ESTUDIOS BÍBLICOS
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Publicado el 27 de Marzo del 2001

El Libro de Nahum (II de X)
El Juicio Anunciado (cap.1)


     Hablar de la severidad de Dios no está de moda. Creo que en ninguna generación, ni sociedad, ha sido uno de los temas más queridos. Nos agrada hablar del amor, nos encanta la misericordia, nos estimula su bondad, pero su justicia. ¿Es necesario hablar de la severidad de Dios en este tiempo?¿Necesita la iglesia enfrentarse ante la realidad del Dios que es severo y disciplinador?
     Desde luego que si. La justicia es un atributo de Dios tan vital como su amor. Pero al hablar de la severidad de Dios tenernos que considerar su santidad, pues su severidad, como consideraremos más adelante es un reflejo de la santidad de Dios, un Dios santo que no puede dejar el pecado sin su castigo correspondiente y merecido (1:3).
     Pero mucho más, considerar un tema como el de la severidad de Dios en un determinado momento de la historia, sobre un determinado pueblo, debe servirnos a nosotros, viviendo en una situación histórica, social y cultural muy diferente, para damos cuenta de que no podemos jugar con Dios. La iglesia de hoy precisa reconocer que Dios tiene celo de su Nombre, de su causa y de sus hijos, y es por ello que va a juzgar, como lo hizo con Nínive, a todos aquellos que tomen su nombre en vano, sin reconocerle como él se merece. La forma, el momento, los medios para tal demostración de la justicia divina, solo él los sabe; la realidad podemos reconocerla cada uno de nosotros ahora, Dios juzgará.
     A la hora de determinar el juicio cierto sobre toda la ciudad de Nínive, con todo lo que en ella se representaba, el profeta, transmitiendo la voz de Dios. quiere enfrentar a los receptores de la profecía con dos realidades fundamentales para la vida y desarrollo de los hombres ante Dios. En primer lugar, el hombre debe de reconocer el carácter de Dios en todo su esplendor y grandeza. Pero tras considerar este carácter, el hombre debe de ser consciente del poder de Dios.

      Dentro de todo esto, va en este primer capítulo, notamos con claridad, como hay dos grupos de personas que reciben esta profecía, y para los cuales el mensaje de la misma es distinto, dependiendo de la relación que cada uno tenga con Dios. Para unos el mensaje de Nahum es un mensaje de desesperanza, lúgubre, sin gozo por ninguna parte; estos son los que caminan durante su experiencia dando la espalda a Dios, depositando su confianza en poderes y fortalezas que paso a paso se irán derrumbando ante la acción de juicio de Dios. Para los otros, los que son el pueblo de Dios, para quienes Dios es la única esperanza que queda para sus frustraciones y derrotas, el mensaje de juicio sobre el opresor, se torna en un grito de esperanza ante la realidad de un Dios que es fortaleza de los que esperan en él, un Dios que es bueno, y que coima todas las ex ectativas de sus vidas.

A. El carácter de Dios manifestado (2-7)
     El carácter tiene que ver con aquellos rasgos peculiares de Dios, que dependen de su naturaleza esencial, y que nos presentan la forma de actuar del mismo, así como su manera de pensar. El carácter surge desde lo más profundo de la voluntad, es decir, de la capacidad de tomar decisiones morales acordes con los conceptos éticos esenciales de Dios; así como de sus atributos, que delimitan las pautas de su acción con respecto a la humanidad.
     Es por ello que Dios, por medio de la pluma del profeta, quiere presentar sus credenciales. Quiere decir a Nínive en primer lugar. a Judá en el contexto más amplio, y a todos nosotros por extensión, que él tiene que actuar en respuesta a las actitudes del hombre. Dios no está ausente de la esfera de la vida del hombre. Muchos pintan a Dios como alguien lejano y despreocupado de lo que cada ser humano haga o deje de hacer; alguien con un carácter apocado incapaz de actuar ante tanta corrupción o alguien indiferente ante el destino de la humanidad. Pero este no es el Dios de Nahum; sino que Nahum presenta a un Dios presente. cuya presencia estremece los cimientos de la tierra (1:5-6); un Dios cercano y que conoce al hombre (1:7); pero sobre todo, Nahum presenta a un Dios que reclama la dignidad que los hombres le han tratado de usurpar, al rechazarle y ponerle al margen de su experiencia.

     Vamos a considerar el carácter de Dios que nos presenta esta profecía, en estos primeros versículos, desde los dos lados en que lo presenta el profeta. En primer lugar, el carácter de Dios en lo que respeta a aquellos que son sus enemigos; y en segundo lugar, el carácter de Dios en lo que respeta a su pueblo, es decir, los que confían en él.

a. El carácter de Dios para con sus enemigos (2-6)
1. El Dios celoso (2). La primera imagen que se nos presenta de Dios es la del Dios celoso. Los celos son una actitud emotiva que normalmente en nuestra esfera asociamos con algo impulsivo y temperamental que termina por daflar relaciones y a personas. Los celos están caracterizados por la pasión y el ardor puestos contra la causa o persona que los produce. Pero Dios se presenta a si mismo como un Dios celoso, un Dios que en la relación con Israel, reflejada como en el ambiente del matrimonio, ocupa el lugar del esposo celoso de su mujer.
     Dios es celoso y santo, por lo cual el celo en si mismo no es algo malo, sino que lo que hace algo malo al celo son las motivaciones que lo impulsan. Dios es celoso porque es santo. Dios es celoso, porque en su santidad no puede tolerar que se atente contra su honor, no puede tolerar que la humanidad se desvíe del único camino correcto, por eso que un día el celo del Señor vindicará definitivamente su causa. Dicho de otra forma, el celo de Dios es su preocupación por mantener su santidad, y que esta se vea reflejada en la vida de su pueblo.
     Es por ello que a lo largo del A.T. nos encontramos con distintos incidentes que nos hablan de como Dios movido a celos, actúa de forma especial en la historia de la humanidad, en la historia de su pueblo Israel y pone orden, para reflejar su santidad. Pero estas acciones son solo el reflejo de la final y total demostración del celo de Dios por su Nombre que se producirá en el juicio final.
     En el N.T. no se menciona este rasgo del carácter de Dios. Ya no se le presenta como el Dios celoso, sino que esta responsabilidad Dios la pone en su Hijo (Jn. 2:17), él es quien está trabajando en los asuntos de su Padre, él es quien reclama la dignidad que solo Dios se merece, él es quien juzgará, pues Dios ha dado todo el juicio al Hijo (Jn. 5:22). La deidad de Jesús se refleja en este hecho, en que todos deben honrar al Hijo de Dios, como al mismo Dios (Jn. 5:23). Pero este encargo de velar por la dignidad y la honra de Dios es encomendado a los hijos de Dios, aquellos que han de demostrar un "celo santo" hacia la santidad de Dios y la ocupación en el reino de Dios (2ªCo.7:11; 9:2; 11:2). Es decir. Dios ha dejado la dignidad de su Nombre, la exaltación de su santidad, y la grandeza de su reino en nuestras manos; para que todos aquellos que nos rodean glorifiquen a Dios al ver nuestra conducta (1ªPe. 2:12).
     Al considerar esto mi ser entero se estremece, ¿cómo puede Dios esperar tanto de mi?, ¿cómo puedo yo vivir la vida cristiana con tanta ligereza?. La confianza que Dios deposita en su iglesia excede los limites de cualquier razón. Pero es una confianza real y que un día reclamará de cada miembro de su pueblo/ como nos hemos comportado con respecto a este solemne encargo. El concepto que el mundo que nos rodea va a tener de nuestro Dios depende de lo que vean reflejado en nuestro ser de este Dios a quien decimos servir. ¿Como podemos predicar a un Dios de amor, cuando lo que los demás ven en nosotros, en nuestras relaciones son desavenencias de todo tipo?. ¿Cómo podemos esperar que crean a un Dios santo cuando nuestras vidas están llenas de inmoralidad?. ¿Cómo pueden depositar su confianza en un Dios en quien nosotros no confiamos para contarle nuestras luchas?. Y muchas otras cuestiones que nos podemos plantear.
     Una pregunta que nos puede hacer reflexionar y que necesitamos planteamos es: ¿Es prioridad en mi vida el concepto que otros tengan a Dios a través de mis acciones? ¿Es prioridad en mi vida hacer la voluntad de Dios y agradarle en todo o esto es solo una opción?

2. El Dios vengador (2) La venganza es la satisfacción que se toma por los daños infligidos por otro. En la esfera humana, la venganza tiene una connotación negativa, pues, siempre la tendencia natural del ser humano es a que la venganza sea mucho mayor que el agravio que retribuye. Por ello la connotación errada de la venganza nos hace pensar en algo desproporcionado e injusto.
     Pero en Dios vemos reflejada la cualidad justa y equilibrada de la venganza, la venganza en su justo valor. Ahora bien, la venganza divina podemos considerarla desde dos perspectivas: la venganza punitiva que es la acción de Dios juzgando el pecado, y la venganza judicial, la venganza que surge del juicio divino dictado y sellado, que en un amplio sentido afecta a toda la humanidad: "La paga del pecado es muerte" (Ro. 6:23). Todo aquello que no se ajusta a la santidad de Dios es pecado, y todo ello está penado judicialmente con la muerte.
     Pero en Nahum nos encontramos con la venganza punitiva, es decir, la retribución que Dios da sobre todos aquellos que son sus adversarios (2), sus enemigos (2), los culpables (3). Esta retribución es algo que Dios puede realizar pues le corresponde de pleno derecho (Dt. 32:35; Ro. 12:19...). Dios tiene este derecho por que él es el Creador y Dueño de todas las cosas; por que él es Dios, completamente Santo: y porque él es en todo momento el que es ofendido por el pecado y el rechazo de todo ser humano.
     Pero en contraste con el carácter de Dios, lo que Dios mismo demanda de su pueblo, no es que sea vengativo con todos los que le rodean, no es que sean hombres y mujeres que vayan buscando satisfacción en cada esquina de su caminar; sino que lo que Dios pide de su pueblo es que aprendamos a encomendar la causa en sus manos, que esperemos a que su juicio justo, en su día marcado, efectúe las veces de venganza (Lc. 18:7). Es de esto que el mismo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios fue el ejemplo que nosotros debemos imitar (1ªPe. 2:23). Lo que de nosotros reclama el Señor es que sepamos esperar, y mientras tanto pagar con bien el mal, haciendo bien a todos los hombres (Ro.12:19ss.).
    Es triste pensar en hijos de Dios con ansia de venganza. Es triste pensar en panes del pueblo de Dios que habiendo perdido totalmente de vista a Dios se encierran en luchas fratricidas. Es triste pensar en personas dentro del pueblo de Dios, que preocupadas por su propio mundo, su propia forma de ver las cosas, su propio concepto, lejos de seguir las pautas de Dios, lo único que hacen es buscar la creación de facciones, buscar la destrucción del hermano por medio de la crítica, buscar crear conflicto en el seno del pueblo de Dios para satisfacer su sed de reconocimiento personal. ¡Ojo! Dios es vengador y suya es la venganza, y él no pasará por alto actitudes dentro de su propio pueblo que han buscado y buscan desestabilizar la vida del pueblo de Dios.

3. El Dios irascible (2, 6) El tercer aspecto que se nos presenta del carácter de Dios es que es irascible (B.L.A.) o lleno de indignación (R.V.66). Ambos conceptos son similares, pues nos presentan la ira corno resultado de la ofensa recibida por medio de otra persona y sus actos. Hay un término griego que describe ambos términos, que es "aganaktesis" el cual, se refiere originalmente a un fuerte dolor o irritación física; posteriormente ha ido derivando hasta significar esta indignación que es el resultado de un fuerte dolor moral.
     La ira, tanto como la venganza y el celo de Dios, descubre en Dios su correcto y más amplio significado. La ira es correcta cuando son correctas las motivaciones que la producen. En Dios, vemos que su ira es el resultado de las provocaciones externas que recibe. A lo largo de la Escritura podemos ir descubriendo varias de estas provocaciones que causan la ira de Dios:
     o La ira de Dios se revela contra su pueblo cuando este desprecia su amor y quebranta su ley (20Cr. 36:11-17)
     o La ira de Dios se revela contra aquellos que oprimen al pueblo de Dios (Jl. 3:2)
     o La ira de Dios se revela contra la idolatría, la maldad y la arrogancia humana (Is. 13:11)
     o La ira de Dios se revela contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad de Dios (Ro. 1:18)
     o La ira de Dios se revela sobre los hijos de desobediencia por el pecado y rebelión que dominan en sus vidas (Ef. 5:5-6)

     La ira de Dios es siempre un resultado justo por la rebelión humana pero no es algo inmanente de su persona como puede ser el amor. Dios es amor, pero Dios no es ira, sino que se llena de indignación ante la ceguera y los desvaríos de esta humanidad.
     La ira de Dios tiene una finalidad clara. No es como nuestra ira que busca dañar, sino que en Dios vemos que la finalidad de su ira es que la gloria sea dada de una forma real a quien la merece, que es él mismo: pero también la ira de Dios quiere castigar el pecado buscando al mismo tiempo el arrepentimiento del pecador. Dios ama al individuo, y solo es en casos extremos, como es Nínive, como será al final de los tiempos, que la paciencia del Señor, quien es lento para la ira (3) se verá forzada a destruir al pecador. Pero la pauta normal de Dios es dar oportunidad y buscar el arrepentimiento de aquellos que están bajo la amenaza de la ira de Dios.
     Una advertencia seria es esta para el pueblo de Dios en el día de hoy. Dios derramará su ira sobre el pecado. Esta es una realidad inevitable, en medio de su pueblo, en la vida de cada hijo suyo, si hay pecado Dios lo castigará. Esta es una advertencia solemne y estremecedora que debe producir en nosotros un vivo celo por acudir delante de él con nuestras debilidades para confesar cada día nuestras faltas. No podemos, el pueblo de Dios, los hijos de Dios, quedamos tranquilos con actitudes o hábitos pecaminosos de nuestras vidas, pues Dios los demandará de nosotros.
     Pero al mismo tiempo es un consuelo, pues, nos llena de gozo saber que hemos sido librados por Cristo de la ira venidera, y sabemos que nadie ya nos podrá separar de esta relación renovada con Dios, siendo la disciplina divina en nuestras vidas una demostración de su amor y preocupación por nosotros.
     La preocupación real, al considerar este tema de la ira de Dios, cae sobre aquellos que están expuestos a la misma, sin un refugio seguro donde ampararse, sin una esperanza a donde asirse de cara al día de la manifestación de la justa ira de Dios, un día que en el calendario de Dios ya está marcado.

4. El Dios paciente (3) En cuarto lugar. en medio de la presentación del Dios que tiene un vivo celo por su santidad, que se venga de sus enemigos y que se llena de indignación ante el desprecio de los hombres, el profeta se para un momento para hacernos recapacitar en otra cualidad esencial del carácter de Dios como es su paciencia. Es cierto que Dios es como antes se le ha descrito, pero desde luego que no se precipita en sus decisiones y mucho menos en sus acciones. Él tiene su tiempo y actúa en el justo momento.
     La paciencia es la capacidad de saber sufrir y tolerar las "adversidades" durante el tiempo que sea necesario, hasta que llegue el momento adecuado para solucionarlas. Por esto, la ira y la venganza de Dios son justas, por que no son reacciones impulsivas. sino reacciones necesarias en su justo momento.
     La pregunta que nos podemos plantear puede ser: ¿Cómo Nahum, un libro de juicio y castigo, puede ser la revelación de la paciencia de Dios?. Pues es la revelación de la paciencia de Dios, de su lentitud para la ira, pues aun a pesar del rechazo que la ciudad de Nínive estaba realizando contra Dios, Dios les da una nueva oportunidad a través de la advertencia de Nahum. El Dios paciente que está siendo rebajado y blasfemado en esta ciudad, que había aceptado el mensaje de Dios y se había arrepentido años antes, lejos de destruirles como se merecían, les envía un nuevo profeta para darles una última oportunidad.
     Muchas veces el hombre juega con la paciencia de Dios. Creemos que la paciencia de Dios no tiene fin. En un sentido la paciencia de Dios es infinita, pues soporta lo inimaginable. Pero en otro sentido su paciencia tiene un límite temporal, pues, su justicia requiere el castigo por el pecado. Y pensamos que Dios aún nos dará una nueva oportunidad, de que volverá a advertimos por el pecado, de que aun hay tiempo de arrepentirse. Quizá en Nínive hubiese alguien que ante el mensaje de advertencia de Nahum estuviese pensando que aun estaba muy lejos de ellos, quizás este juicio tocase a otra generación, por lo cual aun tenían tiempo para "divertirse" y luego al final de su vida arrepentirse. Pero no lo tuvieron, quizás Nahum sea de las profecías con un cumplimiento más inminente.
     ¿No habrá algún área de nuestra vida en la cual estemos jugando así con la severidad de Dios? Dios es paciente, y da tiempo y oportunidades para que de forma libre volvamos a él, pero su tiempo tiene un momento marcado en que su espera concluirá, un tiempo que nosotros no conocemos, un tiempo que puede ser ya. ¿No es preferible vivir siempre a bien con Dios?

5. El Dios justo 3 En su desarrollo del carácter de Dios, el profeta enfatiza una idea que solapadamente se estaba expresando en todos los conceptos anteriores; Dios es justo. Dios no puede permitir que el culpable quede sin castigo por que su justicia lo impide y por que su santidad lo demanda.
     La justicia es la rectitud de conducta que se ajusta en todo momento a las condiciones de una relación determinada. Así, que la justicia de Dios es la manifestación constante de la fidelidad de Dios consigo mismo y con su pacto establecido con los hombres. Dios siempre cumple su parte. y el incumplimiento que viene del hombre requiere ser juzgado y sentenciado.
     Por ello podemos leer este texto como: "Dios no dejará impune al que transgreda la ley del pacto". El autor de Hebreos, al hablar de nuestra responsabilidad ante el evangelio recuerda que: "...toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,..." (Heb. 2:2). Esta infracción no es ni más ni menos que el pecado, pues el pecado es la infracción de la ley de Dios, el no cumplir con ella (1ªJn. 3:4). El carácter de Dios requiere, pues, que el pecado sea juzgado, con su paga correspondiente y única: "la paga del pecado es muerte" (Ro. 6:23). El momento, lugar y forma de la ejecución de esta sentencia corresponde a Dios, lo real es que cada individuo tendrá que enfrentarse con la justicia de Dios.
      Es por ello, que cuando nos enfrentamos a una profecía como es Nahum, tenemos que reconocer que Dios es justo, que él no pasa por alto el pecado, que él juzgará, a su tiempo 61 reclamará de cada ser humano lo que en su día reclamó de Nínive derramando la ira de su justicia sobre esta ciudad.
     Pero desde luego, al considerar esta idea, nuestras mentes no pueden pasar por alto la escena de la cruz. La imagen del Calvario se hace tremendamente vívida en este texto. La justicia de Dios reclama castigo justo para el culpable. Reclama que cada uno de nosotros deberíamos al igual que Nínive asumir el coste de nuestras transgresiones y pagar la deuda; pero es ahí donde el amor y la provisión de Dios se hacen patentes en nuestra experiencia al proveer un sustituto; al proveer a Aquel que pagó nuestra deuda. que ocupó nuestro lugar, que nos cubrió de la ira de Dios que caería en su momento sobre nosotros. Dios no puede pasar por alto su justicia y por ello es él mismo quien entrega a su Rijo unigénito para satisfacerla muriendo por nosotros en la cruz del Calvario.
     Pero ¿Nínive no tuvo esta oportunidad? Claro que si la tuvo. Al igual que en los días de Jonás, cuando este entró en Nínive y comenzó a gritar: "De aquí a cuarenta días Nínive será destruida" (Jon. 3:4). En aquel momento los moradores de Nínive creyeron a Jehová, se arrepintieron (Jon. 3:5-9) y Dios no hizo el mal que pensaba derramar sobre Nínive (Jon. 3.10). En este momento, para una ciudad que conocía ya la forma de actuar de Dios, la oportunidad estaba dispuesta, creer a Dios, arrepentirse ante Dios y buscar la provisión de Dios. Pero lejos de hacerlo esta ciudad tramó contra Jehová (9, 11), se refugió en sus dioses (14), y confió en su vigor (12 B.L.A.)
     La justicia de Dios se derrama sobre aquellos que no reconocen su condición real, que quieren vivir su propia experiencia y "libertad", y que creen que por si mismos pueden enfrentar cualquier conflicto. Por lo cual, de forma consciente o inconsciente, lanzan un reto a Dios: "Si puedes, castígame.".

6. El Dios autoritario (4-5) La sexta expresión del carácter de Dios que presenta el profeta es la del Dios que tiene autoridad. Es el Dios que tiene el control sobre todas las cosas que él mismo ha creado. Es el Dios que pone orden y concierto, que recibe la obediencia absoluta de toda la creación.
     Es una invitación más a la reflexión de pueblo expuesto ante el juicio de Dios. Si Dios tiene el control de los elementos, si Dios puede controlar la naturaleza inalcanzable para el hombre, ¿cómo no va a tener derecho sobre los hombres?
     o Dios tiene autoridad porque es el Creador de todo.
     o Dios tiene autoridad porque es el Dueño de todo.
     o Dios tiene autoridad porque es el Sustentador de todo.
     o Dios tiene autoridad porque es el Dios único.
     o Dios tiene autoridad porque es quien gobierna la voluntad humana

     ¿Quién puede alzar su voz contra este Dios? ¿Quién puede contender contra la sentencia de Dios?. Dios tiene autoridad sobre todo porque está muy por encima de todo y todos. Dios tiene el control en este mundo, él está muy presente. Aun cuando admitimos que Dios permite al hombre una plena y completa libertad en los años que viva sobre esta tierra, libertad de acción y decisión, el hombre tiene que reconocer que es Dios quien ha marcado los limites de su habitación y prefijado el orden de los tiempos (Hch. 17.26). Dicho de otra forma, Dios marca las directrices de nuestra vida, y es dentro de estas directrices donde yo puedo actuar con libertad. Ningún hombre tiene libertad para no morir, ningún hombre tiene libertad para no envejecer; hay unas pautas marcadas que no podemos romper. 4hora hay otras que son elegibles; tengo libertad para aceptar o rechazar a Dios, por ejemplo.
     Pero incluso en aquello en lo cual yo tengo libertad, tengo que asumir que todas mis decisiones tienen consecuencias eternas. Con Dios o sin Dios es mi decisión, pero yo no puedo cambiar el efecto que mi decisión tendrá en mi futuro. Si decido vivir sin Dios tendré que enfrentarme ante su juicio, si decido vivir con Dios tengo el cielo delante. ¿Quién soy yo para intentar desvirtuar y romper los eternos designios de Dios?
     Este principio de la autoridad máxima de Dios es aplicable a todas la áreas de nuestra vida, tanto personal, social, como eclesial. Dios tiene unos propósitos que en el tiempo va a ir marcando, ¿quién soy yo para ponerme por encima de ellos y por lo tanto de Dios mismo?
     Hubo varios momentos en la historia del pueblo de Israel, donde los hombres intentaron imponer sus criterios por encima de los criterios de Dios. Nm. 16 es el relato de un momento en que varios de estos hombres, encabezados por Coré intentaron hacer esto, con palabras que parecieran muy "espirituales", "la congregación es santa, en medio de ellos está Jehová, pero..." (Nm. 16:3)., El "pero" fatídico, no estaban de acuerdo con el liderazgo nacional de Moisés y Aarón, dicho de otra forma, no estaban de acuerdo con la autoridad de Dios para establecer este liderazgo, querían imponer su criterios, no a Moisés y al pueblo, sino a Dios mismo. El resultado es que Dios juzgó la rebelión en medio de su pueblo (Dt. 16:31). En otra ocasión el enfrentamiento fue entre Aarón, María y el propio Moisés. En otra ocasión fue el propio Moisés, etc. Múltiples casos en los cuales Dios tiene que reclamar que su autoridad está por encima de la libertad humana.
     La pregunta para reflexionar en nuestras propias vidas, a la luz del carácter de Dios puede ser: ¿Estoy viviendo completamente sumiso a la autoridad de Dios en mi vida, familia, trabajo e iglesia? ¿o en ocasiones trato de supeditar la voluntad de Dios a mis deseos?. La advertencia es tremenda, cuando Dios habla, yo debo escuchar: Cuando yo he escuchado, debo açtuar.

7. El Dios presente (5-6) En séptimo lugar. y aunque suene a algo obvio después de considerar las otras seis características de Dios, el profeta recalca que Dios está presente en la esfera de la vida humana.
     A Dios en nuestros tiempos se le ha pintado como alguien lejano, ausente y despreocupado por las realidades y necesidades de la humanidad. Solo se le ha recurrido para culparle por la necedad humana en los momentos de grandes crisis. Dios tiene la culpa, tiene la culpa del hambre en el mundo, de los genocidios, de las muertes en catástrofes naturales, etc. Dios no está. Incluso alguno de los grandes "sabios" de este tiempo concluye sus reflexiones con la célebre frase: "Dios ha muerto. Y nosotros le hemos matado." (Nietzsche). Menudo motivo para la vanagloria de la sociedad progresista de nuestro tiempo, "hemos liberado al hombre de la carga de Dios". Sin embargo, y a pesar de las palabras de la sabiduría humana, Dios sigue presente, cercano, activo y preocupado por el hombre y sus situaciones.
     Dios está presente, y ante él la tierra se estremece en reconocimiento de su señorío. Dios está presente, y en su presencia la tierra se levanta en reconocimiento de su Soberanía. Dios está presente, y el hombre no lo quiere reconocer, aunque eso si, llegará un día, marcado en el calendario de Dios, en que toda rodilla se doblará ante la grandeza del Dios único, vivo y cercano.
     Que mayor reflejo de la presencia de Dios que el derramamiento de su indignación. Una indignación que como pregunta el profeta ¿Quién podrá resistir?. Ante el momento en que Dios derrama su juicio no habrá nadie que pueda mantenerse en pie y decir: "Yo no merezco este castigo". La presencia de Dios advierte de su severidad, hace estremecer al hombre, y nadie, absolutamente nadie, en presencia de la perfecta santidad de Dios, puede decir. "Yo soy justo".
     De nuevo una advertencia para el pueblo de Dios. Un pueblo que por su estrecha relación con Dios con frecuencia cae en la tentación de mirar al "mundo" con desprecio, son los pecadores, son los mendigos; pero necesitamos reconocer de nuevo, que los hijos de Dios no somos más que nadie sobre la faz de la tierra, sino que somos deudores de todos, debemos a la humanidad el proclamar la presencia de Dios. La presencia de Dios que normalmente está asociada con el juicio. con la vindicación de su Nombre; la presencia de Dios que amenaza a aquellos que no se han cobijado bajo la sombra de la cruz. Somos pecadores santificados, justificados, etc. pero todavía pecadores, que gracias a Dios y a la obra de su Hijo en el Calvario tenemos esperanza, no somos quienes de señalar a nadie.

8, El Dios irresistible (6) La última característica de Dios que presenta el profeta es la de que nadie podrá resistir la indignación de Dios. Tarde o temprano, Dios hará que toda rodilla, absolutamente toda rodilla, todo orgullo, jactancia, poder, etc. de los hombres caiga postrado ante sus pies.
     El hombre tendrá que reconocer finalmente, por las buenas o por la fuerza, que Dios es el Señor, que él tiene toda autoridad, que él es el único que tiene derecho de juzgar a los hombres.
     Lo triste, es que muchos se darán cuenta tarde de esta realidad. Lo triste es que en el día en que Dios derrarna su juicio ya no hay oportunidad de rectificar. "Oye Nínive, dice Nahum, hoy estás a tiempo, pero cuando Dios derrame su juicio entonces será tarde". Esta es una advertencia para todos aquellos que esperan para solucionar sus asuntos con Dios, esta es una advertencia para todos aquellos que no damos importancia al tiempo en el presente. Hoy es el tiempo de solucionar conflictos entre los hermanos, de buscar la paz con Dios completa, de confesar nuestras cargas.
     Muchas veces pasamos años y años arrastrando conflictos con los hermanos, arrastrando ataduras de pecado personal, sin valorar las repercusiones que el mismo tiene para nuestra vida personal y para el desarrollo de la iglesia; sin pensar en las consecuencias de las demandas de Dios sobre nuestras vidas y su castigo seguro. Creo que porque hemos perdido un tanto de vista la severidad de Dios. Sí, es la severidad sobre Nínive, ¿pero no será la severidad sobre tu propia ciudad?, ¿o sobre tu propia vida?. Quien en este momento puede decir ante Dios: "Yo soy completamente justo y no merezco tu severidad". Entonces, debemos cada día acercarnos, con tremenda humildad, ante Dios, para darle a él la gloria, para pedirle perdón por nuestros errores, para buscar en él la seguridad completa.

B. El carácter de Dios para con los que coníian (7)
     Hasta aquí hemos estado presentando el aspecto negativo del carácter de Dios; es decir, hemos estado viendo su relación con aquellos que son sus enemigos y el objeto de su irascibilidad e indignación. Pero ahora, el profeta, quiere que nos paremos un momento a pensar en el carácter de Dios que se demuestra en su relación con aquellos que en él se refugian (B.L.A.) o los que en él confían (R.V.66). El cambio es radical, pues ya no tiene que ver con la severidad de Dios, las características que se nos presentan, sino que ahora tienen que ver con su bondad para con su pueblo, y esto es mucho más atractivo y consolador.

1.El Dios bueno. "Bueno es el Señor", cuando nos referimos a Dios como bueno, entendemos que la totalidad de su ser se ajusta al ideal de la perfección. De aquí, que al hablar de la bondad de Dios, la idea fundamental que tenemos que enfatizar es que él. en todo sentido, es lo que como Dios debiera de ser, y por consiguiente responde al ideal expresado con la palabra "Dios".
     Ahora bien, el término bondad es eminentemente un término de acción, de trato con los demás. La bondad de Dios que es un atributo esencial de su persona, se ve reflejada de forma palpable en su trato con sus criaturas. En este sentido podemos definir la bondad de Dios como: ". ..aquella perfección de Dios que lo mantiene solicito para tratar generosa y tiernamente con todas sus criaturas". La bondad de Dios se manifiesta hacia sus criaturas por medio de algunos de sus atributos más consoladores como son:
     o El amor de Dios. Es la demostración en carácter superlativo del Dios que es bueno. Esta perfección del carácter de Dios le impulsa a comunicarse con el hombre, a estrechar los lazos de relación, a compartir con el hombre las necesidades de este y solucionar los problemas fundamentales del ser humano.
     o La gracia de Dios. La gracia es otra de las demostraciones de un Dios que es bueno para con su pueblo, para con los que le buscan. Es ese regalo gratuito de la generosidad divina, hacia alguien que no tiene derecho a reclamarlo. Cuando la Biblia se refiere a la gracia lo hace en cuanto a la inmerecida bondad o amor de Dios para quienes se han hecho indignos de ella, y que por naturaleza están bajo sentencia de condenación.
     o La compasión de Dios. Este es otro aspecto importante de la bondad de Dios para con aquellos que confían en él. Podemos definir la compasión de Dios como su bondad hacia los que se encuentran en miseria y angustia espirituales, sin llegar a tomar en cuenta que se lo merezcan o no.
     o La paciencia de Dios. Con la paciencia designamos a otro de los aspectos da la bondad de Dios en acción hacia los que en él confían. La paciencia es aquel aspecto de la bondad de Dios en virtud del cual él soporta al pecador aun a pesar de su persistente desobediencia. Dios ve al pecador permaneciendo en su pecado, aun cuando ha habido advertencias y amonestaciones y, sin embargo, espera dando una nueva oportunidad.

2. El Dios protector. La segunda imagen de Dios que se refleja de su trato con los que confían en él, es que Dios es fortaleza en el día de la angustia.
     En los tiempos de Nahum, la fortaleza era parte fundamental de la imagen de una ciudad. La muralla era esencial para que una población fuese considerada ciudad, y al mismo tiempo ofreciese un mínimo de seguridad a sus moradores. La muralla era el símbolo de la identidad y en muchas ocasiones de la seguridad y estabilidad social. Mucho más en una época en la cual Judá, estaba siendo constantemente asaltada por las bandas de merodeadores provenientes de Nínive. Un pueblo inseguro, un pueblo atemorizado por el opresor, un pueblo que no tenía a donde asirse.
     Es a este pueblo, al cual se le han agotado las fuentes de estabilidad y confianza, que el Señor se dirige para decirles: "Yo soy tu protector". "Venid a mi", les dice el Señor, "con vuestros temores, cargas y debilidad, que Yo seré quien os dé la estabilidad y seguridad que anheláis."
     Dios es la fortaleza, la única fuente de seguridad y estabilidad de los que confían en él, porque todo es efímero y pasajero en esta vida, cada cosa tiene un fin, incluso las murallas más grandes caerán de tal forma que no quede de ellas memoria. Nínive confiaba en sus murallas, 30 metros de altura alrededor de una ciudad que se necesitaban tres días para recorrer (Jon. 3:3); pero unas murallas de las cuales no quedó ni resto cuando llegó el juicio de Dios. Es solo Dios una fortaleza sólida para el hombre que busca seguridad, es solo Dios la fortaleza que durará por toda la eternidad y que protegerá al hombre de los ataques, no solo de los ejércitos de las naciones alrededor, sino de las asechanzas de Satanás.
     ¿Dónde está la confianza del pueblo de Dios en el día de hoy? ¿Dónde está depositada tu confianza y seguridad? La tremenda presión de la sociedad acomodada en la cual vivimos, hace que cada vez más nuestra seguridad se sostenga sobre títulos, trabajos, familia o cuentas bancarias, más o menos estables. Pero Dios advierte una vez más, que ante todas las fortalezas que esta sociedad trata de levantar para representar una media de vida digna, la única dignidad que el creyente debe buscar como fuente de su seguridad y estabilidad es Dios, su Palabra y las promesas de Dios para cada una de nuestras vidas. ¿Estamos dispuestos a asumir el reto de vivir así?

3. El Dios cercano. Con esta expresión enfatizamos la tercera característica del carácter de Dios hacia los que confían en él. El texto nos habla del Dios que conoce; el Dios que conoce a los que son suyos.
     El conocimiento de Dios es una de las más increíbles de sus facetas. Dios nos conoce a cada uno de nosotros que no somos nadie; él nos conoce con profundidad, tal y como somos, con nuestras virtudes y fracasos, y aun así nos ama. El conocimiento es una de las características esenciales de la amistad, es decir, Dios quiere mantener una relación íntima con cada uno de nosotros.
     Cuando alguno de nosotros conocemos a algún personaje importante o famoso de nuestro entorno, cuando este personaje nos conoce por nombre y mantiene un cierto contacto con nosotros, nos sentimos orgullosos de esta relación. Es un privilegio entrar en la lista de relaciones de los famosos. Los jóvenes si es su ídolo quien les habla, los mayores si es el personaje a quien se respeta, no cesaríamos de hablar de esta relación.
     En este sentido tenemos el privilegio de ser personas por quienes Dios, el Rey de todas las cosas, está preocupado. Personas a quienes Dios ama y conoce por nombre. Este es un privilegio demasiado grande como para ser mantenido en oculto. No podemos callarnos en ningún momento, no podemos dejar de proclamar las excelencias de Aquel que es el Todo para nosotros.
     Pero aun más, este conocimiento de Dios hacia nosotros, esta intimidad con Dios, es la base de nuestro gozo. Si ese famoso a quien aprecias mantuviese esta relación de amistad contigo, estarías sumamente feliz cada vez que pudieses estar con él. Dios está constantemente a tu lado, por eso quería enfatizar la idea de cercanía. Él está compartiendo nuestros momentos alegres y tristes, nuestros éxitos y fracasos, en medio de la gente o en la más tremenda soledad, Dios siempre está ahí. Es con esta convicción de que Dios le conocía, que el salmista podía escribir: "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo..." (Sal. 23:4). La presencia del Señor que ahuyenta toda sombra de temor, que nos da el valor para seguir por todo el camino que tenemos por delante.
     El Señor nos conoce, conoce a los que realmente confían en él, está caminando a nuestro lado, nos da seguridad y gozo. ¿Sientes en tu vida la presencia del Señor en cada momento? ¿Es Dios la fuente única de tu gozo, no de tu alegría o felicidad, sino de tu gozo? ¿Te sientes con libertad para disfrutar de la intimidad que Dios te ofrece'? ¿Aprovechas esta intimidad por medio de la oración?
     Siendo conocidos por Dios, vamos progresando hacia ser como Dios, usando de los privilegios puestos a nuestro alcance.

Eduardo Carnero


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