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Publicado el 4 de Diciembre del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
Oportunidades donde los demás ven derrota
A Wilmar Palomares nadie lo presionó para
que aceptara ser pastor en la iglesia del barrio Siete de Agosto, al
oriente de Cali. Simplemente levantó su mano. Los demás
pastores guardaron silencio. Alguien sudó frío, pensando
que tal vez lo nombrarían y por sujeción, le habría
tocado hacerse cargo de aquella congregación.
Y era comprensible aquella actitud. El templo lucía
abandonado, hacía falta emprender gran cantidad de reparaciones.
En cuanto a la asistencia, no llegaba a veinte personas. Respecto a
los líderes, era necesario llegar y poner en orden las cosas.
Reinaba una desgana total. Todo esto sin profundizar en el hecho de
que en los ingresos económicos que eran mínimos. Apenas
alcanzaban para pagar las facturas por servicios de agua, electricidad
y teléfono.
Al finalizar la reunión los ministros evangélicos
se acercaron a Wilmer. Cada uno le dio unas cuantas palmaditas en el
hombro, que no era fácil de precisar si eran una señal
de solidaridad, un sentido pésame o la frase expresada con gestos
y no con palabras, porque así habría sonado más
duro: "Muchacho, no sabes en el lío que te metiste".
Hoy es una congregación próspera.
Su membresía crece de manera sorprendente. Soplan nuevos vientos.
Dios respaldó a este joven pastor que vio oportunidades donde
los demás veían sólo condiciones para el fracaso...
La verdadera fe
Hoy día es común escuchar un énfasis
en la necesidad de caminar por fe y no por lo que vemos. "Yo creo
en lo que todavía no puedo ver ni tocar", dirá alguien
para seguidamente recitarnos de memoria que "Es, pues, la fe la
certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve"(Hebreos
11:1). Pero al llegar el momento de poner en práctica ese sagrado
postulado es cuando comprendemos en su real magnitud la enorme brecha
que hay entre lo que decimos y lo que hacemos.
Pero ¿Qué ocurre cuando las circunstancias
son difíciles y debemos llevar a los hechos nuestras pretendidas
convicciones en el poder de Dios? Sencillo: Que muchos dudan, vuelven
atrás o renuncian y se resignan al fracaso. Y esto es aplicable
a los sueños ministeriales, las aspiraciones laborales y las
metas y proyectos que trazamos diariamente.
Pero permítame adicionarle un nuevo ingrediente
que torna difíciles las cosas:¿Qué ocurre cuando
comienza a caminar hacia la materialización de un propósito
y de pronto se encuentra luchando contra la corriente?¿Sigue
adelante? O quizá prefiere decir: "Hasta aquí llegué..."
Cambiar nuestra actitud
Un hecho indudable es que el triunfo es patrimonio
de quienes avanzan sin detenerse por las dificultades. Es de aquellos
que no se dejan vencer por la adversidad y cada vez asumen nuevos retos.
Esta premisa tiene cumplimiento en el mundo secular, pero es particularmente
eficaz y sorprendente entre los cristianos. Esto lleva a una primera
conclusión: para vencer necesariamente y con ayuda de Dios, debemos
cambiar nuestra actitud...
Pienso ahora en un triunfador de la antigüedad.
Tenía un socio que antes que bobo, era muy vivo y además,
ventajoso. No se andaba por las ramas: cuando había que escoger
algo, siempre se inclinaba por lo mejor. En materia de negocios, siempre
razonaba: primero yo, segundo yo... y tercero... pues yo....
Su socio, el vencedor, era más pausado.
¿A quién me refiero? A Abram y su sobrino Lot. La historia
la hallamos en el libro del Génesis, capítulo 13 versículos
desde el 1 al 17. Según el relato, las posesiones de ambos eran
tantas, que decidieron separarse. No había suficiente espacio
para los dos y, para agravar las perspectiva, sus colaboradores ya se
estaban liando a puñetazos para zanjar las diferencias. Y fue
en ese momento cuando Abram tomó una decisión sensata.
Le dijo a su sobrino que escogiera: "...Yo te ruego que te apartes
de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha;
y si a la derecha, yo a la izquierda"(versículo 9).
Seguridad en Dios
Abram asumió la actitud de un vencedor:
disposición de seguir adelante sin importar las circunstancias.
El sabía que cualquiera fuera el territorio que le correspondiera
en suerte, le iría bien. Confiaba que el poder de Dios lo acompañaba.
Tenía seguridad y confianza en Aquél que todo lo puede.
Sabía que a donde fuera, el Señor iba con él...
Y si Dios está con nosotros...¿Quién podrá
estar en contra nuestra? Decisión, mentalidad de avanzada, pasos
firmes, actitud de ganador...
El error de seguir el camino que los demás andan
Como dije antes, el sobrino del patriarca era ventajoso.
"Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán,
que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la
tierra de Egipto en dirección de Zoar antes que destruyese Jehová
a Sodoma y Gomorra. Entonces Lot escogió para si toda la llanura
del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el
uno del otro"(Versículos 10 y 11).
Antes de proseguir, razonemos: Lo que el común
de las personas califican de promisorio, no siempre tiene un final feliz.
Los hombres de Dios ven diferente. Tienen claro que la puerta ancha
no es propiamente la que conduce al éxito, a la victoria, a la
vida eterna... Tal como ocurrió a Lot ya que "...los hombres
de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera"(Versículo
13). Un triunfador jamás olvida que no en todos los casos el
camino más transitado es el mejor...
Mirar las posibilidades y no los impedimentos
Hora pongámonos junto al camino con Abram,
el vencedor. El simplemente confió que Dios lo bendeciría.
No importa que sólo tuviese a disposición una tierra llena
de piedras y grandes desiertos.
Cuando estamos en el plan de Dios y nos movemos
en su voluntad, aún lo que consideramos un motivo de fracaso,
se transforma en factor de victoria. "Y Jehová dijo a Abram,
después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus
ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur,
y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré
a ti y a tu descendencia para siempre" (versículos 14 y
15).
¿Qué pasaría si...?
Pregúntese qué pasaría si...
Usted dejara de mirar las dificultades y evaluara las posibilidades
de triunfar con ayuda de Dios... Usted dejara de llorar por lo que pudo
haber sido y no fue, y mirara el futuro que tiene por delante... Usted
cambiara esa actitud que todo lo mira a la luz del fracaso.... Usted
aprendiera a confiar y depender de Dios y no de sus fuerzas... ¿Sabe
qué ocurriría? Que su vida sería diferente. ¡Hoy
es su oportunidad! Mire por fe el panorama despejado y prometedor que
tiene delante!... Este puede ser el comienzo de una vida de éxito....
Con la ayuda de Dios lo podrá lograr...
Fernando Alexis Jiménez

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