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Publicado el 22 de Agosto del 2001
Heraldos de la Palabra: Evangelio
¿Cuánto vale su alma?
Era breve, sin adornos, duro, insólito.
Aparecía en la pantalla de internet. No, no podía ser
una equivocación: "Vendo mi alma. Desde ahora y para siempre.
Escucho ofertas. La vendo a quien más ofrezca. Escucho ofertas".
Una subasta pública. La decisión de negociar el alma por
la eternidad a cambio de fama, placer o unos cuantos dólares
o euros...
¿Una broma macabra? Tal vez. Lo cierto es
que junto con un correo electrónico al cual escribir ofertando,
aparecían las propuestas que habían llegado.
Esta es una de las miles de propuestas que se publican
diariamente en la red. Aparecen anuncios inverosímiles que van
desde el joven que subasta su virginidad, la puesta en venta de las
uñas de Ray N., condenado a muerte por el rapto y violación
de cinco jovencitas en 1979, pasando por el hombre que ofrece a su esposa
universitaria de 23 años para pasar la noche con el mejor postor
a cambio de dinero para pagar la hipoteca de su casa, hasta llegar al
chico de 16 años que se vende como esclavo para realizar oficios
domésticos.
Anuncios increíbles que desconciertan a
los lectores. Muchos coinciden en poner en subasta su alma, el sentido
del humor, su libertad e incluso algo tan incierto como el futuro.
Esclavos de los tiempos modernos
Hoy día pareciera que no se valora el alma.
Se juega con el mañana. Nada importa. La vida se pone en peligro
por mero placer.
En un país suramericano todavía están
frescos los recuerdos de la trágica muerte de una ex reina de
belleza. Ocurrió en una noche de fiesta entre amigos. Pasada
la medianoche, cuando el alcohol hizo su efecto, alguien extrajo un
revólver. A continuación hizo una propuesta inusual: apostar
la vida. Lo que en algunas naciones se conoce como la ruleta rusa. Sólo
dejaron un proyectil en el tambor del arma...Nadie dijo nada, nadie
lo impidió. Un juego más, pensó alguno.
El sonido sordo del "clic" se repitió
una, y otra, y otra vez. El afortunado respiraba tranquilo. No le había
tocado pagar la apuesta. Y llegó el turno para la joven. Accionó
el gatillo...y se disparó la bala. El estallido retumbó
en todo el edificio de apartamentos. Cayó a un costado del sofá,
con destrozos en el rostro. El incidente fue tomado de la vida real.
¿Le horroriza? A mí también...Pero
sorpréndase: este hecho se repite a diario. Ocurre con el hombre
o la mujer que intoxican su organismo con alcohol, drogas, cigarrillo
o quizá cuando de manera irresponsable conduce su auto a altas
velocidades. Ocurre cuando sin precauciones cruzamos una avenida o tal
vez cuando se incurre en prácticas sexuales indiscriminadas e
incontroladas, producto del adulterio y la promiscuidad.
Y usted ¿Vende su alma?
Vamos ahora con su vida. ¿Cómo es
su existencia?¿Vive únicamente para el placer, para conseguir
solidez o tal vez reconocimiento y popularidad?¿Siempre está
en busca de nuevas emociones, sin importarle las consecuencias, y al
final encuentra que su vacío es más grande que al principio?¿Está
cansado de padecer esa sensación de incertidumbre?¿Ha
pensado alguna vez quitarse la vida?. Tómese un instante para
reflexionar. Posiblemente su vida no tiene sentido. Es probable que
considere que no hay salida para su laberinto.
Pero le tengo una buena noticia. Sí hay
solución: es Jesucristo. Usted quizá me dirá: soy
cristiano, pero no siento paz. Su caso puede tener origen en que progresivamente
se está alejando de Dios. No se dio cuenta, pero hoy no quiere
orar, ni leer su Biblia y menos congregarse en la iglesia. Puedo asegurarle
que si vuelve su mirada al Señor y le busca de corazón,
no importa qué tipo de crisis esté atravesando. Su vida
será transformada.
¿Ya tomó la decisión más importante de
su vida?
Posiblemente usted no ha tenido una experiencia
personal con Jesucristo. Su existencia es un caos, se siente al borde
del abismo. ¿ha pensado qué ocurriría si muriera
hoy?¿A dónde iría su alma por la eternidad? La
Biblia es clara. Sólo hay dos lugares: el primero, la oscuridad
eterna o infierno, y el segundo: podrá ir a la eternidad con
Dios.
El señor Jesucristo dijo: "El que crea
en el Hijo tiene la vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá
lo que es la vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios"(Juan
3:36). ¿Qué hacer entonces? Invitar a Jesucristo para
que more en su corazón. Es muy sencillo. Dígale ahora,
frente al computador esta sencilla oración: "Señor
Jesucristo, reconozco que he pecado y estoy alejado de ti. Anhelo que
mi vida cambie. Te pido que entres a mi corazón, y me transformes
en el ser que tú quieres que sea. Inscribe mi nombre en el libro
de la vida": Amén.
Fernando Alexis Jiménez

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