|
|
|
Siguiente
|
 |
|
Publicado el 4 de Diciembre del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
¿De qué manera invierte su vida?
La visita fue sorpresiva. Sobre el marco de la
muerta se dibujaba, a contra luz, la silueta.
-Es hora de partir... Llegó el momento-
-Está bien, Señor...-Una respuesta
que revelaba nostalgia en la voz. En cuestión de segundos toda
la vida pasó por su mente como un largometraje en el que se unieron
imágenes de la niñez, la adolescencia y la edad adulta.
Miró junto a su cama. Allí estaba una maleta. "¿En
qué momento empaqué mis cosas?", pensó, y
prefirió no formular esa pregunta a Jesús, que lo esperaba
con una expresión de ternura en su rostro. De qué serviría,
se preguntó, al razonar que se iría para no regresar jamás...
Y fue en ese instante que reflexionó en
lo mucho que no había hecho en vida. Si bien es cierto no podía
devolver el tiempo, lo embargó una profunda tristeza al recordar
cuán poco había compartido con su esposa. Trabajo, siempre
había trabajo y muy poco espacio para ella. Y los hijos, tan
rápido pasaron los años que no se dio cuenta de que habían
crecido sino hasta el día que uno de ellos se graduó de
la universidad...
Pero algo más le inquietó. El debía
rendir cuentas ante el Creador, y en parte estaba satisfecho. Y sus
vecinos... ¿Qué pasaría cuando ellos debieran ir
al tribunal de Cristo? El había argumentado tantas ocupaciones
que jamás les compartió el evangelio. Y sus compañeros
de trabajo ¿Irían a la eternidad con Dios? Lo más
probable es que no, porque a ellos tampoco les predicó... y su
familia próxima ¿Dónde iría al emprender
el viaje sin retorno? De seguro a la oscuridad eterna porque tampoco
les compartió las Buenas Nuevas de Jesucristo... Un nudo se hizo
en su garganta... Definitivamente había malgastado mucho el tiempo,
sus talentos y oportunidades...
-Es hora de partir... -le recordó el Señor
Jesús con amor en sus palabras. Y comenzaron a caminar al más
allá... Ya no había tiempo...
Es hora de realizar un inventario
¿Qué hacemos con cada instante de
nuestra vida? El tiempo se escapa como agua entre las manos ¿Ha
pensado en eso? Por mucho que nos afanemos, no podremos retroceder el
tiempo. El minuto que avanzó, es imposible retrocederlo.
¿Ha meditado que a vuelta de pocos años
se lamentará por los preciosos instantes que desperdició
hoy? Esta es una realidad inexorable e inevitable.
Pero hay algo más complejo aún: en
este mismo instante muchos, quizá decenas de personas, están
partiendo a la eternidad. Lo grave es que la gran mayoría de
quienes mueren, no aceptaron a Jesucristo como su único y suficiente
Salvador. Es decir, pasaron al más allá sin Cristo...
Y si nos atenemos a lo que dicen las Escrituras, quienes fallecieron
irán a la perdición eterna.
Pero la historia pudo ser diferente... Sólo
bastaba que usted o yo dedicáramos más tiempo para compartir
las Buenas Nuevas entre quienes no conocen la obra redentora de Jesús,
el Hijo de Dios,
¿Cómo invierte sus talentos?
Cuando meditamos en este aspecto, no podemos menos
que recordar la parábola de los talentos. Encontramos este pasaje
en el evangelio de Mateo, capítulo 25, versículos del
14 al 30. El Señor Jesucristo hizo el paralelo: "Porque
el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó
a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos,
y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego
se fue lejos"(versículos 14 y 15).
Aquí encontramos dos aspectos fundamentales:
a.- Dios delegó autoridad y poder en sus
siervos pata que invirtiesen los talentos.
b.- Dios conoce las aptitudes y potencialidades
de toda persona. Tal vez usted no haya valorado sus capacidades, pero
el Señor sí. El sabe cuán lejos puede llegar usted
en Sus manos.
Llamados a multiplicar los talentos
El centro del asunto es: ¿Cómo invertimos
esos talentos?. Muchos cristianos que tienen formación profesional
o capacitación empírica, desperdician toda su potencialidad
y se limitan únicamente a ir al templo. ¿Imagina cuánto
podrían servir esas vidas en manos del Señor? Un médico,
una enfermera, un trabajador de la construcción, un plomero...en
fin, muchas personas que podrían sumarse a brigadas sociales,
y a través de esas jornadas aprovechar la ocasión para
predicar. A partir de sus aptitudes y habilidades, hay sinnúmero
de ideas que pueden surgir y que podríamos aprovechar para que
la Palabra de Dios sea predicada.
Sin embargo, en la vida hallaremos a quienes multiplican
los dones, y quienes asumen una actitud indiferente. "Y el que
había recibido cinco, ganó también otros cinco.
Pero el que había recibido dos, ganó también otros
dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en tierra,
y escondió el dinero de su señor"(versículos
del 18 al 20).
Tarde o temprano rendiremos cuentas
Es inevitable que rindamos cuentas al Señor
respecto a cómo utilizamos nuestra mayordomía. "Después
de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló
cuentas con ellos"(Versículo 19).
Pienso en pastores, líderes y cristianos
que se conformaron con vivir a Cristo amparados en las cuatro paredes
del templo. Jamás salieron a evangelizar. Siempre esperaron que
las almas llegaran a la congregación. Nunca salieron a la calle
en búsqueda de esas vidas que se pierden sin la salvación
eterna. En cierta manera las personas condenadas a la perdición
eterna, son nuestra responsabilidad.
Imagine por un instante que está disfrutando
del paraíso. Todo a su alrededor es hermoso. Sin embargo, algo
rompe la tranquilidad. Son miles de seres que gritan desperados en el
infierno. Y usted reconoce que pudo haber salvado decenas, con solo
compartirles el evangelio. No tenía tempo. Su argumento era que
siempre estaba ocupado. Y por su culpa, las almas se perdieron...
Fiel en lo poco, fiel en lo mucho
Hay algo más que le invito a examinar. Dios
tiene una recompensa para su pueblo. Lo que usted hace por la propagación
del evangelio, tendrá su reconocimiento divino. A quienes habían
multiplicado sus talentos les dijo: "Bien, buen siervo y fiel;
sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el
gozo de tu señor"(versículo 23). El apóstol
Pablo escribió también: "Así que, hermanos
míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra
del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor
no es en vano" (1 Corintios 15:58).
Conozco personas que aspiran, de la noche a la
mañana, ir a predicar a las naciones, pero jamás se animan
ni siquiera a distribuir un tratado o folleto evangelístico.
O quienes desean ser pastores de iglesias prósperas donde la
congregación sea enorme, pero no son capaces de salir a evangelizar
en las calles.
Dios permita que hoy comience a pensar honestamente:
¿Cómo está invirtiendo sus talentos? No deje que
sus capacidades sigan dormidas, mientras miles de personas se pierde
en la eternidad sin Cristo...
Fernando Alexis Jiménez

|