ni
hay poder humano que pueda traer una completa o una mínima seguridad.
La Palabra de Dios advierte de la vanidad de
los escondrijos humanos cuando nos enseña que: "no hay cosa
creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas
están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos
que dar cuenta." (Heb. 4:13). Pero contra esta realidad nos encontramos
en un mundo donde todos tenemos que buscar soluciones y escondites.
Afirmaba un hombre de los que aseguran creer "a su manera":
"Cuando vemos hacia donde se dirige el mundo, con toda la destrucción
del medio ambiente, te das cuenta de que esto no vale para nada y por
ello tienes que hacerte religioso, por que solo la fe puede ayudarte
a sobrevivir en el presente ". Y es que el mundo de hoy es un mundo
que huye de la realidad de Dios y su severidad, al reconocer la vanidad
de los esfuerzos humanos, por ello esta sociedad, inquieta ante la realidad
de su futuro, busca cobijarse en la religión, la ciencia, con
todas sus ramificaciones, el hedonismo, con todo lo que le relacione
con materialismo, etc., la autopromoción, la confianza en uno
mismo y el explotar al máximo, de formas bastante necias, pues
suponen una supravaloración de las capacidades del ser humano,
con todas las filosofías que nos hablan del poder de la mente
y la fuerza interior. Un montón de fortalezas para tener seguridad
en el presente. La psicología nunca ha estado tan de moda como
un esfuerzo por ayudar al hombre a generar sus propias fortalezas psicológicas
para enfrentar la vida.
Pero fortalezas que son también caminos.
Los caminos de una humanidad que se ha desviado del modelo divino, para
buscar en su extravío nuevas rutas que le lleven a la seguridad.
Pero caminos que no ayudan sino que abren más y más puertas
a la derrota y la frustración. Es necesario para el hombre hallar
el auténtico camino que le de seguridad, estabilidad y defensa
del juicio seguro que vendrá, y este camino solo es Cristo. Pero
al considerar esto, a mi corazón llega una tremenda exclamación:
¡Pero que necios somos los cristianos!. Que necios somos porque
teniendo un tesoro tan grande, con tanta frecuencia lo estamos pisoteando,
al vivir vidas llenas de hipocresía y pecado; al vivir vidas
en nada acordes con el modelo divino, reflejado en la Palabra de Dios,
al vivir nuestra propia apatía y desidia espiritual. Que necios
somos, al ser tan egoístas que no somos capaces de pensar en
los millones de personas que se mueren a nuestro alrededor sin esperanza
ante el juicio que llegará.
Qué el Señor abra nuestros ojos
y corazones, para que lleguemos a reconocer la realidad de nuestra responsabilidad
para con Dios y con la sociedad que nos rodea.
b. Una realidad esperanzadora (2)
Es en medio de todo este panorama de desolación,
ante la advertencia de un juicio severo que ya está ahí,
que el mismo Señor, en los labios de su profeta, pone una nota
de esperanza. una nota de edificación y victoria en medio del
panorama de la derrota y la destrucción. Pero una nota selectiva.
La esperanza que Dios ofrece no puede llegar a todos los hombres, sino
que solo cubre a su pueblo, a aquellos que confían en él.
a aquellos que se reconocen desolados, que reconocen que no hay más
camino, que no hay otra fortaleza que no sea Dios mismo. Era el poeta
quien al escribir el conocido himno "Castillo fuerte" escribía,
unos versos que ilustran la realidad de aquellos que esperan en el Señor:
...
Nuestro valor es nada aquí con él todo es perdido,
más por nosotros pugnará de Dios el Escogido.
¿Sabéis quién es? Jesús, el que venció
en la cruz,
Señor de Sabaoth; y, pues, El solo es Dios,
Él triunfa en la batalla.
...
Sin destruirla dejarán, aun mal de su agrado,
esta palabra del Señor; Él lucha a nuestro lado.
Que lleven con furor los bienes, vida, honor,
los hijos, la mujer... todo ha de perecer...
de Dios el reino queda.
¡Qué expresión de confianza tan
maravillosa! Todo es pasajero, solo Dios es eterno, por lo tanto
¿a qué nos vamos a aferrar?
1. La restauración. La idea de
restauración choca frontalmente con la destrucción que
anticipa la presencia de Dios para juzgar. La restauración era
un término de uso en varias facetas de la vida, se usaba para
definir la acción de reparar un camino, o del paso de las fincas
a sus legítimos dueños. También
era un término de uso en negociaciones financieras para definir
la restauración de una deuda contraída o cuando un obrero
rompía una piedra cuando esta era sustituida por una entera.
Literalmente este término se puede definir como la vuelta al
orden original. El diccionario define esta palabra como: "1)Recuperar
o recobrar. 2) Reparar, volver a poner en aquel estado o estimación
que antes tenía. 3,) Reparar del deterioro que se haya sufrido".
Aplicando esto a la situación que se
vivía en este tiempo en la tierra de Judá, entendemos
que el Señor volvería a su pueblo de la devastación
que estaba viviendo como consecuencia de los constantes ataques por
parte de los merodeadores de Nínive; de la inseguridad de una
vida amedrentada y vacía de cualquier bien: a una situación
de vida y seguridad, una situación donde el pueblo podría
disfrutar de los beneficios de la tierra que Dios les había regalado.
Una nueva situación en la cual Dios representaría un papel
muy importante como la fuente de toda prosperidad y bendición
nacional.
Cuando consideramos la realidad de esta restauración
que Dios obra en un pueblo desolado y destruido desde las ciudades a
los campos, podemos notar varias cosas acerca de nuestro Dios:
o El poder de Dios. El poder de Dios quien
tiene el control en su mano, de todas las circunstancias, y para quien
no existe nada sobre la faz de la tierra que sea irrestituible. Cualquier
efecto del pecado Dios lo puede restaurar. La situación que estaba
viviendo el pueblo de Judá, era el resultado de su desobediencia
a Dios en tiempos pasados; pero Dios puede vencer cualquier efecto del
pecado en la vida de sus hijos que se vuelven a él arrepentidos.
Que seguridad, confianza y gozo puede traer esta realidad a nuestra
vida. El Señor puede y quiere librarnos de cualquier desolación
que el pecado traiga a nuestras vidas, para restauramos a una posición
renovada con él. Pero tenemos que entender que si bien es verdad
que Dios nos restaura de los efectos del pecado, en muchas ocasiones,
hay secuelas del pecado que quedarán grabadas de forma indeleble
en nuestras vidas para que consideremos lo trágico que es el
pecado.
o La misericordia de Dios. Al hablar de
restauración, no podemos obviar la misericordia de Dios. Su misericordia
que le lleva a actuar en favor de seres inmerecedores de ser restaurados,
hombres y mujeres que le hemos fallado en tantas y tantas ocasiones,
pero para quienes Dios sigue dispuesto para restaurarles. Ante esto
solo podemos decir: ¡ Gracias Señor!. Gracias por que aun
a pesar de mi fracaso sigues obrando en mi favor, gracias por Tu preocupación
por mi tan infiel y lleno de pecado y debilidad.
La alternativa de Dios. La tercera faceta
de Dios que surge al considerar la restauración que él
ofrece, es el considerar el camino que nos presenta como solución
para el juicio que se avecina sobre nosotros. Un camino abierto con
un coste impresionante, la muerte de Cristo y su sangre derramada en
nuestro favor. Dios ama a esta humanidad, aun a pesar del pecado y rebelión
de los hombres, y por ello ofrece la única alternativa posible
para cobijarse del juicio real que se cierne sobre toda esta humanidad
y para el cual el hombre JAMAS podrá encontrar salida o un refugio
seguro.
Eduardo carnero

|