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Publicado el 27 de Marzo del 2001
El Libro de Nahum (III de X)
El Juicio Anunciado (cap.1)
B. El poder extresado (8-15)
El carácter de Dios reclama la
acción de Dios. Esta acción de Dios que reclama su justicia,
santidad, etc.; es la expresión máxima de su poder sobre
la faz de la tierra. El poder de Dios es su capacidad para ejercer y
llevar a cabo su voluntad; es la energía propia de su dignidad
como Dios, pues, aquel que no puede hacer todo lo que quiere, y no puede
llevar a cabo todo cuanto se propone, no puede ser Dios. Por ello, que
al enfrentarnos ante Jehová, una de las cosas que el profeta
quiere dejar claras de antemano, es que Jehová tiene no solo
la voluntad de juzgar el pecado, sino que también tiene el poder
para llevar a cabo este juicio.
Esta idea del poder de Dios está
muy bien explicada por S. Charnock cuando escribe: "El poder de
Dios es la facultad y virtud por la cual puede hacer que se cumpla todo
aquello que gusta, todo lo que le dicta su sabiduría infinita,
todo lo que la pureza infinita de su voluntad determina... Así
como la santidad es la hermosura de todos los atributos de Dios, su
poder es el que da vida y acción a todas las perfecciones de
la naturaleza divina. ¡Qué vanos serían los consejos
eternos si el poder no interviniera para cumplirlos! Sin el poder, su
misericordia no seria más que una débil lástima,
sus promesas un sonido vacío, sus amenazas alarmas infundadas.
El poder de Dios es como él mismo: infinito, eterno, inconmensurable:
no puede ser contenido, limitado ni frustrado por la criatura."
Pero el poder de Dios que conocemos, a través
de la creación (Is. 44:24; Ro. 4:17); de su providencia (He.
1:3) o de la redención (Ro. 1:16; lªCo. 1:24); un poder
que está íntimamente relacionado con su carácter,
pues es la respuesta al mismo, es un poder que no ha demostrado todavía
su plena expresión, sus plenas capacidades. Pensar en este poder
que ha creado, que ha hecho tantas cosas, tiene que hacemos pensar en
la magnitud del poder derramado en el juicio sobre los que rechazan
a Dios. El profeta, tras presentar la realidad de Jehová. su
persona y carácter, presenta su poder, como una nueva invitación
para la reflexión de todos aquellos que reciben este mensaje.
Si Dios tiene este poder, en el hombre sabio solo se puede producir
una actitud de: 1) Temblar ante Dios y su soberanía manifestada
en su poder; 2) Adorar a Aquel que tiene todo el poder y el dominio
sobre la creación; 3) Confiar en Aquel que es el único
que puede darnos soluciones y cobijo ante el poder de Dios en acción.
Antes de pasar a presentar algunas de las características
de este poder, tenemos que considerar hacia quienes se dirige, sus efectos
y los motivos que lo originan.
a. Los receptores del poder de Dios
Como en el desarrollo general de la profecía,
tenemos que notar que hay dos grupos que son el destino del poder de
Dios. Delante de Dios solamente hay dos clases de personas; a los ojos
de los hombres hay muchas clases, razas o tipos de seres humanos; pero
ante Dios solamente hay dos grupos. y todos, absolutamente todos los
hombres están en uno de éstos dos bandos.
En primer lugar, está el grupo de los
que rechazan a Dios. Estos son los que "traman contra el Señor"
(9. 11), son los "consejeros perversos" (11). Tramar contra
alguien es preparar de una forma astuta, una serie de engaños,
con el fin de conseguir destruir al adversario. Este término
lleva implícita la idea de acción; es decir, aquellos
que se han revelado contra Dios con la acción y comisión
de sus actos. Los que traman son consejeros perversos que buscan que
la cultura, la sociedad en medio de la cual viven, no atienda a la voz
de Dios, sino que siga cualquier otro camino. Para estos el poder de
Dios es una advertencia de juicio y destrucción inminente y definitivo.
El poder de Dios para ellos es terrible y objeto de temor. de pánico
y de huida.
En segundo lugar, como receptores del poder
de Dios, nos encontramos con aquellos que confían en Dios. Estos
son los que encuentran su única muralla de defensa en la presencia
de Dios, sus promesas y su poder liberándoles de sus enemigos.
En un sentido son los receptores pasivos del poder de Dios, hombres
y mujeres derrotados, sin esperanza de solución para sus conflictos,
y que encuentran en Dios la única salida a su opresión.
Ellos ven el poder de Dios como la respuesta a sus lágrimas,
la puerta a una nueva vida renovada en Dios, llena de nuevas expectativas
de futuro. Ellos ante el poder de Dios que viene, no pueden más
que adorar a Dios, celebrar las fiestas de reconocimiento del poder
de Dios (15), no pueden -más que depositar completamente su confianza
en Aquel que responde a todas sus inquietudes.
b. Los efectos del poder de Dios.
De nuevo tenemos que considerar los efectos
del poder de Dios desde las dos perspectivas que encierra esta profecía.
En primer lugar los efectos sobre aquellos que están en un enfrentamiento
radical en contra de Dios. Pero por otro lado las consecuencias que
el juicio de Dios tiene sobre aquellos que forman parte del pueblo que
ha depositado su confianza en Dios.
El primer aspecto entonces son los efectos
del poder de Dios sobre los que rechazan a Dios, sobre Nínive
en este caso. A veces, el hombre que está expuesto ante el poder
del juicio de Dios se toma esta realidad en vano. A veces incluso el
justo se desespera y lanza la pregunta al Señor: "¿Hasta
cuando, Señor?" La opresión, la aparente prosperidad
de aquellos que viven en impiedad, hacen en ocasiones salir del corazón
palabras de desánimo. Pero el poder del Señor es real,
y en su tiempo hará perder a los que se enfrentan contra Dios;
aunque en un sentido toda su vida presente ya es una pérdida,
una pérdida que aparentemente no existe, pero que en realidad
ya están sufriendo. Verbos como: "Pondrá fin (8),
perseguirá (8), hará completa destrucción (9),
serán consumidos (10), serán cortados (12), desaparecerán
(12), quebraré (13), romperé (13), no se perpetuará
tu nombre (14), arrancaré (14), prepararé tu sepultura
(14), Ha sido exterminado por completo (15)", no nos dejan albergar
muchas dudas en cuanto a la realidad del juicio que vendrá y
sus terribles consecuencias sobre aquellos que estén expuestos
al mismo.
Quizá podemos destacar cinco áreas
de pérdida fundamentalmente, en las cuales podemos notar, que
la pérdida es algo real en el presente. aunque en su grado máximo
será evidente cuando el Señor ejecute su juicio de forma
evidente:
1) Pérdida de
seguridad. Necesitarán huir ante la crudeza y realidad del juicio
de Dios. En el presente, el hombre que rechaza a Dios necesita huir
de la realidad de un Dios "evidente", de una conciencia propia
que le acusa, y de su propia realidad y temores. El hombre sin Dios
es un hombre en constante huida de la realidad, de la comunión,
buscando escondites y murallas de todo tipo que le proteja de los peligros
de la sociedad en medio de la cual vive.
2) Pérdida de
arraigo. Quedarán sin la estabilidad de las raíces bien
echadas en la tierra, sin el alimento, sin el refrigerio de una estabilidad
en la vida. El hombre sin Dios es un peregrino sin rumbo ni patria.
Pasa por esta vida reconociendo que es un pasajero en este mundo, pero
con el miedo y la inestabilidad de no saber lo que le aguarda en el
más allá, no puede cantar "voy a mi patria, voy a
mi hogar".
3) Pérdida de
futuro. El triste espectro de la caducidad ahoga todas sus obras. El
hombre vive para ser recordado; todos nosotros queremos ser recordados
por algo. En un sentido la huella marcada en la humanidad, en la vida
de otros, es la satisfacción, para el ser humano, de su afán
de eternidad. Como el hombre no puede vencer a la muerte, pretende perpetuar
su nombre más allá de la muerte. El juicio de Dios afecta
a este aspecto del desarrollo de la humanidad, pues deja al hombre sin
ningún futuro por el cual ser recordado. Se dice, que en el s.
II a.C., ya no quedaba ni resto de las grandiosas murallas que había
en su tiempo rodeado la ciudad de Nínive. El poder de Dios que
borra literalmente de sobre la faz de la tierra la más profunda
huella que el hombre halla intentado marcar.
4) Pérdida de
esperanza. La realidad del hombre que se rebela contra Dios es que la
sepultura está al acecho. La muerte como resultado de la rebelión,
la muerte como final del camino, la muerte como el enemigo invencible;
pero la muerte como final de toda esperanza para la humanidad. "Aprovecha
el presente, disfruta el momento, porque la vida es breve". Este
es el lema de toda una cultura del "carpe diem", el hombre
viviendo sin Dios que tiene el deber de sacar el máximo partido
posible a los años de vida que tenga, pues, la eternidad para
él es el sueño de unos ilusos.
5) Pérdida irreparable.
Pero quizá la consecuencia más terrible del poder de Dios
obrando para juicio, sea, que es un juicio que no admite vuelta atrás.
En su determinación final, nadie podrá recuperar lo que
ha dejado atrás, las oportunidades perdidas son irrecuperables,
la vida dicta su sentencia sin permitir una revisión a posteriori.
Pero en el presente cada día que pasa, supone un endurecimiento
del corazón y la conciencia humana ante la invitación
de Dios a arrepentirse y cobijarse del juicio que vendrá1 El
hombre hoy está sufriendo el principio de la pérdida más
importante de su experiencia, la pérdida irreparable de una íntima
comunión con Dios.
Pero en contraste con todo este panorama,
podemos notar en segundo lugar, las consecuencias del juicio de Dios
para con aquellos que confían en él. De nuevo podemos
echar una visual a los verbos empleados por el profeta en esta sección,
que nos reflejan mucho de la acción de Dios en favor de los suyos:
"No afligirá más (12), quebraré su yugo y
romperé sus coyundas (13), anuncia la paz (15), traerá
gozo y seguridad (15)". Quizá hay aquí cuatro ideas
que destacan sobre el trasfondo del contexto como las promesas para
el pueblo que confía en su Dios:
1) Restauración.
Dios restaura a su pueblo a la condición que tenía con
anterioridad. Dios busca en su pueblo que vuelva, no a una comodidad
social, económica y política, sino que vuelva a las raíces
de una relación renovada con Aquel que es todo para los suyos.
Es por ello, que en ocasiones el Señor permite que su pueblo
pase por experiencias de angustia, para que en los momentos de conflicto,
descubran a su Dios. La restauración de Dios es tomar a aquellos
que están hundidos, y colocarlos en la posición de su
dignidad justa.
2) Libertad. Dios libera
a su pueblo. El pueblo que pasa por momentos de angustia por no haber
entendido la libertad de Dios, descubre en medio de la prueba, que la
auténtica y única libertad se encuentran solo en una íntima
relación con Dios.
3) Esperanza. Dios llena
la vida de su pueblo de una visión clara del más allá,
de la herencia reservada para los suyos. La esperanza que traen las
buenas nuevas, la esperanza de una nueva relación de paz, la
esperanza de una ciudadanía en los cielos reservada para nosotros.
Dios nos hace ver más allá de lo triste de este mundo,
de nuestros fracasos y luchas, para que fijemos nuestros ojos en la
meta, y que sea esta visión clara la que motive a su pueblo,
y no las visiones de metas pequeñas, de proyectos pasajeros o
ilusiones terrenales, sino que podamos ver más allá. Personalmente
creo, que la pobreza espiritual del pueblo de Dios en el día
de hoy comienza por una pobre visión de lo que somos, y de lo
que tenemos en Cristo, una pobre visión de la herencia que tenemos
en los cielos. Vivimos demasiado prendados del presente, sin considerar
la eternidad, no quiero decir que debamos vivir de sueños, pues
la eternidad no es una ilusión, sino que las realidades de nuestro
futuro, sean las que impulsen la vitalidad de nuestro presente.
4) Gratitud y adoración.
El cuarto aspecto es el resultado lógico de toda la obra de liberación,
restauración y esperanza con que Dios bendice a aquellos que
confían en él. Es la respuesta del corazón que
ha comprendido lo mucho que Dios ha hecho por él, un corazón
que no puede callarse a la hora de alabar a Dios, que no puede callarse
a la hora de agradecer a Dios hasta los más insignificantes detalles
de su vida, un corazón, que le pertenece a Dios. De nuevo, es
mi opinión personal, que el pueblo de Dios vive una pobre vida
de adoración porque no se ha enterado todavía de las tremendas
bendiciones, de la magnitud de estas bendiciones que posee en Cristo
Jesús.
En estos cuatro puntos de lo que Dios
hace en medio de los que confían en él, podemos notar
un breve resumen del evangelio, de lo que Dios ha hecho en cada una
de las vidas de aquellos que hemos depositado nuestra confianza en Cristo
como nuestro Señor y Salvador. Cristo nos restaura a una condición
de relación renovada con Dios. Cristo rompe las ataduras de nuestra
esclavitud al pecado, para darnos la única y auténtica
libertad. Cristo nos da una nueva esperanza, para mirar al futuro con
la seguridad de que la muerte ya ha sido vencida, de que tenemos una
herencia reservada en los cielos. Y finalmente, consideramos, por la
propia palabra de Dios que la finalidad de todo esto es que seamos agradecidos,
y lleguemos a ser el pueblo que proclame las excelencias de Dios ante
todas las naciones.
c. Las causas del poder de Dios derramado
No podemos obviar que el poder de Dios derramado para juicio, es su
respuesta a las acciones de los hombres. Dios no obra de una forma caprichosa,
sino que en cada ocasión, el obra como respuesta a las acciones
de aquellos que están enfrentándose abiertamente ante
su autoridad. Por ello, al considerar este pasaje, nos encontramos con
tres ideas, tres "porqués" que impulsan el juicio de
Dios ante esta ciudad de Nínive.
1. El oponerse a Jehová
(9, 11). El primero de los motivos que encontramos para el poder del
juicio de Dios es que este pueblo se había puesto, abiertamente
en contra de Dios. Tramaron contra Dios, eran consejeros perversos que
procuraban alejar la atención de Dios. Esta es la actitud de
aquellos que no quieren que Dios forme parte de su experiencia, y que
lejos de ignorarle, montan campañas en contra de Dios. El hombre
que no vive en una relación de confianza con Dios, no es un hombre
que esté indiferente ante Dios, sino que procura desvirtuar a
Dios y su obra, llegando a ser un activista en desanimar a aquellos
que sirven a Dios.
2. El afligir al pueblo
escogido de Dios (12) Pero la segunda razón que motiva el juicio
de Dios, está muy relacionada con la primera; pues Dios juzgará
por el trato que han dado a su pueblo. Dios es Defensa de los que en
él confían, él es un escudo que demandará
de las manos de los hombres lo que hagan con sus escogidos. La importancia
del pueblo de Dios estriba, no en su condición, sino en que le
pertenece a Dios. Tenemos que ser realistas, la persecución que
el pueblo de Dios ha sufrido a lo largo de los siglos, la persecución
que hoy en día sufre todo aquel que quiere ser consecuente con
lo que cree, no es una persecución del hombre a otros hombres,
sino que es el rechazo de la humanidad a Dios mismo. Es la batalla de
aquellos que están bajo el dominio de Satanás por cumplir
con la misión y función de su Señor, desvirtuar
todo lo que es la obra de Dios.
3. El pecado personal
de cada individuo (14) La tercera causa del juicio tiene que ver con
la responsabilidad personal ante la persona de Dios. "Porque eres
vil" (14). "Porque eres alguien que ha faltado a la confianza
que en ti se ha depositado". El término "vil"
se refiere a todo aquello que es inmundo, sucio; que carece de toda
honra y que no debe ser tenido en cuenta. Al final, cuando reconocemos
todo esto, tenemos que terminar reconociendo que el juicio de Dios comienza
en el corazón de cada ser humano. No es por culpa de una cultura,
educación o situación particular que rechazamos a Dios;
todo ello puede influir en este rechazo; pero la responsabilidad final,
la decisión de que hacemos con Dios, es algo que surge desde
lo más íntimo de nuestra propia vida, es nuestra decisión,
son nuestras acciones, las que nos transportan a ocupar un determinado
lugar en la presencia de Dios. El pecado no es el azar, no son casualidades,
sino que es el fruto lógico de una condición moral con
la cual nacemos.
d. Las características del poder
de Dios
Después de considerar, a los receptores, los efectos y las causas
del poder de Dios, se hace necesario un breve repaso a las características
fundamentales de este poder. El poder de Dios es el resultado inequívoco
de su carácter en acción. Dios actúa por que su
carácter le impulsa a tomar decisiones importantes. Dios derrama
su poder por que él es como es. Y es por ello que cuando consideramos
las características del poder de Dios, vamos a recordar mucho
de su carácter.
1. Un poder ineludible (8) La primera
característica del poder de Dios es que este es un poder ineludible.
No hay nadie que se pueda escapar del poder de Dios; ni ningún
lugar donde el hombre pueda esconderse de la mirada de Dios. Ni las
tinieblas, ni las murallas pueden ofrecer seguridad cuando Dios derrama
su poder. Es el salmista, quien tiempo atrás, ya había
experimentado esta realidad de que ante la presencia de Dios es imposible
la huida, y él lo expresa con las palabras: "¿Adónde
me iré de tu Espíritu? ¿Ya dónde huiré
de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú;
y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú
estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del
mar a un allí me guiará tu mano, y me asirá tu
diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán;
aun la noche resplandecerá alrededor de mi. Aun las tinieblas
no encubren de ti, y la noche resplandece como el día, lo mismo
te son las tinieblas que la luz." (Sal. 139:7-12).
Los ninivitas estaban intentando ocultarse de Dios; ¿cuántas
veces no hacemos nosotros lo mismo?. Conscientes del poder de Dios,
conscientes de la severidad de Dios, conscientes del pecado de nuestra
vida, pensamos neciamente que Dios no nos ve, pensamos que podemos ocultarnos
de Dios, pensamos que podemos vivir como queramos sin dar importancia
a Dios. ¿Cómo podemos caer en tal necedad?. "El rostro
del Señor está contra aquellos que hacen el mal"
(1ªPe. 3: 12b). No podemos ocultar nada de la atenta mirada de
Dios, no podemos pretender vivir una doble vida, la vida ante Dios y
la vida que yo quiero vivir, pues es una actitud hipócrita y
que Dios demandará. Debemos vivir la realidad de lo que somos,
y somos aquello que reflejamos cuando nadie nos ve, cuando solo Dios
nos ve.
2. Un poder eficaz (9) En segundo lugar,
podemos notar que el poder de Dios es un poder eficaz. Es un poder que
no dejará el castigo, o la acción divina a medias. Hay
una diferencia sustancial en la traducción del final de este
texto entre la B.L.A. y la R.V.66. La B.L.A. traduce este texto como:
"no surgirá dos veces la angustia"; mientras que la
R.V.66 traduce: "no tomará dos veces venganza de sus enemigos".
Quizá la diferencia radique en la perspectiva que el traductor
toma sobre el receptor del poder, por un lado la angustia, por el otro
el enemigo. Pero la idea, sea lo que sea, en que se basa la recepción
del castigo de Dios, es que el poder de Dios acaba de forma completa
con el motivo que origina el pecado. Juzga y no vuelve a surgir.
Una advertencia seria y solemne, en esta sección es la que nos
invita a la conclusión de que con Dios no se puede jugar. Dios
derrama un juicio que es eficaz para erradicar las raíces del
pecado, y esto es muy doloroso. Doloroso para aquellos que están
revelándose contra el Señor y que en su día serán
los receptores del juicio de Dios.
3. Un poder completo (10) La tercera idea
es la de que el poder de Dios es completo en si mismo. El poder de Dios
que hace consumación (9), el poder de Dios que consume completamente.
El poder de Dios en acción afecta a todas las áreas de
la vida, erradica el pecado en su totalidad.
Cuando Dios actúa, es para que
su obra quede consumada, cuando Dios juzga el pecado, lo hace de tal
manera que ya no hace falta más ofrenda por el pecado (Heb. 10:18).
Cuando Dios entra en juicio contra Nínive, por el pecado de este
pueblo, hace una completa obra, y nunca más tendrá que
dictaminar el juicio sobre Nínive, por que no se volvió
a levantar la impiedad en esta ciudad, ni la ciudad volvió a
surgir. Cuando Dios en la persona del Hijo, muere en la cruz del Calvario
exclama: "Consumado es" (Jn. 19:30). Ya no hay más
necesidad de sacrificios ni ofrendas por el pecado, pues, la obra del
poder de Dios, ha sido consumada y el pecado ha sido sentenciado y derrotado
por Cristo en la cruz.
Al enfrentarnos ante el poder completo
de Dios tenemos que reconocer que el cristiano, aquel que ha depositado
su confianza en Dios y la obra de Cristo, aquel que ha sido perdonado
y redimido por la sangre del Cordero de Dios; está completamente
perdonado. Dios ha saldado todas nuestras deudas por medio de Cristo
y nadie nos puede ya condenar (Ro. 8:33-34). Estamos en Cristo, cobijados
bajo el poder de Dios, y no es necesario más sacrificios, esfuerzos
que añadir a la obra de Cristo. Todo cuanto los hombres tienen
que hacer para ganar el cielo, es un esfuerzo por decir que Dios es
un mentiroso y que su poder no es completo. ¡No tratemos de comprar
la gracia de Dios!
4. Un poder retributivo (11, 14b) En cuarto
lugar, en este pasaje descubrimos que el poder de Dios es un poder retributivo.
El poder de Dios que castiga al hombre se derrama contra aquellos que
se han erigido en contra de Dios. Aquellos que se esfuerzan por ir en
contra de Dios, marcando su propio camino, siguiendo sus propios impulsos,
y adorando a imágenes hechas con manos de hombres.
El poder de Dios es la expresión
de su celo, de su santidad y de su justicia. Es decir, es su acción
de vindicar para si la gloria que solo a él le corresponde y
que los hombres no quieren darle.
La pregunta que me planteo de forma personal es: ¿Está
el pueblo de Dios dando gloria a su Dios?. ¿Somos los creyentes
responsables a la hora de actuar, conscientes de que nuestra responsabi1idad
es dar gloria a Dios en todo?. Dios demandará de nuestras manos,
todo cuanto hallamos hecho y que no le halla dado la gloria que solo
él se merece.
5. Un poder irresistible (12a) En quinto
lugar, notamos que el poder de Dios es irresistible. Ni el vigor, ni
el número, ni todo aquello que para los hombres es sinónimo
de poder, servirá para enfrentar el poder de Dios.
En cuantas ocasiones el hombre se enfrenta
a Dios, se pone delante de Dios y decide en ir en contra del mismo.
"Cree en ti mismo", 'conócete a ti mismo". "
el poder está en ti"; y otros muchos, son lemas de nuestra
sociedad, una sociedad no muy distinta en el fondo a la ninivita, que
lejos de mirar a Dios, ha centrado todo su afán en este mundo
y su atractivo pasajero. Cada uno piensa en sus recursos, cada uno quiere
defender su parcela de poder y autoridad.
Pero que necia es esta actitud, pues,
¿qué puede hacer el hombre delante de aquel que es Creador
de todo, y quien controla absolutamente todo, humanidad incluida? ¡No
pretendamos resistir a quien es irresistible!
6. Un poder real (14) El poder de Dios
es real. Es un poder determinado, ya marcado y dispuesto para la acción.
A veces, pensamos que Dios no actuará, que tarda tanto que lo
que demuestra es que no quiere actuar. Pero esta no es la realidad,
en su tiempo, de acuerdo con sus modelos, Dios actuará cuando
sea necesario. Actuó sobre Nínive, lo hizo en el diluvio,
lo hizo en Sodoma y Gomorra; lo hará al final de los tiempos.
Lo que ocurre es que Dios quiere otorgar su día de gracia a una
humanidad expuesta ante el tremendo juicio de Dios.
Dios derramará su poder en un día
que él ya ha determinado, no seamos insensatos, sino seamos sobrios
y prudentes, preparados para cuando este día llegue.
7. Un poder protector (12b) Pero el poder
de Dios que es una amenaza para aquellos que se oponen, es también
un poder protector para con su pueblo. Al mismo tiempo que Dios castiga
a Nínive, está defendiendo a Israel que estaba oprimido
bajo Nínive.
El poder de Dios se manifiesta como un
baluarte, como un muro en defensa de los suyos. "El ángel
de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende"
(Sal. 34:7) Y esto es lo que estaba experimentando Judá. Un pueblo
desanimado, sin fuerzas, sin esperanza, encuentra en Dios la salida
a una situación sin solución.
Dios es el que protege en el día
de hoy a los que confían en él. Es quien está preparado
para proteger a su pueblo, la iglesia; y a cada uno de sus hijos, los
creyentes. Esta realidad la enfatiza el apóstol Pablo cuando
escribe: "¿Quién nos separará del amor de
Cristo?... ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de
Dios..." (Ro.8:35-39). No hay nada que pueda superar a la protección
completa que tenemos en Dios.
¿Por qué entonces, en tantas
ocasiones vivimos amedrentados y hundidos ante las circunstancias?.
No porque Dios nos falle, sino porque en múltiples ocasiones,
nosotros no creemos a las promesas de Dios. Si Dios es el Todopoderoso,
¿quién o qué puede estar por encima de él?
NADIE ni NADA.
8. Un poder liberador (13, 15b) El poder
de Dios es también un poder que trae libertad a aquellos que
estaban bajo el yugo de la opresión. El Señor rompe el
yugo que era Asiria para la nación de Judá; el Señor
rompe todas las ataduras que limitaban a Judá, tanto de miedo,
como de ataduras externas; y el Señor derrama una completa libertad.
"Mira, es la voz del Señor a Judá, no ves venir va
al emisario de la paz sobre los montes". En un sentido real y literal,
aún no veían la libertad de Dios; pero como Dios ya había
dictado su juicio, su sentencia era firme, la certeza era que la libertad
de todos los enemigos y de todas las ataduras de la carne estaba al
llegar.
Dios quiere que el hombre sea completamente
libre de todas las ataduras de su egoísmo y del pecado; por ello
ha juzgado y sentenciado al pecado y a Satanás; para que nosotros
seamos completamente libres. Libres del yugo del pecado, ya no somos
siervos del pecado; pero libres también de las ataduras de los
hábitos y el mal que mora en nosotros (Ro. 7:21). una libertad
que nos arranca de esa experiencia que relata Pablo en Romanos 7 y que
le lleva a gritar: "¡Miserable de mí! ¿Quién
me librará de este cuerpo de muerte?" (Ro. 7: 24). La respuesta
a la pregunta agonizante del apóstol, la misma que podemos planteamos
nosotros al reconocer que no podemos hacer el bien que quisiéramos
hacer; es que Cristo nos libera también de las ataduras de este
cuerpo de muerte cuando resucitemos de acuerdo con su imagen en la gloria.
¿Qué esperanza más gloriosa podríamos esperar?
Dios colma todas las ansias del corazón humano.
9. Un poder pacificador (15a) En último
lugar. el poder de Dios es un poder que busca traer la paz. Traer paz
a hombres que estaban enfrentados con Dios, traer paz a corazones turbados
por la angustia. Traer paz a vidas atormentadas por los miedos a un
futuro incierto.
Dios es el Dios de la paz. y es su deseo
que todos los hombres estén en paz con él y como consecuencia
de esto en paz consigo mismos. La raíz de los conflictos que
nos rodean es que el hombre no está a bien con Dios y por ello
no está en paz consigo mismo, y por ende, no está en paz
con sus prójimos. Dios quiere solucionar este conflicto y para
ello envía a su Hijo a morir en la cruz para que por medio de
esta obra, podamos ser reconciliados con Dios, puestos a bien con Dios,
podamos tener paz (Ro. 5:1: Col. 1:20).
¿Sentimos la paz de Dios en nuestras
vidas? ¿Vivimos la paz de Dios en nuestras relaciones? Que pobre
es la vida de la iglesia de Dios, cuando esta no puede disfrutar del
gran regalo de la paz que Dios nos ha ofrecido.
Algunas reflexiones sobre este capítulo
o El pueblo de Dios precisa urgentemente
redescubrir a un Dios tan grande como es Jehová, y vivir vidas
consecuentes a la luz de la relación renovada por medio de la
sangre de Cristo.
o El pueblo de Dios precisa urgentemente
redescubrir el poder de un Dios tan grande como es Jehová, y
experimentar este poder en sus vidas por medio de la oración.
o El pueblo de Dios precisa urgentemente
redescubrir la gratitud y adoración imprescindibles ante un Dios
tan grande.
o El pueblo de Dios necesita despertar
ante la necesidad de una sociedad expuesta ante la ira de Dios que vendrá.
El pueblo de Dios precisa urgentemente
redescubrir la severidad de Dios para vivir vidas a la sombra del temor
de la santidad de Dios.
Eduardo carnero

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