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Publicado el 27 de Octubre del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
Ser cristiano:
una experiencia de crecimiento permanente
Publicar su primer libro fue toda una odisea. Corría
el año de 1966. Le tocó hacer una y mil maromas para conseguir
la financiación. Comenzar siempre es duro, y más cuando
se trata de un poeta.
Sin embargo Mario Rivera no se dio por vencido.
Y a su primera compilación de composiciones poéticas,
siguió la segunda, y la tercera hasta completar catorce libros.
"Las primeras publicaciones eran sobre la vida y el color. Los
últimos libros están volcados hacia un análisis
interior. Hoy me planteo la importancia y de Dios y la gravedad de la
violencia", confesó en un reportaje.
Por largos años este escritor de Antioquia, Colombia, luchó
contra viento y marea para sacar adelante la revista "Golpe de
dados", una verdadera utopía que gracias a su perseverancia,
entusiasmo y fe, jamás dejó de circular.
Los duros golpes recibidos en su carrera de sueños,
ilusiones y esperanzas, se vieron compensadas hace algunos días
cuando todo un auditorio se levantó para aplaudir a Mario Rivero.
En aquella ocasión recibió el Premio Nacional de Poesía
"José Asunción Silva", uno de los máximos
reconocimientos de la literatura colombiana. Cuando las lágrimas
surcaron su rostro, pensó que los años no pasan en vano
y que días, meses y años, le habían llevado a madurar
en su estilo...
Crecimiento en la vida cristiana
La vida cristiana es un proceso de crecimiento
permanente. Nunca dejaremos de aprender las grandezas de Dios. Cada
día, unidos a Dios, ascendemos un nuevo peldaño. Es inevitable:
no llegamos a ser cristianos de éxito de la noche a la mañana.
Es cierto, nuestro amado Señor Jesucristo nos perdonó
todos los pecados en la cruz y nos abre las puertas a una nueva vida,
pero es allí donde apenas comenzamos. Crecer se convierte en
un trasegar constante.
El apóstol Pablo lo describió sabiamente: " Cuando
era niño, hablaba como niño, pensaba como niño,
razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé
atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta
y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara..."
(1 Corintios 13: 11,12).
Firmes con Dios
Con mucha frecuencia recibo cartas de personas
que me dicen: "Estoy cansado de intentarlo. Definitivamente voy
a renunciar. Creo que no nací para vivir la vida cristiana".
Son cartas sinceras, algunas con angustia. Personas que reconocen que
cometen fallas. A ellas necesariamente les hablo de la importancia de
seguir asidos de Dios, agarradas de su mano, pidiéndole que les
ayude a crecer en la fe y en su conocimiento.
También fue Pablo quien escribió:
"Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes
e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes
de que su trabajo en el Señor no es en vano", y el apóstol
Pedro aconseja en su carta universal: "Por lo tanto, abandonando
toda maldad y todo engaño, hipocresía, envidia y toda
calumnia, deseen con ansia la leche pura de la palabra, como niños
recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán
en su salvación, ahora que han probado lo bueno que es el Señor"
(1 Corintios 15:58 y 1 Pedro 2:2. Lea también 1 Tesalonicenses
3:12).
Es fundamental entender que usted y yo, al aceptar
a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador, apenas
comenzamos ese proceso de crecimiento. Un ejemplo claro: el apóstol
Pedro. Era irascible, algo violento, impulsivo y en su momento negó
a Jesús. Pero en el libro de los Hechos, transformado por el
poder de Dios, lleno del Espíritu Santo, le encontramos predicando
poderosos mensajes que llevamos decenas, centenas y miles de almas a
los pies del Señor.
Si usted devuelve el casete de su vida, encontrará que sin siquiera
darse cuenta, se han producido cambios en su existencia. Quizá
quienes no nos damos cuenta de la transformación, somos nosotros,
pero sí quienes nos rodean.
Le animo a seguir adelante. Si falló, busque
a Dios en oración, levántese y siga avanzando. Muchos
renunciaron a crecer en la vida cristiana incluso antes de comenzar.
Las primeras dificultades les llenaron de inquietud y desánimo
y volvieron atrás. Ahora, si usted tiene contacto con alguien
que desea volver atrás, anímelo. Que conozca al Dios de
amor y no ese Dios castigador que no comprende el proceso de quien está
creciendo en la fe y en la vida cristiana.
Fernando Alexis Jiménez

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