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Publicado el 27 de Octubre del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
Las características de un triunfador
La vida de Mohandas Karamchand Gandhi es apasionante.
Se le considera un triunfador. Su existencia marcó el sendero
para muchos líderes, no solo de oriente sino también de
occidente. Se le conoce en la historia como el Padre de la Nación
de la India, aludiendo a sus acciones que contribuyeron a la liberación
hindú del gobierno colonial inglés. Siempre predicó
y aplicó la resistencia no violenta. Los indios llamaron a Gandhi
Mahatma, que significa Alma Grande.
En el propósito de liberar a su pueblo, enfrentó fracasos,
frustraciones, intolerancia e incomprensión. Pero no decayó
jamás su fe y optimismo. En conjunto pasó siete años
en prisión debido a sus actividades políticas. Creía
que era honorable ir a la cárcel por una causa justa. Más
de una vez Ghandi recurrió al ayuno para sensibilizar a sus seguidores
sobre la necesidad de ser no-violento.
India alcanzó la independencia en 1947. En
enero de 1948, a la edad de 78 años fue asesinado por un fanático
hindú que se oponía a su programa de tolerancia hacia
todos los credos y religiones.
Aunque no era cristiano, este personaje que
ganó el Premio Nóbel de Paz, ha sido mirado como un triunfador
y ejemplo de tenacidad en la conquista de grandes logros...
El triunfador ¿Nace o se hace?
Actualmente no hay parámetros que nos permitan
determinar: haciendo esto o aquello se logra ser un vencedor. Si bien
es cierto abundan hoy día conferencias de motivación hacia
la excelencia y el crecimiento personal, no hay estrategias infalibles
para ser un ganador.
Sin embargo, sí hay características
que rodearon a los hombres de Dios, cuya aplicación les llevó
a triunfar, incluso por encima de la adversidad. Uno de estos hombres
de éxito fue Salomón, el hijo del rey David. Y le insto
para que, Biblia en mano, aprendamos de sus principios de vida, aplicables
a nuestros días. El relato lo encontrará en el primer
libro de Reyes, capítulo 3, versículos del 1 al 15.
El triunfador ama a Dios
Hay dos formas de luchar por la materialización
de nuestros sueños, metas y proyectos: la primera, con nuestro
propio esfuerzo, y la segunda, con la ayuda de Dios. En el primer caso,
de seguro se esforzará mucho y los resultados serán mínimos
o demasiado lentos.
Si opta por depositar la confianza en el Creador,
tendrá de su parte a Aquél que todo lo puede. Este era
uno de los secretos del monarca. Dice el pasaje: "Salomón
amó al Señor..."(versículo 3a. Nueva Versión
Internacional). Dios ocupaba el primer lugar en su vida. Y cuando esto
ocurre, de entrada tenemos enormes posibilidades a nuestro favor...
El triunfador reconoce a Dios en sus caminos
No comprendo cómo hay personas que pretenden
ser prosperadas en su hogar, trabajo y desempeño ministerial,
pero no pasan tiempo en la presencia del Señor. Salomón
reconocía a Dios en todos sus caminos. Orar al comenzar el día
y al concluir la jornada, constituye un soporte fundamental para salir
adelante en todo lo que emprendemos.
El triunfador guarda gratitud a Dios
En el diálogo que sostiene Salomón
con el Señor, el joven rey reconoce con gratitud la ayuda ofrecida
por Dios a su padre David y concederle el privilegio de servir: "Tu
trataste con mucho amor a tu siervo David, mi padre, pues se condujo
delante de ti con lealtad y justicia, y con corazón recto. Y,
como hoy se puede ver, has reafirmado tu gran amor al concederle que
un hijo suyo lo suceda en el trono" (versículo 6). Como
suele ocurrir con muchas personas, no podemos olvidarnos de Dios cuando
sus peticiones reciben respuesta. La ingratitud no es propia de un cristiano
auténtico.
El triunfador reconoce sus limitaciones
La autosuficiencia es uno de los males que abundan
en nuestro tiempo. A Armando Satizábal se le conoció en
Bolivia por ser reconocido hacendado. Era como si tuviese la magia que
rodeaba al mítico rey Midas. Todo lo que tocaba parecía
convertirse en oro. Prosperó hasta más no decir. Pero
un día vino la crisis: el médico diagnosticó cáncer
linfático. Y de nada sirvieron sus elevadas cuentas bancarias,
posesiones materiales, títulos y orgullo. Pero ni aún,
en medio de esa difícil situación, quiso reconocer su
necesidad de un poder mayor, el de Dios.
Salomón evidenciaba en su existencia, la
humildad que le permite reconocer al ser humano sus limitaciones. Admitir
que no podemos hacerlo todo. Esta característica la evidencia
en su oración: "Ahora, Señor mi Dios, me has hecho
rey en lugar de mi padre David. No soy más que un muchacho, y
apenas sé como comportarme"(versículo 7).
El triunfador evalúa muy bien sus decisiones
Le ha ocurrido alguna vez que tras adoptar una
decisión, se haya arrepentido. Es más frecuente de lo
que imaginamos. Actuamos, y cuando estamos inmersos en la situación,
reconocemos que no fue la mejor idea ni la reacción más
aconsejable.
Si pensáramos cuidadosamente cada decisión,
cometeríamos menos errores, ofenderíamos menos a nuestro
prójimo y nuestro futuro no luciría tan ensombrecido.
Esa encrucijada la enfrentó el rey Salomón. La diferencia
radicó en que meditó en este hecho y, como gobernante,
no quería cometer errores. Por esa razón acudió
al Señor. En su oración le dice: "Sin embargo, aquí
me tienes, un siervo tuyo en medio del pueblo que has escogido, un pueblo
tan numeroso que es imposible contarlo. Yo te ruego que le des a tu
siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre
el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá
gobernar a este gran pueblo tuyo?"(versículos 8 y 9).
El triunfador pide la dirección de Dios
Pedir la dirección de Dios, invocar sabiduría
de lo alto, es uno de los pasos más aconsejables cuando por alguna
circunstancia debemos actuar. No podemos olvidar que lo que hacemos
o decimos, ejerce influencia directa indirecta, no solo en nuestras
vidas sino en las de quienes nos rodean. Y ese hecho lo tuvo claro el
joven gobernante al solicitar la intervención divina para saber
qué hacer en cada caso (versículos 8 y 9).
De esta manera, guiados por Quien lo ve todo, en
el presente y en el futuro, avanzamos con pasos seguros. Pedir la dirección
de Dios nos abre puertas a marchar en victoria...
El triunfador, sabe qué pedir
Es evidente que la indicación de Dios: ¿Qué
quieres que te dé...? Era la oportunidad de la vida para alcanzar
cualquier sueño. Todas las riquezas de la tierra, la supremacía
militar, la fama... Si a usted Dios le dijese lo mismo: ¿Qué
le pediría...? Vamos, medítelo por un instante. ¿Cuál
sería su petición al Creador? Evalúe este asunto
con honestidad. De seguro se encontrará con sorpresas porque
los seres humanos tendemos a inclinarnos por aquello que genere mejores
condiciones de vida material, antes que el fortalecimiento espiritual.
Esa situación la vemos reflejada en nuestras
oraciones. A veces pedimos, pero pedimos mal. El apóstol Santiago
lo describió así: "Y cuando piden, no reciben porque
piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones"
(Santiago 4:2, 3). En cambio, volviendo al pasaje que estudiamos, hallamos
que al Señor le agradó que Salomón hubiera hecho
esa petición... (versículo 10)
El triunfador espera el tiempo y el momento oportuno
Hay un último punto de particular importancia:
saber esperar el momento oportuno, el lugar indicado y el tiempo propicio.
Y eso se logra únicamente en Dios. Si esperamos en Él,
Él obrará. (Salmo 37:5). Salomón depositó
toda su confianza en el Creador y eso le llevó a no acelerar
un proceso que sólo el Señor podía hacer cumplir.
Así lo puede usted comprobar cuando lee los versículos
del 11 al 15.
Yo le sugiero que cambie su perspectiva derrotista
de la vida. Dios lo llamó a ser un vencedor, no un fracasado.
Usted nació para triunfar, para materializar todos sus sueños,
para ir más allá de donde llegan los demás. Pero
en todo esto es necesario reconocer que es fundamental que involucremos
al Señor. Si lo hacemos tenemos asegurado un avance firme y con
todas las probabilidades de éxito.
Fernando Alexis Jiménez

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