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Publicado el 16 de Diciembre del 2000
La Esencia de la Evangelización (V de VI)
El Evangelio Eterno (IV)
(D) LA ESENCIA DEL EVANGELIO
Cuando nos referimos a la
esencia, estamos hablando de aquello que marca la verdadera identidad
de un ser o una cosa; aquello que es permanente e invariable. Cuando
nos referimos entonces a la esencia del evangelio, nos estamos refiriendo
a aquello que marca las pautas esenciales del mensaje evangélico, aquello
que no puede faltar en ninguna presentación coherente del evangelio.
Quizá, dependiendo de la persona con la cual
estemos hablando, el énfasis se centrará más en un punto que en otro,
quizás con personas tendremos que centrarnos en lo que el evangelio
dice acerca de Dios, con otros tendremos que hablar más del hombre,
etc. Aquí es donde entra nuestra sabiduría para saber discernir las
necesidades de nuestro tiempo y desde la perspectiva del equilibrio,
buscar dar respuestas a los interrogantes de las personas sin eliminar
nada de lo que es nuestro deber comunicar.
Podemos notar esta esencia desde cuatro perspectivas,
que al final pueden servir como un esquema de una presentación del evangelio
en cuatro puntos; por ello en este punto vamos a presentar un modelo
muy esquematizado que cada cual puede ampliar de acuerdo con su perspectiva.
d. 1. En cuanto a Dios.
> Existe Dios, el cual es Santo y Omnipresente,
quien supera a todos los ídolos del politeísmo antiguo; y a los conceptos
filosóficos de cualquier tiempo. Quien, además, nos ha creado y que
por ello tiene suprema autoridad sobre nuestras vidas (Dt. 6:4-5; Sal.
24:1) La creación implica derecho de posesión (Is. 66:2; Jn. 1:1-4;
Ap. 4:11). Si no hubiese un Creador, entonces no podría haber ni normas
éticas absolutas, m conceptos adecuados de lo que es pecado, ni una
verdadera comprensión del significado de nuestra humanidad.
> Dios ama a todos los hombres (P Jn. 4:8-1; Jn.
3:16). El amor de Dios se manifiesta de forma sublime en la redención
que Él ha provisto y que le resulté muy costosa (Ro. 5:8)
> Sin embargo, Dios no deja al margen su justicia;
y puesto que es Justo y Santo, Él aborrece el pecado y castigará eternamente
a todos los que quebrantan su ley (Hab. 1:13a; Ro. 1:18; 6:23)
d2. En cuanto al hombre.
> El hombre fue creado por Dios y para Dios,
siendo solamente en comunión con Dios que encuentra el propósito para
su vida (Ap. 4:11; Sal. 107:9). Fue San Agustín quien dijo: "Señor,
Tú nos hiciste para ti, y nuestros corazones están inquietos hasta que
descansen en ti.". En ningún momento ni lugar el hombre fue ni
será un ser autosuficiente, sino que es mucho más persona y mucho más
libre cuando vive en completa dependencia de Dios (Jn. 10:10)
> El hombre se ha revelado contra la autoridad
de Dios siguiendo sus propios fines egoístas, trayendo tremendos sufrimiento
para sí mismo y para la sociedad en medio de la cual vive (Ls. 53:6;
Tit. 3:3). El hombre rechazó la autoridad de Dios queriendo ser el mismo
su propio Dios.
> La consecuencia del pecado del hombre es la muerte
eterna, la separación eterna de Dios (Is. 59:2; Ro. 6:23)
d3. En cuanto a Jesucristo.
> Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo
para intervenir en la situación desastrosa de la humanidad y restaurar
la comunión que el hombre había perdido (Gá. 4:4-5; Col. 1:21-22).
Cristo se hizo hombre sin dejar de ser Dios aceptando las limitaciones
de nuestra condición de criaturas humanas (Fil. 2:5-1 1).
> Cristo murió en nuestro lugar, tomando sobre
si el castigo y la pena de muerte que nosotros merecíamos por nuestros
pecados (Ro. 5:8; lª Pe. 2:24; Ls. 53:3-12; Ro. 3:21-26; 5:9-11; 8:31-39;
Gá. 2:20; 3:13; Ef. 1:7; Heb. 9:26-28, etc.)
> Cristo resucitó y vive hoy, Señor de señores,
para dar nueva vida a los que le reciban como Señor y Salvador (Jn.
1:12; Heb. 7:25)
d4. En cuanto a la
salvación.
> Los beneficios de la muerte de Cristo no
son automáticos en cada persona, sino que requieren de la respuesta
del hombre ante la oferta de Dios. Dios respeta al hombre como ser libre
y no obliga a nadie a que acepte su evangelio. Es por ello que para
llegar a ser beneficiarios de la obra de Cristo tenemos que:
~ Arrepentirnos (He. 3:19; lª Ts. 1:9.10)
~ Creer (Hc. 16:30-31; Ef. 2:8)
~ Recibir a Cristo (Jn. 6:37b; Ap. 3:20)
Eduardo Carnero

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