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Publicado el 9 de Junio del 2001

Mirando a la meta (I de II)
Génesis 12:1-8

     Abraham, para los creyentes, es el padre de la fe, es un gran estímulo y una gran motivación por ser un gran ejemplo en nuestro caminar con Dios. Veremos algo de su vida, de sus características, como Dios estaba con Él, cómo obedeció al llamado de Dios, recibió promesas y bendiciones del Señor, tuvo y mostró un camino de perseverancia y al final de su camino puso un altar para su Dios.

     1.- Obediente al llamado de Dios.
     Abraham fue obediente al llamado de Dios de dejar sus tierras, sus comodidades, sus familias, para seguir a un Dios que le iba a dar muchas bendiciones, pero Abraham no sabía ni donde ni cuando serían estas promesas ni estas bendiciones, "sólo" tenía que obedecer el llamado de Dios. Tuvo que dejar todo esto, para seguir a Dios.
     Hay que recordar que Abraham era el único "creyente" de su familia, no tenía una Biblia, ni le ayuda de nadie más que sea creyente, así que debió ser muy duro dejar todo lo que tenía, debió ser muy costoso obedecer a ese llamado de Dios. Dios ofrece a Abraham un camino ascendente de dejar todo lo nuestro para coger algo mejor: las bendiciones y las promesas. Dios estaba decidido a hacer de Abraham el hombre que quería que fuera y para lo que Él lo había escogido.
     El mismo llamado de Dios a Abraham, es el nuestro. A este Dios también hay que obedecerle, hay que darle el primer lugar en nuestras vidas. Obedecerle cueste lo que cueste y nos debe dar igual lo demás. Lo más importante es que la obediencia a Dios trae mejores beneficios de lo que el mundo nos puede dar: su victoria, su protección, su guía, sus bendiciones, sus promesas. Aunque muchas veces pensamos que esto no es así, pero nuestro camino es ascendente, hay que verlo siempre a largo plazo.
     Tampoco debemos olvidar que Dios va hacer todo lo posible y lo imposible para que hagamos su voluntad, para que le obedezcamos, para que Dios tenga el primer lugar en nuestras vidas.

     2.- Las promesas de Dios es un apoyo firme de nuestra fe.
     Abraham obedece al llamado de Dios, es un mandamiento que Dios le da para que deje y rompa con el pasado, para que Dios tenga el primer lugar en su vida. Pero este mandamiento va siempre acompañada con las promesas de Dios, van siempre de la mano. Cuando Dios llama siempre promete.
     La fe responde obedeciendo y después llega la confirmación de la promesa, que descansa fielmente en la Palabra de Dios. Si ponemos a prueba la Palabra de Dios y hacemos lo que Él nos dice, experimentaremos su fidelidad. Dios llama a obedecer los mandamientos al tiempo que confiamos en sus promesas y nos llama a hacerlo mientras vivimos día tras día, como cristianos.
     La desobediencia es destructiva porque bloquea todas las bendiciones del Señor que quiere derramar en la vida del creyente. Abraham obedeció y se puso en marcha en su lento camino desde Harán, con todas sus posesiones, animales y los siervos que había conseguido; ya era el hombre del pacto, que actuaba en obediencia a su Dios.



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