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Publicado el 27 de Octubre del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
¿Tiene límites el poder de Dios?
¿Hasta dónde llega el poder de Dios
para obrar milagros? La respuesta es sencilla: hasta donde el hombre
pueda creer...
Lea de nuevo esta frase porque lo que voy a decir
a continuación, quizá le suene a herejía: Dios
no tiene límites, los límites los colocamos usted y yo.
¿Por qué, entonces, no vemos sanidades y milagros hoy
día? Porque nos ha faltado fe suficiente para ver prodigios.
Nos acostumbramos a racionalizar demasiado, a tratar de explicar en
términos humanamente comprensibles, todo lo que ocurre. Y ese
ha sido nuestro mayor obstáculo. Por esa razón elemental
no avanzamos para superar la dimensión material donde todo lo
que sucede tiene una explicación científica, y no entramos
en la dimensión nueva: la de los milagros y las sanidades.
Antes de llegar a esas nuevas alturas, es necesario
superar barreras que nosotros, de manera inconsciente, hemos levantado
y que limitan nuestra fe.
Lo que la ciencia no puede...
"Un día Jesús fue a comer a
casa de un notable de los fariseos. Era sábado, así que
éstos estaban acechando a Jesús. Allí, delante
de él, estaba un hombre enfermo de hidropesía. Jesús
les preguntó a los expertos en la ley y a los fariseos:
-¿Está permitido o no sanar en sábado?
Pero ellos se quedaron callados. Entonces tomó
al hombre, lo sanó y le despidió" (Lucas 3:1-3. Nueva
Versión Internacional).
El desorden orgánico, para algunos irreversible
y que se conoce como la hidropesía, es motivo de desánimo
para muchos, y para otros, la antesala de una muerte inevitable. Y el
hombre del relato padecía de este mal. "No se salvará",
comentaban en voz baja algunos de sus conocidos, pero Dios tenía
planes diferentes.
Creer cuando los demás dudan...
Si usted padece algún mal y alguien, de
los pesimistas que no han de faltar a nuestro alrededor, le dijo que
no tenía cura, no le crea. Sí, así como lo lee:
no le crea. Crea a Dios. Si usted tan solo cree en los milagros, Dios
obra maravillas.
La palabra declara que este hombre estaba en el
banquete (versículo 2). ¿Creía que Jesús
podía sanarlo? Yo me inclino a pensar que sí. Fue a él
con fe. No se preocupó tanto por la opinión de los demás.
Su deseo era recibir sanidad, y buscó a Jesús, al Hijo
de Dios, a Aquél que sí puede hacer lo que la ciencia
y la medicina no pueden...
Los obstáculos humanos
Impacta la pregunta que formuló Jesús:
"¿Está permitido o no sanar en sábado?"(versículo
3 3). Con este interrogante retó no solo la fe sino la hipocresía
de los presentes. ¿Por qué ellos no veían milagros?
Porque estaban sujetos a las tradiciones, a los preceptos humanos, a
las voces derrotistas que consideraban imposible que Dios manifestara
su poder.
Si se encuentra en esta situación, ya es
hora de que salga de esa prisión de incredulidad.
Jesucristo quiere obrar hoy
Dios quiere seguir moviéndose hoy con sanidad
y milagros. Su mano no se ha acortado. Si usted enfrenta un problema
grave o una enfermedad, estoy seguro que Jesucristo obrará un
prodigio en su existencia.
La Escritura señala que "Entonces tomó
al hombre, lo sanó y lo despidió" (versículo
4b).
La decisión es suya. Nuestro amado Señor
no lo obliga. Pero si tan solo se dispone a creer, estoy seguro que
verá milagros. Permítame hacer énfasis en algo:
es necesario creer. Dar un paso de fe. No dudar.
Le invito para que, en oración, le pida a
Dios ese milagro que necesita. Si tiene alguna petición y desea
que le acompañemos intercediendo en oración a su favor,
no dude en escribirnos.
Fernando Alexis Jiménez

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