|
|
|
Siguiente
|
 |
|
Publicado el 27 de Marzo del 2001
El Libro de Nahum (II de X)
El Juicio Anunciado (cap.1)
Hablar de la severidad de Dios no está
de moda. Creo que en ninguna generación, ni sociedad, ha sido
uno de los temas más queridos. Nos agrada hablar del amor, nos
encanta la misericordia, nos estimula su bondad, pero su justicia. ¿Es
necesario hablar de la severidad de Dios en este tiempo?¿Necesita
la iglesia enfrentarse ante la realidad del Dios que es severo y disciplinador?
Desde luego que si. La justicia es un atributo
de Dios tan vital como su amor. Pero al hablar de la severidad de Dios
tenernos que considerar su santidad, pues su severidad, como consideraremos
más adelante es un reflejo de la santidad de Dios, un Dios santo
que no puede dejar el pecado sin su castigo correspondiente y merecido
(1:3).
Pero mucho más, considerar un tema como
el de la severidad de Dios en un determinado momento de la historia,
sobre un determinado pueblo, debe servirnos a nosotros, viviendo en
una situación histórica, social y cultural muy diferente,
para damos cuenta de que no podemos jugar con Dios. La iglesia de hoy
precisa reconocer que Dios tiene celo de su Nombre, de su causa y de
sus hijos, y es por ello que va a juzgar, como lo hizo con Nínive,
a todos aquellos que tomen su nombre en vano, sin reconocerle como él
se merece. La forma, el momento, los medios para tal demostración
de la justicia divina, solo él los sabe; la realidad podemos
reconocerla cada uno de nosotros ahora, Dios juzgará.
A la hora de determinar el juicio cierto sobre
toda la ciudad de Nínive, con todo lo que en ella se representaba,
el profeta, transmitiendo la voz de Dios. quiere enfrentar a los receptores
de la profecía con dos realidades fundamentales para la vida
y desarrollo de los hombres ante Dios. En primer lugar, el hombre debe
de reconocer el carácter de Dios en todo su esplendor y grandeza.
Pero tras considerar este carácter, el hombre debe de ser consciente
del poder de Dios.
Dentro de todo esto, va
en este primer capítulo, notamos con claridad, como hay dos grupos
de personas que reciben esta profecía, y para los cuales el mensaje
de la misma es distinto, dependiendo de la relación que cada
uno tenga con Dios. Para unos el mensaje de Nahum es un mensaje de desesperanza,
lúgubre, sin gozo por ninguna parte; estos son los que caminan
durante su experiencia dando la espalda a Dios, depositando su confianza
en poderes y fortalezas que paso a paso se irán derrumbando ante
la acción de juicio de Dios. Para los otros, los que son el pueblo
de Dios, para quienes Dios es la única esperanza que queda para
sus frustraciones y derrotas, el mensaje de juicio sobre el opresor,
se torna en un grito de esperanza ante la realidad de un Dios que es
fortaleza de los que esperan en él, un Dios que es bueno, y que
coima todas las ex ectativas de sus vidas.
A. El carácter de Dios manifestado (2-7)
El carácter tiene que ver con aquellos
rasgos peculiares de Dios, que dependen de su naturaleza esencial, y
que nos presentan la forma de actuar del mismo, así como su manera
de pensar. El carácter surge desde lo más profundo de
la voluntad, es decir, de la capacidad de tomar decisiones morales acordes
con los conceptos éticos esenciales de Dios; así como
de sus atributos, que delimitan las pautas de su acción con respecto
a la humanidad.
Es por ello que Dios, por medio de la pluma
del profeta, quiere presentar sus credenciales. Quiere decir a Nínive
en primer lugar. a Judá en el contexto más amplio, y a
todos nosotros por extensión, que él tiene que actuar
en respuesta a las actitudes del hombre. Dios no está ausente
de la esfera de la vida del hombre. Muchos pintan a Dios como alguien
lejano y despreocupado de lo que cada ser humano haga o deje de hacer;
alguien con un carácter apocado incapaz de actuar ante tanta
corrupción o alguien indiferente ante el destino de la humanidad.
Pero este no es el Dios de Nahum; sino que Nahum presenta a un Dios
presente. cuya presencia estremece los cimientos de la tierra (1:5-6);
un Dios cercano y que conoce al hombre (1:7); pero sobre todo, Nahum
presenta a un Dios que reclama la dignidad que los hombres le han tratado
de usurpar, al rechazarle y ponerle al margen de su experiencia.
Vamos a considerar el carácter
de Dios que nos presenta esta profecía, en estos primeros versículos,
desde los dos lados en que lo presenta el profeta. En primer lugar,
el carácter de Dios en lo que respeta a aquellos que son sus
enemigos; y en segundo lugar, el carácter de Dios en lo que respeta
a su pueblo, es decir, los que confían en él.
a. El carácter de Dios para con sus enemigos (2-6)
1. El Dios celoso (2). La primera imagen que se nos presenta de Dios
es la del Dios celoso. Los celos son una actitud emotiva que normalmente
en nuestra esfera asociamos con algo impulsivo y temperamental que termina
por daflar relaciones y a personas. Los celos están caracterizados
por la pasión y el ardor puestos contra la causa o persona que
los produce. Pero Dios se presenta a si mismo como un Dios celoso, un
Dios que en la relación con Israel, reflejada como en el ambiente
del matrimonio, ocupa el lugar del esposo celoso de su mujer.
Dios es celoso y santo, por lo cual el celo
en si mismo no es algo malo, sino que lo que hace algo malo al celo
son las motivaciones que lo impulsan. Dios es celoso porque es santo.
Dios es celoso, porque en su santidad no puede tolerar que se atente
contra su honor, no puede tolerar que la humanidad se desvíe
del único camino correcto, por eso que un día el celo
del Señor vindicará definitivamente su causa. Dicho de
otra forma, el celo de Dios es su preocupación por mantener su
santidad, y que esta se vea reflejada en la vida de su pueblo.
Es por ello que a lo largo del A.T. nos encontramos
con distintos incidentes que nos hablan de como Dios movido a celos,
actúa de forma especial en la historia de la humanidad, en la
historia de su pueblo Israel y pone orden, para reflejar su santidad.
Pero estas acciones son solo el reflejo de la final y total demostración
del celo de Dios por su Nombre que se producirá en el juicio
final.
En el N.T. no se menciona este rasgo del carácter
de Dios. Ya no se le presenta como el Dios celoso, sino que esta responsabilidad
Dios la pone en su Hijo (Jn. 2:17), él es quien está trabajando
en los asuntos de su Padre, él es quien reclama la dignidad que
solo Dios se merece, él es quien juzgará, pues Dios ha
dado todo el juicio al Hijo (Jn. 5:22). La deidad de Jesús se
refleja en este hecho, en que todos deben honrar al Hijo de Dios, como
al mismo Dios (Jn. 5:23). Pero este encargo de velar por la dignidad
y la honra de Dios es encomendado a los hijos de Dios, aquellos que
han de demostrar un "celo santo" hacia la santidad de Dios
y la ocupación en el reino de Dios (2ªCo.7:11; 9:2; 11:2).
Es decir. Dios ha dejado la dignidad de su Nombre, la exaltación
de su santidad, y la grandeza de su reino en nuestras manos; para que
todos aquellos que nos rodean glorifiquen a Dios al ver nuestra conducta
(1ªPe. 2:12).
Al considerar esto mi ser entero se estremece,
¿cómo puede Dios esperar tanto de mi?, ¿cómo
puedo yo vivir la vida cristiana con tanta ligereza?. La confianza que
Dios deposita en su iglesia excede los limites de cualquier razón.
Pero es una confianza real y que un día reclamará de cada
miembro de su pueblo/ como nos hemos comportado con respecto a este
solemne encargo. El concepto que el mundo que nos rodea va a tener de
nuestro Dios depende de lo que vean reflejado en nuestro ser de este
Dios a quien decimos servir. ¿Como podemos predicar a un Dios
de amor, cuando lo que los demás ven en nosotros, en nuestras
relaciones son desavenencias de todo tipo?. ¿Cómo podemos
esperar que crean a un Dios santo cuando nuestras vidas están
llenas de inmoralidad?. ¿Cómo pueden depositar su confianza
en un Dios en quien nosotros no confiamos para contarle nuestras luchas?.
Y muchas otras cuestiones que nos podemos plantear.
Una pregunta que nos puede hacer reflexionar
y que necesitamos planteamos es: ¿Es prioridad en mi vida el
concepto que otros tengan a Dios a través de mis acciones? ¿Es
prioridad en mi vida hacer la voluntad de Dios y agradarle en todo o
esto es solo una opción?
2. El Dios vengador (2) La venganza es la satisfacción que se
toma por los daños infligidos por otro. En la esfera humana,
la venganza tiene una connotación negativa, pues, siempre la
tendencia natural del ser humano es a que la venganza sea mucho mayor
que el agravio que retribuye. Por ello la connotación errada
de la venganza nos hace pensar en algo desproporcionado e injusto.
Pero en Dios vemos reflejada la cualidad justa
y equilibrada de la venganza, la venganza en su justo valor. Ahora bien,
la venganza divina podemos considerarla desde dos perspectivas: la venganza
punitiva que es la acción de Dios juzgando el pecado, y la venganza
judicial, la venganza que surge del juicio divino dictado y sellado,
que en un amplio sentido afecta a toda la humanidad: "La paga del
pecado es muerte" (Ro. 6:23). Todo aquello que no se ajusta a la
santidad de Dios es pecado, y todo ello está penado judicialmente
con la muerte.
Pero en Nahum nos encontramos con la venganza
punitiva, es decir, la retribución que Dios da sobre todos aquellos
que son sus adversarios (2), sus enemigos (2), los culpables (3). Esta
retribución es algo que Dios puede realizar pues le corresponde
de pleno derecho (Dt. 32:35; Ro. 12:19...). Dios tiene este derecho
por que él es el Creador y Dueño de todas las cosas; por
que él es Dios, completamente Santo: y porque él es en
todo momento el que es ofendido por el pecado y el rechazo de todo ser
humano.
Pero en contraste con el carácter de
Dios, lo que Dios mismo demanda de su pueblo, no es que sea vengativo
con todos los que le rodean, no es que sean hombres y mujeres que vayan
buscando satisfacción en cada esquina de su caminar; sino que
lo que Dios pide de su pueblo es que aprendamos a encomendar la causa
en sus manos, que esperemos a que su juicio justo, en su día
marcado, efectúe las veces de venganza (Lc. 18:7). Es de esto
que el mismo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios fue el ejemplo
que nosotros debemos imitar (1ªPe. 2:23). Lo que de nosotros reclama
el Señor es que sepamos esperar, y mientras tanto pagar con bien
el mal, haciendo bien a todos los hombres (Ro.12:19ss.).
Es triste pensar en hijos de Dios con ansia de venganza.
Es triste pensar en panes del pueblo de Dios que habiendo perdido totalmente
de vista a Dios se encierran en luchas fratricidas. Es triste pensar
en personas dentro del pueblo de Dios, que preocupadas por su propio
mundo, su propia forma de ver las cosas, su propio concepto, lejos de
seguir las pautas de Dios, lo único que hacen es buscar la creación
de facciones, buscar la destrucción del hermano por medio de
la crítica, buscar crear conflicto en el seno del pueblo de Dios
para satisfacer su sed de reconocimiento personal. ¡Ojo! Dios
es vengador y suya es la venganza, y él no pasará por
alto actitudes dentro de su propio pueblo que han buscado y buscan desestabilizar
la vida del pueblo de Dios.
3. El Dios irascible (2, 6) El tercer aspecto que se nos presenta del
carácter de Dios es que es irascible (B.L.A.) o lleno de indignación
(R.V.66). Ambos conceptos son similares, pues nos presentan la ira corno
resultado de la ofensa recibida por medio de otra persona y sus actos.
Hay un término griego que describe ambos términos, que
es "aganaktesis" el cual, se refiere originalmente a un fuerte
dolor o irritación física; posteriormente ha ido derivando
hasta significar esta indignación que es el resultado de un fuerte
dolor moral.
La ira, tanto como la venganza y el celo de
Dios, descubre en Dios su correcto y más amplio significado.
La ira es correcta cuando son correctas las motivaciones que la producen.
En Dios, vemos que su ira es el resultado de las provocaciones externas
que recibe. A lo largo de la Escritura podemos ir descubriendo varias
de estas provocaciones que causan la ira de Dios:
o La ira de Dios se revela contra su pueblo
cuando este desprecia su amor y quebranta su ley (20Cr. 36:11-17)
o La ira de Dios se revela contra aquellos
que oprimen al pueblo de Dios (Jl. 3:2)
o La ira de Dios se revela contra la idolatría,
la maldad y la arrogancia humana (Is. 13:11)
o La ira de Dios se revela contra toda
impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la
verdad de Dios (Ro. 1:18)
o La ira de Dios se revela sobre los hijos
de desobediencia por el pecado y rebelión que dominan en sus
vidas (Ef. 5:5-6)
La ira de Dios es siempre un resultado
justo por la rebelión humana pero no es algo inmanente de su
persona como puede ser el amor. Dios es amor, pero Dios no es ira, sino
que se llena de indignación ante la ceguera y los desvaríos
de esta humanidad.
La ira de Dios tiene una finalidad clara. No
es como nuestra ira que busca dañar, sino que en Dios vemos que
la finalidad de su ira es que la gloria sea dada de una forma real a
quien la merece, que es él mismo: pero también la ira
de Dios quiere castigar el pecado buscando al mismo tiempo el arrepentimiento
del pecador. Dios ama al individuo, y solo es en casos extremos, como
es Nínive, como será al final de los tiempos, que la paciencia
del Señor, quien es lento para la ira (3) se verá forzada
a destruir al pecador. Pero la pauta normal de Dios es dar oportunidad
y buscar el arrepentimiento de aquellos que están bajo la amenaza
de la ira de Dios.
Una advertencia seria es esta para el
pueblo de Dios en el día de hoy. Dios derramará su ira
sobre el pecado. Esta es una realidad inevitable, en medio de su pueblo,
en la vida de cada hijo suyo, si hay pecado Dios lo castigará.
Esta es una advertencia solemne y estremecedora que debe producir en
nosotros un vivo celo por acudir delante de él con nuestras debilidades
para confesar cada día nuestras faltas. No podemos, el pueblo
de Dios, los hijos de Dios, quedamos tranquilos con actitudes o hábitos
pecaminosos de nuestras vidas, pues Dios los demandará de nosotros.
Pero al mismo tiempo es un consuelo, pues,
nos llena de gozo saber que hemos sido librados por Cristo de la ira
venidera, y sabemos que nadie ya nos podrá separar de esta relación
renovada con Dios, siendo la disciplina divina en nuestras vidas una
demostración de su amor y preocupación por nosotros.
La preocupación real, al considerar
este tema de la ira de Dios, cae sobre aquellos que están expuestos
a la misma, sin un refugio seguro donde ampararse, sin una esperanza
a donde asirse de cara al día de la manifestación de la
justa ira de Dios, un día que en el calendario de Dios ya está
marcado.
4. El Dios paciente (3) En cuarto lugar. en medio de la presentación
del Dios que tiene un vivo celo por su santidad, que se venga de sus
enemigos y que se llena de indignación ante el desprecio de los
hombres, el profeta se para un momento para hacernos recapacitar en
otra cualidad esencial del carácter de Dios como es su paciencia.
Es cierto que Dios es como antes se le ha descrito, pero desde luego
que no se precipita en sus decisiones y mucho menos en sus acciones.
Él tiene su tiempo y actúa en el justo momento.
La paciencia es la capacidad de saber sufrir
y tolerar las "adversidades" durante el tiempo que sea necesario,
hasta que llegue el momento adecuado para solucionarlas. Por esto, la
ira y la venganza de Dios son justas, por que no son reacciones impulsivas.
sino reacciones necesarias en su justo momento.
La pregunta que nos podemos plantear puede
ser: ¿Cómo Nahum, un libro de juicio y castigo, puede
ser la revelación de la paciencia de Dios?. Pues es la revelación
de la paciencia de Dios, de su lentitud para la ira, pues aun a pesar
del rechazo que la ciudad de Nínive estaba realizando contra
Dios, Dios les da una nueva oportunidad a través de la advertencia
de Nahum. El Dios paciente que está siendo rebajado y blasfemado
en esta ciudad, que había aceptado el mensaje de Dios y se había
arrepentido años antes, lejos de destruirles como se merecían,
les envía un nuevo profeta para darles una última oportunidad.
Muchas veces el hombre juega con la paciencia
de Dios. Creemos que la paciencia de Dios no tiene fin. En un sentido
la paciencia de Dios es infinita, pues soporta lo inimaginable. Pero
en otro sentido su paciencia tiene un límite temporal, pues,
su justicia requiere el castigo por el pecado. Y pensamos que Dios aún
nos dará una nueva oportunidad, de que volverá a advertimos
por el pecado, de que aun hay tiempo de arrepentirse. Quizá en
Nínive hubiese alguien que ante el mensaje de advertencia de
Nahum estuviese pensando que aun estaba muy lejos de ellos, quizás
este juicio tocase a otra generación, por lo cual aun tenían
tiempo para "divertirse" y luego al final de su vida arrepentirse.
Pero no lo tuvieron, quizás Nahum sea de las profecías
con un cumplimiento más inminente.
¿No habrá algún área
de nuestra vida en la cual estemos jugando así con la severidad
de Dios? Dios es paciente, y da tiempo y oportunidades para que de forma
libre volvamos a él, pero su tiempo tiene un momento marcado
en que su espera concluirá, un tiempo que nosotros no conocemos,
un tiempo que puede ser ya. ¿No es preferible vivir siempre a
bien con Dios?
5. El Dios justo 3 En su desarrollo del carácter de Dios, el
profeta enfatiza una idea que solapadamente se estaba expresando en
todos los conceptos anteriores; Dios es justo. Dios no puede permitir
que el culpable quede sin castigo por que su justicia lo impide y por
que su santidad lo demanda.
La justicia es la rectitud de conducta que
se ajusta en todo momento a las condiciones de una relación determinada.
Así, que la justicia de Dios es la manifestación constante
de la fidelidad de Dios consigo mismo y con su pacto establecido con
los hombres. Dios siempre cumple su parte. y el incumplimiento que viene
del hombre requiere ser juzgado y sentenciado.
Por ello podemos leer este texto como: "Dios
no dejará impune al que transgreda la ley del pacto". El
autor de Hebreos, al hablar de nuestra responsabilidad ante el evangelio
recuerda que: "...toda transgresión y desobediencia recibió
justa retribución,..." (Heb. 2:2). Esta infracción
no es ni más ni menos que el pecado, pues el pecado es la infracción
de la ley de Dios, el no cumplir con ella (1ªJn. 3:4). El carácter
de Dios requiere, pues, que el pecado sea juzgado, con su paga correspondiente
y única: "la paga del pecado es muerte" (Ro. 6:23).
El momento, lugar y forma de la ejecución de esta sentencia corresponde
a Dios, lo real es que cada individuo tendrá que enfrentarse
con la justicia de Dios.
Es por ello, que cuando nos enfrentamos
a una profecía como es Nahum, tenemos que reconocer que Dios
es justo, que él no pasa por alto el pecado, que él juzgará,
a su tiempo 61 reclamará de cada ser humano lo que en su día
reclamó de Nínive derramando la ira de su justicia sobre
esta ciudad.
Pero desde luego, al considerar esta idea,
nuestras mentes no pueden pasar por alto la escena de la cruz. La imagen
del Calvario se hace tremendamente vívida en este texto. La justicia
de Dios reclama castigo justo para el culpable. Reclama que cada uno
de nosotros deberíamos al igual que Nínive asumir el coste
de nuestras transgresiones y pagar la deuda; pero es ahí donde
el amor y la provisión de Dios se hacen patentes en nuestra experiencia
al proveer un sustituto; al proveer a Aquel que pagó nuestra
deuda. que ocupó nuestro lugar, que nos cubrió de la ira
de Dios que caería en su momento sobre nosotros. Dios no puede
pasar por alto su justicia y por ello es él mismo quien entrega
a su Rijo unigénito para satisfacerla muriendo por nosotros en
la cruz del Calvario.
Pero ¿Nínive no tuvo esta oportunidad?
Claro que si la tuvo. Al igual que en los días de Jonás,
cuando este entró en Nínive y comenzó a gritar:
"De aquí a cuarenta días Nínive será
destruida" (Jon. 3:4). En aquel momento los moradores de Nínive
creyeron a Jehová, se arrepintieron (Jon. 3:5-9) y Dios no hizo
el mal que pensaba derramar sobre Nínive (Jon. 3.10). En este
momento, para una ciudad que conocía ya la forma de actuar de
Dios, la oportunidad estaba dispuesta, creer a Dios, arrepentirse ante
Dios y buscar la provisión de Dios. Pero lejos de hacerlo esta
ciudad tramó contra Jehová (9, 11), se refugió
en sus dioses (14), y confió en su vigor (12 B.L.A.)
La justicia de Dios se derrama sobre aquellos
que no reconocen su condición real, que quieren vivir su propia
experiencia y "libertad", y que creen que por si mismos pueden
enfrentar cualquier conflicto. Por lo cual, de forma consciente o inconsciente,
lanzan un reto a Dios: "Si puedes, castígame.".
6. El Dios autoritario (4-5) La sexta expresión del carácter
de Dios que presenta el profeta es la del Dios que tiene autoridad.
Es el Dios que tiene el control sobre todas las cosas que él
mismo ha creado. Es el Dios que pone orden y concierto, que recibe la
obediencia absoluta de toda la creación.
Es una invitación más a la reflexión
de pueblo expuesto ante el juicio de Dios. Si Dios tiene el control
de los elementos, si Dios puede controlar la naturaleza inalcanzable
para el hombre, ¿cómo no va a tener derecho sobre los
hombres?
o Dios tiene autoridad porque es el Creador
de todo.
o Dios tiene autoridad porque es el Dueño
de todo.
o Dios tiene autoridad porque es el Sustentador
de todo.
o Dios tiene autoridad porque es el Dios
único.
o Dios tiene autoridad porque es quien
gobierna la voluntad humana
¿Quién puede alzar su voz contra
este Dios? ¿Quién puede contender contra la sentencia
de Dios?. Dios tiene autoridad sobre todo porque está muy por
encima de todo y todos. Dios tiene el control en este mundo, él
está muy presente. Aun cuando admitimos que Dios permite al hombre
una plena y completa libertad en los años que viva sobre esta
tierra, libertad de acción y decisión, el hombre tiene
que reconocer que es Dios quien ha marcado los limites de su habitación
y prefijado el orden de los tiempos (Hch. 17.26). Dicho de otra forma,
Dios marca las directrices de nuestra vida, y es dentro de estas directrices
donde yo puedo actuar con libertad. Ningún hombre tiene libertad
para no morir, ningún hombre tiene libertad para no envejecer;
hay unas pautas marcadas que no podemos romper. 4hora hay otras que
son elegibles; tengo libertad para aceptar o rechazar a Dios, por ejemplo.
Pero incluso en aquello en lo cual yo tengo
libertad, tengo que asumir que todas mis decisiones tienen consecuencias
eternas. Con Dios o sin Dios es mi decisión, pero yo no puedo
cambiar el efecto que mi decisión tendrá en mi futuro.
Si decido vivir sin Dios tendré que enfrentarme ante su juicio,
si decido vivir con Dios tengo el cielo delante. ¿Quién
soy yo para intentar desvirtuar y romper los eternos designios de Dios?
Este principio de la autoridad máxima
de Dios es aplicable a todas la áreas de nuestra vida, tanto
personal, social, como eclesial. Dios tiene unos propósitos que
en el tiempo va a ir marcando, ¿quién soy yo para ponerme
por encima de ellos y por lo tanto de Dios mismo?
Hubo varios momentos en la historia del pueblo
de Israel, donde los hombres intentaron imponer sus criterios por encima
de los criterios de Dios. Nm. 16 es el relato de un momento en que varios
de estos hombres, encabezados por Coré intentaron hacer esto,
con palabras que parecieran muy "espirituales", "la congregación
es santa, en medio de ellos está Jehová, pero..."
(Nm. 16:3)., El "pero" fatídico, no estaban de acuerdo
con el liderazgo nacional de Moisés y Aarón, dicho de
otra forma, no estaban de acuerdo con la autoridad de Dios para establecer
este liderazgo, querían imponer su criterios, no a Moisés
y al pueblo, sino a Dios mismo. El resultado es que Dios juzgó
la rebelión en medio de su pueblo (Dt. 16:31). En otra ocasión
el enfrentamiento fue entre Aarón, María y el propio Moisés.
En otra ocasión fue el propio Moisés, etc. Múltiples
casos en los cuales Dios tiene que reclamar que su autoridad está
por encima de la libertad humana.
La pregunta para reflexionar en nuestras propias
vidas, a la luz del carácter de Dios puede ser: ¿Estoy
viviendo completamente sumiso a la autoridad de Dios en mi vida, familia,
trabajo e iglesia? ¿o en ocasiones trato de supeditar la voluntad
de Dios a mis deseos?. La advertencia es tremenda, cuando Dios habla,
yo debo escuchar: Cuando yo he escuchado, debo açtuar.
7. El Dios presente (5-6) En séptimo lugar. y aunque suene a
algo obvio después de considerar las otras seis características
de Dios, el profeta recalca que Dios está presente en la esfera
de la vida humana.
A Dios en nuestros tiempos se le ha pintado
como alguien lejano, ausente y despreocupado por las realidades y necesidades
de la humanidad. Solo se le ha recurrido para culparle por la necedad
humana en los momentos de grandes crisis. Dios tiene la culpa, tiene
la culpa del hambre en el mundo, de los genocidios, de las muertes en
catástrofes naturales, etc. Dios no está. Incluso alguno
de los grandes "sabios" de este tiempo concluye sus reflexiones
con la célebre frase: "Dios ha muerto. Y nosotros le hemos
matado." (Nietzsche). Menudo motivo para la vanagloria de la sociedad
progresista de nuestro tiempo, "hemos liberado al hombre de la
carga de Dios". Sin embargo, y a pesar de las palabras de la sabiduría
humana, Dios sigue presente, cercano, activo y preocupado por el hombre
y sus situaciones.
Dios está presente, y ante él
la tierra se estremece en reconocimiento de su señorío.
Dios está presente, y en su presencia la tierra se levanta en
reconocimiento de su Soberanía. Dios está presente, y
el hombre no lo quiere reconocer, aunque eso si, llegará un día,
marcado en el calendario de Dios, en que toda rodilla se doblará
ante la grandeza del Dios único, vivo y cercano.
Que mayor reflejo de la presencia de Dios que
el derramamiento de su indignación. Una indignación que
como pregunta el profeta ¿Quién podrá resistir?.
Ante el momento en que Dios derrama su juicio no habrá nadie
que pueda mantenerse en pie y decir: "Yo no merezco este castigo".
La presencia de Dios advierte de su severidad, hace estremecer al hombre,
y nadie, absolutamente nadie, en presencia de la perfecta santidad de
Dios, puede decir. "Yo soy justo".
De nuevo una advertencia para el pueblo de
Dios. Un pueblo que por su estrecha relación con Dios con frecuencia
cae en la tentación de mirar al "mundo" con desprecio,
son los pecadores, son los mendigos; pero necesitamos reconocer de nuevo,
que los hijos de Dios no somos más que nadie sobre la faz de
la tierra, sino que somos deudores de todos, debemos a la humanidad
el proclamar la presencia de Dios. La presencia de Dios que normalmente
está asociada con el juicio. con la vindicación de su
Nombre; la presencia de Dios que amenaza a aquellos que no se han cobijado
bajo la sombra de la cruz. Somos pecadores santificados, justificados,
etc. pero todavía pecadores, que gracias a Dios y a la obra de
su Hijo en el Calvario tenemos esperanza, no somos quienes de señalar
a nadie.
8, El Dios irresistible (6) La última característica
de Dios que presenta el profeta es la de que nadie podrá resistir
la indignación de Dios. Tarde o temprano, Dios hará que
toda rodilla, absolutamente toda rodilla, todo orgullo, jactancia, poder,
etc. de los hombres caiga postrado ante sus pies.
El hombre tendrá que reconocer finalmente,
por las buenas o por la fuerza, que Dios es el Señor, que él
tiene toda autoridad, que él es el único que tiene derecho
de juzgar a los hombres.
Lo triste, es que muchos se darán cuenta
tarde de esta realidad. Lo triste es que en el día en que Dios
derrarna su juicio ya no hay oportunidad de rectificar. "Oye Nínive,
dice Nahum, hoy estás a tiempo, pero cuando Dios derrame su juicio
entonces será tarde". Esta es una advertencia para todos
aquellos que esperan para solucionar sus asuntos con Dios, esta es una
advertencia para todos aquellos que no damos importancia al tiempo en
el presente. Hoy es el tiempo de solucionar conflictos entre los hermanos,
de buscar la paz con Dios completa, de confesar nuestras cargas.
Muchas veces pasamos años y años
arrastrando conflictos con los hermanos, arrastrando ataduras de pecado
personal, sin valorar las repercusiones que el mismo tiene para nuestra
vida personal y para el desarrollo de la iglesia; sin pensar en las
consecuencias de las demandas de Dios sobre nuestras vidas y su castigo
seguro. Creo que porque hemos perdido un tanto de vista la severidad
de Dios. Sí, es la severidad sobre Nínive, ¿pero
no será la severidad sobre tu propia ciudad?, ¿o sobre
tu propia vida?. Quien en este momento puede decir ante Dios: "Yo
soy completamente justo y no merezco tu severidad". Entonces, debemos
cada día acercarnos, con tremenda humildad, ante Dios, para darle
a él la gloria, para pedirle perdón por nuestros errores,
para buscar en él la seguridad completa.
B. El carácter de Dios para con los que coníian (7)
Hasta aquí hemos estado presentando
el aspecto negativo del carácter de Dios; es decir, hemos estado
viendo su relación con aquellos que son sus enemigos y el objeto
de su irascibilidad e indignación. Pero ahora, el profeta, quiere
que nos paremos un momento a pensar en el carácter de Dios que
se demuestra en su relación con aquellos que en él se
refugian (B.L.A.) o los que en él confían (R.V.66). El
cambio es radical, pues ya no tiene que ver con la severidad de Dios,
las características que se nos presentan, sino que ahora tienen
que ver con su bondad para con su pueblo, y esto es mucho más
atractivo y consolador.
1.El Dios bueno. "Bueno es el Señor", cuando nos referimos
a Dios como bueno, entendemos que la totalidad de su ser se ajusta al
ideal de la perfección. De aquí, que al hablar de la bondad
de Dios, la idea fundamental que tenemos que enfatizar es que él.
en todo sentido, es lo que como Dios debiera de ser, y por consiguiente
responde al ideal expresado con la palabra "Dios".
Ahora bien, el término bondad es eminentemente
un término de acción, de trato con los demás. La
bondad de Dios que es un atributo esencial de su persona, se ve reflejada
de forma palpable en su trato con sus criaturas. En este sentido podemos
definir la bondad de Dios como: ". ..aquella perfección
de Dios que lo mantiene solicito para tratar generosa y tiernamente
con todas sus criaturas". La bondad de Dios se manifiesta hacia
sus criaturas por medio de algunos de sus atributos más consoladores
como son:
o El amor de Dios. Es la demostración
en carácter superlativo del Dios que es bueno. Esta perfección
del carácter de Dios le impulsa a comunicarse con el hombre,
a estrechar los lazos de relación, a compartir con el hombre
las necesidades de este y solucionar los problemas fundamentales del
ser humano.
o La gracia de Dios. La gracia es otra
de las demostraciones de un Dios que es bueno para con su pueblo, para
con los que le buscan. Es ese regalo gratuito de la generosidad divina,
hacia alguien que no tiene derecho a reclamarlo. Cuando la Biblia se
refiere a la gracia lo hace en cuanto a la inmerecida bondad o amor
de Dios para quienes se han hecho indignos de ella, y que por naturaleza
están bajo sentencia de condenación.
o La compasión de Dios. Este es
otro aspecto importante de la bondad de Dios para con aquellos que confían
en él. Podemos definir la compasión de Dios como su bondad
hacia los que se encuentran en miseria y angustia espirituales, sin
llegar a tomar en cuenta que se lo merezcan o no.
o La paciencia de Dios. Con la paciencia
designamos a otro de los aspectos da la bondad de Dios en acción
hacia los que en él confían. La paciencia es aquel aspecto
de la bondad de Dios en virtud del cual él soporta al pecador
aun a pesar de su persistente desobediencia. Dios ve al pecador permaneciendo
en su pecado, aun cuando ha habido advertencias y amonestaciones y,
sin embargo, espera dando una nueva oportunidad.
2. El Dios protector. La segunda imagen de Dios que se refleja de su
trato con los que confían en él, es que Dios es fortaleza
en el día de la angustia.
En los tiempos de Nahum, la fortaleza era parte
fundamental de la imagen de una ciudad. La muralla era esencial para
que una población fuese considerada ciudad, y al mismo tiempo
ofreciese un mínimo de seguridad a sus moradores. La muralla
era el símbolo de la identidad y en muchas ocasiones de la seguridad
y estabilidad social. Mucho más en una época en la cual
Judá, estaba siendo constantemente asaltada por las bandas de
merodeadores provenientes de Nínive. Un pueblo inseguro, un pueblo
atemorizado por el opresor, un pueblo que no tenía a donde asirse.
Es a este pueblo, al cual se le han agotado
las fuentes de estabilidad y confianza, que el Señor se dirige
para decirles: "Yo soy tu protector". "Venid a mi",
les dice el Señor, "con vuestros temores, cargas y debilidad,
que Yo seré quien os dé la estabilidad y seguridad que
anheláis."
Dios es la fortaleza, la única fuente
de seguridad y estabilidad de los que confían en él, porque
todo es efímero y pasajero en esta vida, cada cosa tiene un fin,
incluso las murallas más grandes caerán de tal forma que
no quede de ellas memoria. Nínive confiaba en sus murallas, 30
metros de altura alrededor de una ciudad que se necesitaban tres días
para recorrer (Jon. 3:3); pero unas murallas de las cuales no quedó
ni resto cuando llegó el juicio de Dios. Es solo Dios una fortaleza
sólida para el hombre que busca seguridad, es solo Dios la fortaleza
que durará por toda la eternidad y que protegerá al hombre
de los ataques, no solo de los ejércitos de las naciones alrededor,
sino de las asechanzas de Satanás.
¿Dónde está la confianza
del pueblo de Dios en el día de hoy? ¿Dónde está
depositada tu confianza y seguridad? La tremenda presión de la
sociedad acomodada en la cual vivimos, hace que cada vez más
nuestra seguridad se sostenga sobre títulos, trabajos, familia
o cuentas bancarias, más o menos estables. Pero Dios advierte
una vez más, que ante todas las fortalezas que esta sociedad
trata de levantar para representar una media de vida digna, la única
dignidad que el creyente debe buscar como fuente de su seguridad y estabilidad
es Dios, su Palabra y las promesas de Dios para cada una de nuestras
vidas. ¿Estamos dispuestos a asumir el reto de vivir así?
3. El Dios cercano. Con esta expresión enfatizamos la tercera
característica del carácter de Dios hacia los que confían
en él. El texto nos habla del Dios que conoce; el Dios que conoce
a los que son suyos.
El conocimiento de Dios es una de las
más increíbles de sus facetas. Dios nos conoce a cada
uno de nosotros que no somos nadie; él nos conoce con profundidad,
tal y como somos, con nuestras virtudes y fracasos, y aun así
nos ama. El conocimiento es una de las características esenciales
de la amistad, es decir, Dios quiere mantener una relación íntima
con cada uno de nosotros.
Cuando alguno de nosotros conocemos a algún
personaje importante o famoso de nuestro entorno, cuando este personaje
nos conoce por nombre y mantiene un cierto contacto con nosotros, nos
sentimos orgullosos de esta relación. Es un privilegio entrar
en la lista de relaciones de los famosos. Los jóvenes si es su
ídolo quien les habla, los mayores si es el personaje a quien
se respeta, no cesaríamos de hablar de esta relación.
En este sentido tenemos el privilegio de ser
personas por quienes Dios, el Rey de todas las cosas, está preocupado.
Personas a quienes Dios ama y conoce por nombre. Este es un privilegio
demasiado grande como para ser mantenido en oculto. No podemos callarnos
en ningún momento, no podemos dejar de proclamar las excelencias
de Aquel que es el Todo para nosotros.
Pero aun más, este conocimiento de Dios
hacia nosotros, esta intimidad con Dios, es la base de nuestro gozo.
Si ese famoso a quien aprecias mantuviese esta relación de amistad
contigo, estarías sumamente feliz cada vez que pudieses estar
con él. Dios está constantemente a tu lado, por eso quería
enfatizar la idea de cercanía. Él está compartiendo
nuestros momentos alegres y tristes, nuestros éxitos y fracasos,
en medio de la gente o en la más tremenda soledad, Dios siempre
está ahí. Es con esta convicción de que Dios le
conocía, que el salmista podía escribir: "Aunque
ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque
tú estarás conmigo..." (Sal. 23:4). La presencia
del Señor que ahuyenta toda sombra de temor, que nos da el valor
para seguir por todo el camino que tenemos por delante.
El Señor nos conoce, conoce a los que
realmente confían en él, está caminando a nuestro
lado, nos da seguridad y gozo. ¿Sientes en tu vida la presencia
del Señor en cada momento? ¿Es Dios la fuente única
de tu gozo, no de tu alegría o felicidad, sino de tu gozo? ¿Te
sientes con libertad para disfrutar de la intimidad que Dios te ofrece'?
¿Aprovechas esta intimidad por medio de la oración?
Siendo conocidos por Dios, vamos progresando
hacia ser como Dios, usando de los privilegios puestos a nuestro alcance.
Eduardo Carnero

|