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Publicado el 25 de Septiembre del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
Una religión a nuestra imagen y semejanza
David era un buen muchacho. Estudioso, en criterio
de muchos; retraído, en opinión de otros. Dado que no
tenía muchos amigos, al regresar a casa se encerraba en su habitación
para leer la Biblia hasta bien entrada la noche. Oraba con mucha frecuencia,
dicen sus conocidos.
El conocimiento escritural acompañado de
una personalidad carismática, llevaron a David a conseguir bastantes
seguidores. Ellos coincidían en que se trataba de un hombre consagrado,
con una espiritualidad que se apreciaba hasta en los poros. Luego vino
el tiempo de enclaustramiento. Llevó a sus discípulos
a encerrarse en un campamento, al que bautizó con el nombre de
Monte Carmelo.
Y se produjo en su vida una extraña metamorfosis.
Conocía muchos versículos de memoria. Pero comenzó
a citarlos ajustándolos a extrañas doctrinas que compartía
con sus adeptos. La Biblia dejó de ser los primordial para la
edificación espiritual y fueron las enseñanzas davidianas
las que tomaron el primer lugar..
El resto de la historia, todos la conocen. David
Koresh se inmoló con 71 personas más, incluyendo 19 niños.
El trágico incidente tuvo lugar el 19 de abril de 1993, después
de 51 días de enfrentamiento con las autoridades que buscaban
frenar sus maquiavélicos propósitos. En Waco, Texas, quedó
el triste testimonio del líder de una religión construida
a imagen y semejanza del hombre...
Una religión sin compromiso
Los ídolos...Los hay de todas las formas
y materiales. Al igual que en las antiguas culturas indígenas
de América, dominan todo lugar. Pero también, como en
tiempos remotos, los ídolos se convierten en religión.
Y hay quienes, cayendo en estas prácticas idolátricas,
ajustan la Biblia a sus propias creencias e ideas preconcebidas...
Una vida cristiana sin compromiso. Eso es lo que
buscan muchas personas. Y ajustan los preceptos bíblicos a su
conveniencia. Piensan y actúan como desean, pero cuando requieren
la intervención de Dios, allí si claman. Sólo buscan
al Señor cuando tienen alguna necesidad. El resto del tiempo
viven para sí mismos, para satisfacer su ego.
Conozco sinnúmero de personas que tuvieron
una experiencia personal con Jesucristo en una etapa de crisis. Una
vez resolvieron su problema, se olvidaron de Dios. Pero también
hay muchos que se auto proclaman cristianos, cargan la Biblia bajo el
brazo, pero sus acciones distan mucho de ser propias de un creyente.
Unos y otros traen mal testimonio y dejan una pésima imagen del
evangelio.
Una religión de conveniencia
Esta situación me lleva a reflexionar en
la vida de Micaía, el tristemente célebre personaje de
la antigüedad. Residía en los montes del clan de Efraín.
Era idólatra, deshonesto y buscaba negociar con Dios. La historia
la hallamos en el libro de los Jueces, capítulo 17 versículos
del 1 al 13.
En ese pasaje encontrará la radiografía
de muchos creyentes "tibios" de la modernidad, que a partir
de unos cuantos versículos descontextualizados e ideas pobladas
de prejuicio, fabrican una religión a su conveniencia. Y más
grave aún: esperan que otros se amolden a sus errados criterios
y razonamientos.
a.- Los principios bíblicos no se negocian
Una característica del cristiano es asumir
y reflejar en una vida principios bíblicos. No hacerlo es desconocer
y negar el poder transformador del evangelio. Y en el caso de Micaía,
le faltaba honradez, como podemos apreciarlo al leer los versículos
del 1 al 4. Era deshonesto, pero proclamaba creer en Jehová.
"Biblia Rota"
Recuerdo ahora a "Biblia rota", un personaje
muy particular en Puerto Tejada, Colombia...
Conoció a Jesucristo y asistía con
asiduidad a la congregación. Llevaba su ejemplar de las Escrituras
en todo momento. Pero un sábado cualquiera, camino de la iglesia,
amigos suyos lo llamaron desde una esquina. El fingió no escucharlos.
Entonces de uno de sus antiguos compañeros de farra le ofreció
a gritos: "Ven, tómate una cerveza. Está fría,
como te gusta. No la despreciarás". Y nuestro protagonista
vaciló. Se detuvo. En su interior batallaba el viejo hombre que
le decía: "Tómate una cerveza, no es pecado. Será
solo una". Y también el hombre nuevo que insistía:"No
te dejes vencer por la tentación. Resiste. Dios está contigo".
Y tomó una decisión: tomaré una cerveza. Luego
vino otra y una tercera más. Terminó ebrio, sentado en
una silla. La Biblia cayó a un lado. Desde ese día a Armando
lo conocen simplemente como "Biblia rota". El asegura que
tomarse un trago no es pecado. Y lo hace con demasiada frecuencia. Volvió
a ser borracho de antes. Jamás lo olvide: los principios bíblicos
no se negocian...
b.- En nuestro hogar debe reinar Dios
Para un sinnúmero de cristianos que han
constituido una religión a su manera, hay muchos ídolos
que tienen cabida en sus hogares. Para algunos es el televisor (al que
se le rinde culto cuando pasamos horas y horas frente a su pantalla),
la música, algún deporte o el mismo internet. Leí
hace poco un informe desde Japón donde se indicaba que hay adolescentes
que de la escuela pasan a navegar en el internet y de allí otra
vez a sus aulas. No salen, no practican ningún deporte, no se
relacionan con sus padres...
Estos distractores o ídolos modernos copan
el tiempo de buen número de personas, se alejan de Dios, abandonan
el ejercicio de la oración, no leen la Biblia y sólo el
domingo desempolvan la Biblia para ir al culto. Son hogares donde no
reina Dios sino que prevalecen los ídolos.
Algo similar ocurría con Micaía.
El pasaje bíblico señala que: "Y este hombre Micaía
tuvo casa de dioses, e hizo efod y terafines, y consagró a uno
de sus hijos como su sacerdote"(Versículo 5). Micaía
era demasiado ventajoso. El quería vivir a Dios a su manera.
Entronizó ídolos bajo su techo y llegó a ordenar
a su hijo como ministro. Quería tener una figura de líder
religioso en casa, a quien el pudiera manipular.
Personas así nunca están conformes
con sus pastores y líderes. Las enseñanzas que les imparten
desde el púlpito las consideran demasiado rigurosas o dominadas
por el fanatismo. Y si les exhortan a vivir en santidad, consideran
que sus pastores son tiranos que les coartan la libertad.
c.- En la iglesia y en nuestra vida cristiana debe primar el orden
"En aquellos días no había rey
en Israel. Cada uno hacía lo que bien le parecía"(Versículo
6). Cuando un cristiano cree que sabe todas las cosas y que nadie debe
ni tiene por qué venir a instruirle, está en un error
peligroso.
Siempre tendremos algo nuevo que aprender. Cuando
no hay principios ni orden, la iglesia se convierte en un campo de anarquía,
donde gobiernan la rebeldía, la intolerancia y el irrespeto a
la autoridad. Ni usted ni yo podemos permitir que esto ocurra. Quien
debe reinar en la iglesia es Jesucristo, el Rey de Reyes y Señor
de Señores.
Es hora de derribar todos los ídolos.
Una determinada doctrina, pastores o líderes,
patrones de comportamiento religioso, entre otros, pueden convertirse
en nuestros ídolos. Hay quienes aman tanto su denominación
que menosprecian a las demás o llegan a considerar que sólo
en su congregación tienen la verdad revelada. Y estas actitudes
idolátricas antes que contribuir a la proclamación del
evangelio, se convierten en piedra de tropiezo.
El Señor Jesucristo llegó a Jerusalén
y al entrar al templo, derribó todo lo que contaminaba ese lugar.
Todo ídolo cayó. Eso mismo debe ocurrir hoy en nuestra
vida y en la de nuestra congregación... Hay que pedir y dejar
que Dios traiga limpieza total. Que derribe todo lo que le desagrada.
Sólo así nuestro servicio y vida cristiana serán
agradables delante de Sus ojos.
Fernando Alexis Jiménez

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