|
Publicado el 30 de Diciembre del 2001
Heraldos de la Palabra: Evangelio
¡¡Si estás a punto de naufragar...!!
Las estrellas brillan con mayor intensidad
y hermosura cuando nos encontramos en alta mar. Sus destellos se pierden
en el infinito y arrobado por su belleza, quien vive esa experiencia
es posible que sin pensarlo se encuentre a si mismo contando cada uno
de los luceros hasta que los números no alcanzan. A veces parecen
tan cercanos que ofrecen la sensación de que bastaría
con extender las manos para alcanzarlos.
Pero un cielo estrellado y la suave brisa marina
pierden su encanto cuando se pasan cuatro días y tres noches
prendido de un barril plástico vacío. El rumor musical
del las olas deja de lado su delicadeza para convertirse en un infierno...
"Los segundos se convierten en minutos, los
minutos en horas y las horas en una eternidad". Con estas palabras
cortas pero a la vez profundas e intensas, Yoiner Pinilla, de 18 años,
relató cómo logró sobrevivir al naufragio de la
embarcación en la que transportaba cocos. Iba con destino al
puerto colombiano de Buenaventura. Pensaba venderlos y asegurar la alimentación
de su familia.
No había transcurrido una hora desde que zarparon, cuando un
fuerte oleaje comenzó a azotar la lancha. La madera crujía
y cada nuevo embate amenazaba con destruir la estructura. Se movían
de un lado a otro como una frágil pluma llevada por el viento.
El motor se apagó dos veces. Los tripulantes sudaban procurando
que funcionara de nuevo. Pero una enorme ola volteó la barcaza.
El joven se aferró al barril. Era su única esperanza.
Cayó un fuerte aguacero, vivió el desespero de un sol
canicular azotando su rostro y el frío de la noche. Por momentos
llegó a pensar que no resistiría. Pese a ello no se desprendió,
por el contrario, abrazó el tanque. Era su única oportunidad
de vivir.
Dos barcos de pesca pasaron a un kilómetro
del lugar donde se encontraba. Gritó, lloró, pero no lo
vieron. Su llamado en procura de auxilio se perdía en la inmensidad
hasta que las naves se convirtieron en el infinito, donde se confunden
el cielo y el mar. Por fin, cuando creía que moriría,
una lancha pasó cerca. Lo rescataron. "Dios me dio una segunda
oportunidad. He vuelto a vivir", dijo con voz débil al momento
de ingresar en la sala de urgencias del hospital.
Una nueva oportunidad...
Su vida tal vez se ha vuelto un caos. La crisis
económica, la sensación de angustia y una concatenación
de problemas le hacen pensar que no vale la pena vivir. Como Yoiner,
el protagonista de la historia, siente que el barco de su existencia
está a punto de naufragar. Es más, abrió este mensaje
antes de desecharlo. Ni siquiera leer colma sus expectativas de encontrar
un respiro o un descanso antes de seguir luchando.
A personas como usted fue que el Señor Jesucristo
les dijo: "Venid a mi todos los que estáis trabajados y
cargados, y yo os haré descansar... y hallaréis descanso
para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga"
(Mateo 11:28-30).
Esa línea del pasaje bíblico me llama
la atención: "...y hallareis descanso para vuestras almas".
Es una bella promesa para quien se encuentra desesperado. Es la puerta
para no seguir arrastrando esa difícil situación, crisis
o problemas que no confesamos ni siquiera a nuestro mejor amigo.
Es fundamental hallar paz y equilibrio para nuestra
vida. Y eso sólo es posible cuando Dios toma control de nuestra
existencia. De seguir gobernándonos como queremos, las frustraciones
además de constantes precipitarán nuestros días
a la desesperación.
Pasos a seguir
Es fundamental que tengamos claro: Sí hay
una oportunidad para nuestra vida. Para reorientar nuestros días
y encontrar placidez en nuestra cotidianidad es necesario:
1. Identificar qué nos preocupa, angustia
o deprime
2. Determinar en qué circunstancias nos vemos
golpeados por estos estados de ánimo.
3. Tomar la decisión de no seguir luchando
en nuestras fuerzas.
4. Ir a Jesucristo y rendirnos a El para que tome
esas cargas, preocupaciones o motivos de angustia. Sólo así
es posible que encontremos equilibrio.
Muchas personas han encontrado una nueva vida en
Jesucristo. Es fácil. Sólo debe repetir una oración
sencilla: "Señor Jesucristo, mi vida ha llegado a un estado
de intranquilidad permanente que me roba la paz. Ya me cansé
de experimentar métodos para cambiar. Rindo mi vida a ti y te
pido que tú obras los cambios que consideres necesarios en mi
ser. Amén".
Estoy convencido que su vida no será la misma.
Desde ahora se producirá una transformación en su existencia.
No hay nada mejor que dejar que sea Dios quien oriente nuestros días,
porque el nos llamó a triunfar y no a la derrota.
Fernando Alexis Jiménez

|