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Publicado el 28 de Julio del 2002
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
La tentación: origen, evolución y consecuencias
Todo comenzó con una llamada
telefónica. Siete números marcados y una voz de responde
al otro lado de la línea. Una conversación trivial que
pasó a tener connotaciones sexuales hasta concluir en una tormentosa
relación donde se conjugaban deseos, emociones, la sensación
de peligro latente y la certeza de traspasar todos los límites
permitidos.
El proceso de diálogos telefónicos,
de confesiones, de encuentros fugaces, demoró varios años.
Los dos jamás pensaron que nadie se enteraría. Desechaban
cuidadosamente todo vestigio. No guardaban nada que pudiera dar lugar
a sospechas.
Pero un día cualquiera, un descuido, una
confidencia sale a la luz. La relación íntima de los dos
se descubre. Sobra decir que además de representar un sonoro
escándalo al interior de la congregación, dos matrimonios
se pusieron en peligro y los comentarios desfavorables de todos llovieron
desde diferentes vertientes. No concebían que dos personas a
las que conocían como intachables cayeran en una situación
de inmoralidad y que además, se evidenciara que el asunto llevaba
buen tiempo.
¿Cómo se produce la caída moral de un cristiano?
...Se produce a partir de la tentación.
¿Por qué no percibimos el peligro? Porque olvidamos que
como seres humanos, somos frágiles y todavía estamos sujetos
a las emociones y a los sentimientos.
Erradamente creemos que ser cristianos es sinónimo
de perfección. Señalamos a los demás por sus debilidades.
Cuestionar al prójimo es fácil, pero ignoramos que somos
proclives a fallar.
Deliberadamente desconocemos que nuestra fuerza
para vencer la tentación proviene de Dios y no de la capacidad
académica, social, eclesiástica o sencillamente de la
voluntad propia. Así lo advirtió el apóstol Pablo
cuando escribió:"Así que, el que piensa estar firme,
mire que no caiga" (1 Corintios 10:12).
Generalmente quienes están prestos a señalar
a otros, caen en la misma situación y reciben de los demás
duras reacciones porque ellos mismos no tuvieron misericordia.
¿De dónde proviene la tentación?
Conocí a alguien inmerso en una compleja
situación de robo. Lo hizo por muchos años en la empresa
de la cual era Contador. Aún antes que se pusiera al descubierto
el desfalco, hablamos del asunto,. Lo grave es que esgrimía una
extraña filosofía muy popular en Latinoamérica:
"La ocasión hace al ladrón". No se explicaba
por qué lo hacía. Simplemente actuaba, y actuaba mal.
Su concepto cambió cuando por fin tuvo comprensión de
qué era la tentación, cuál era su origen y las
consecuencias que desencadenaba.
De acuerdo con la Biblia, la tentación
tiene dos orígenes: uno externo y otro, interno.
Origen externo de la tentación
Cuando tenemos claro que la tentación es
la antesala del pecado y nuestro progresivo alejamiento de los preceptos
de Dios, es fácil entender que desde el comienzo de los tiempos
Satanás ha sido nuestro mayor tentador.
Este enemigo espiritual genera condiciones atractivas
que tornan deseables muchas cosas y nos llevan a traspasar sanos principios
trazados por el Señor en Su Palabra.
Sobre el particular, el apóstol Pablo escribió:
"Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más,
envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiere tentado
el tentador y que nuestro trabajo resultase en vano" (1 Tesalonicenses
3:5). Plantea que si bien es cierto los destinatarios de aquella carta
eran cristianos, no estaban exentos de ser tentados.
Origen interno de la tentación
Hay tentaciones que usted y yo generamos en nuestra
existencia. Las concebimos en nuestros pensamientos, les damos forma
y terminamos materializándolos en pecados con nuestros hechos.
Apuntando a esta verdad, el apóstol Santiago
en su epístola universal escribió:"Cuando alguno
es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios: porque Dios no
puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que
cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído
y seducido"(Santiago 1:13, 14).
¿Qué hacer frente a la tentación?
Sin duda nuestra formación académica,
posición social o de liderazgo en la iglesia, no nos tornan invulnerables
a la tentación y posterior comisión del pecado. Si tenemos
esa concepción clara, derivamos en una conclusión ineludible:
sólo cuando dependemos de Dios, podemos vencer.
Con base en lo anterior, reviste particular significación
que hacia el final de la oración universal del Padre Nuestro,
que el Señor Jesús compartió con sus discípulops,
diga: "Y no nos metas en tentación, más líbranos
del mal.."(mateo 6: 13 a).
Cuando clamamos a Dios, en medio de la tentación,
el Señor nos libra de esa prueba, como explica el apóstol
Pedro: "...sabe el Señor librar de la tentación a
los piadosos..."(2 Pedro 2:9 a).
Si luchamos en nuestras fuerzas, corremos el peligro
de ceder. Si nos fortalecemos en Dios, venceremos. Es un principio de
vida que no podemos desconocer. Si usted como yo está sujeto
a tentaciones a diario, en todo momento, mi sugerencia es que dependa
del Todopoderoso en todo instante. Sólo así podremos superar.
Fernando Alexis Jiménez

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