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Publicado el 16 de Diciembre del 2000
La Esencia de la Evangelización (IV de VI)
El Evangelio Eterno (III)
(C) EL ÉNFASIS DEL EVANGELIO
Cuando entramos en la discusión
de los teólogos actuales en cuanto al significado del evangelio, nos
podemos encontrar con que a menudo se nos presentaran unas "caricaturas"
del mismo. Las "caricaturas" que se basan en una afirmación
y la enfatizan, o más bien, exageran para terminar por construir un
evangelio diferente. Este contenido de veracidad hace que con frecuencia
sea difícil rebatir estas aseveraciones, pero al mismo tiempo las exageraciones
ponen al descubierto las debilidades que permitirán destruirlas. Hay
dos posturas enfrentadas que últimamente han emergido y que quisiera
simplemente mencionar:
c. 1. Enfatizando el Señorío de Cristo.
La enseñanza de la salvación por señorío
dice que para ser salva, una persona debe no solo creer en Jesús como
Salvador, sino también como Señor de su vida, sometiendo (o al menos
estar dispuesto a hacerlo) toda su vida a su autoridad soberana. Personalmente
me gusta esta postura, hay mucha verdad en su enseñanza de la necesidad
de ser seguidores de Cristo y no solo conformarse con afirmar su existencia;
sino que es necesario estar involucrados con Cristo en su reino. Pero
hay una tremenda mentira en sus líneas. Cuando se enfatiza tan fuertemente
el Señorío, caemos casi en la exigencia de unas obras mínimas para la
salvación, tiene que haber algo en cada uno de nosotros que nos haga
ser merecedores del beneficio de la Gracia de Dios. No podemos ser salvos
sin la disposición a obedecer, pero esta disposición ¿no es una obra
del Espíritu en nosotros?.
El problema de los extremos lleva a afirmaciones
muy radicales que exceden el contenido del evangelio, y así podemos
leer de algunos de los defensores de esta postura declaraciones como:
"Las personas carnales no pueden actuar espiritualmente, ni las
espirituales carnalmente, tal como la fe no puede actuar como la incredulidad,
ni la incredulidad como la fe. ... Nadie que profese la fe cae
en el pecado, ni uno que ha aprendido a amar odia. ... Los que profesan
ser de Cristo serán reconocidos por sus actos. Porque lo que importa
no es un acto momentáneo de profesión, sino el ser persistentemente
motivado por la fe." (Ignacio de Antioquía; citado por John McArthur
en El Evangelio Según Jesucristo) Suena a obras, no es un momento sino
el mérito de una vida guiada por la fe. Y otras muchas citas que en
estas línea podríamos mencionar.
El extremo nos lleva a pensar más en la balanza
que en la cruz; y esto elimina la grandeza del mensaje del evangelio.
c.2. Enfatizando la Gracia de Dios.
Los que enfatizan la salvación por Gracia
afirman que el evangelio es una serie de hechos estériles que se deben
aceptar intelectualmente para obtener la salvación. Este movimiento,
es el también conocido como el de la salvación decisional porque todo
lo que exige es una decisión intelectual, que en ocasiones requiere
ser confirmada por una oración previamente formulada. La verdad de esta
afirmación radica en la necesidad de la aceptación de los hechos históricos
que forman la base del evangelio. Su error por otra parte, es que la
salvación no es la aseveración simple de argumentos intelectuales, sino
que implica el depositar toda la confianza en una persona, que es Cristo,
y en los hechos históricos que ha efectuado, el evangelio.
También justifican la existencia de los creyentes
carnales definiéndolos como aquellos que son salvos pero que no dan
evidencias externas de su salvación. O bien, un cristiano verdadero
puede ser carnal toda su vida y nunca producir frutos. Realmente no
podemos negar la existencia de creyentes carnales (Ver lª Cor. 3:1-3).
Pero lo que no podemos aceptar es que un creyente se conforme con su
carnalidad durante toda su vida y en todas las áreas de su vida y que
nunca produzca un mínimo de fruto espiritual que de evidencia de su
vida en Cristo. Todos los cristianos en alguna manera tienen que producir
fruto.
Es verdad que somos salvos por Gracia, pero
somos salvos para ser discípulos de Cristo, no es posible separar ser
cristiano de ser discípulo. En su libro "El evangelio bajo sitio"
Zane C. Hodges afirma citando textos del evangelio de Juan, lo siguiente:
"Fue Él el que afirmó: "De cierto, de cierto os digo: El que
cree en mí, tiene vida eterna" (Jn. 6:4 7). Pero a estos que ya
tenían esa vida, Jesús les propuso un discipulado condicional: "Si
vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos"
(Jn.8. 3]) se enseña una fórmula hipotética y no dice nada sobre si
la condición se va a cumplir o no." El discipulado es una opción
y no una demanda del evangelio. Sin embargo, es el mismo Señor Jesucristo
quien afirma en la gran comisión: "Haced discípulos". El Señor
no busca afirmaciones, él busca la vida de cada uno, un caminar siguiendo
sus pisadas, y esto no es opcional.
c.3. Buscando el equilibrio.
Ante todo este ambiente de extremos que
podemos encontrar, motivados por la mentalidad nuestra que nos impulsa
a tomar posturas muy marcadas en lugar de mantener el equilibrio del
evangelio, tenemos que buscar este equilibrio. Para ello es muy importante
que entendamos que el mensaje del evangelio es un conjunto que no podemos
dividir o separar, para tomar la parte que nos interese, prescindiendo
de lo que no nos agrade. El evangelio es el mensaje de Dios para el
hombre de todos los tiempos ofertando la salvación y la libertad auténticas.
El efecto del evangelio es lo que tenem9s que
valorar. Somos salvos de..., somos liberados de todo un pasado, del
ego y de nuestras rebeliones; pero somos salvos para... . Salvos de,
es la acción de la gracia de Dios que nos ofrece aquello que no podíamos
alcanzar ni merecíamos en ninguna manera. Salvos para, es la acción
de Dios igualmente, pero que implica el acto de nuestra voluntad para
aceptar las demandas de Dios. Y estos dos pasos son inseparables. No
puedo elegir uno prescindiendo del otro, tengo que considerar costes,
tengo que considerar las demandas.
No podemos caer en el error de enfatizar en
exceso cualquier punto, porque terminaríamos siendo legalistas que cargan
a los demás con los ritos de la religión; o libertinos que usan a Dios
como excusa para justificar sus más terribles acciones.
Eduardo Carnero

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