|
|
|
Siguiente
|
 |
|
Publicado el 25 de Septiembre del 2001
Heraldos de la Palabra: Evangelio
Las mil cartas de un padre
Guillermo Lombana ha escrito mil cartas en los
últimos dos años. Son misivas largas, con letra menuda.
En todas ellas pide la libertad de su hijo Guillermo Jr., secuestrado
en Colombia.
Desde entonces, la casa de ladrillos de cemento
rústico no es la misma. En el hogar reina la tristeza. El calendario,
con un paisaje de fondo en el que aparecen un lago y montañas
que se pierden en el infinito, marca el día en que se produjo
el doloroso hecho: 16 de abril de 1999.
Ya no se escucha la algarabía de este chico
de 16 años, cuando llegaba de jugar al fútbol, sudoroso,
pero con una sonrisa de satisfacción, que iluminaba todo a su
alrededor. Era alegre, impetuoso, de buen genio y un estudiante sobresaliente.
Se lo llevaron al atardecer, en medio de un calor insoportable que parecía
derretir las herraduras de los caballos al desplazarse por las calles
empedradas, en San Vicente del Caguán. Lo único que recuerdan
sus vecinos, es que lo arrastraban con violencia, mientras él
gritaba presa de la desesperación: "No me dejen llevar..."
Su padre guarda la esperanza de verlo llegar un
día, cuando el sol muere en el horizonte y las nubes se confunden
con el límpido azul del cielo. Sigue escribiendo cartas a todos
cuantos cree, pueden ayudarle a encontrar su primogénito. No
descansa. A pesar de su pobreza y los años que ya le pesan, sigue
albergando el sueño de verlo regresar. "Se que volverá,
no pierdo la esperanza", dice.
Un hijo pródigo moderno
Tal vez usted siente que la vida se convirtió
en un mar de problemas. Cada día es un nuevo martirio. Piensa
que nadie lo entiende. Su familia y amigos lo abandonaron. Todos lo
critican. Nadie da un peso por su vida. Posiblemente ha pensado en quitarse
la vida. Considera que no vale la pena existir. No tiene metas ni expectativas.
¿Y Dios? Probablemente siente que incluso
Dios está lejano de su existencia. Ha pedido pero piensa que
el Señor no escucha sus oraciones. Íntimamente se siente
un pecador imperdonable. El pasado le acusa. "No voy a poder cambiar",
se repite una y otra vez. Considera que no hay ninguna salida para el
laberinto...
Vida en abundancia
Cualquiera que sea su situación, hay una salida.
No todo está perdido. Todavía frente a usted se extienden
centenares de hojas en blanco para que comience a escribir desde hoy
los nuevos capítulos de su vida en victoria. L Señor Jesucristo
lo prometió: "Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será
salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos...yo
he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia"(Juan
10: 9, 10).
El propósito de Dios no es ni ha sido que
usted viva en amargura y derrota. Por el contrario, su plan está
orientado a que viva plenamente. Sacarle la buena partida a cada instante,
tener la visión del triunfador que Dios quiere que usted sea.
¿Qué hacer?
El primer paso es disponerse para cambiar. No puede
seguir como hasta ahora, derrotado por la naturaleza pecaminosa. Al
igual que la ilustración de este estudio, Dios está buscando
a un hijo que por años ha estado perdido, desaparecido...
No importa cuantos pecados tenga. El nos perdona.
Nuestro amado Señor Jesús dijo: "...los sanos no
tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended
lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificios. Porque no he
venido a llamar justos, sino a pecadores, al arrepentimiento"(Mateo
9:12, 13). También dice la Escritura: "...la sangre de Jesucristo
su Hijo nos limpia de todo pecado"(1 Juan 7b).
Su existencia puede ser diferente a partir de hoy.
El segundo paso es permitir que el Señor Jesucristo entre a su
vida. Puede hacerlo ahora, frente al computador. Dígale:"Señor
Jesucristo, mi vida hasta hoy ha sido un caos. No quiero seguir igual.
Te pido que entres en mi corazón y cambies mi forma de ser, pensar
y actuar. Quédate conmigo para siempre". Amén.
Fernando Alexis Jiménez

|