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Publicado el 25 de Septiembre del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
¿Cuáles son sus prioridades?
Si hay algún pretexto que esgrimía
Arturo Marín para explicar la razón por la que no asistía
a la congregación, era la falta de tiempo. "Me gustan los
mensajes, la gente es amable, me siento bien con ustedes, pero no tengo
tiempo...". Y así pasaron los días que se convirtieron
en meses... Hasta el día en que decidió no volver.
"Uno no necesita estar metido en la iglesia
a toda hora. Con leer la Biblia en casa y orar, basta", comentó
en diversas ocasiones, antes de partir para no volver.
Es cierto que consiguió una vivienda
bien ubicada al sur de Santafé de Bogotá, y que incluso
compró un auto nuevo. Pero el tiempo no le alcanzaba. A su empleo
de siempre, sumó una segunda jornada nocturna, haciendo cálculos
financieros para una empresa. Llegaba pasadas las diez de la noche.
Un día al regresar no estaban su esposa y sus hijos. Se fueron.
No aguantaron ese ritmo de vida ni sus ausencias.
Esta fue la antesala de una etapa de amargura en
la que entró su vida. Decía que Dios lo había abandonado,
que su familia no era agradecida ni valoraba sus esfuerzos por darles
un futuro económicamente sólido, y que sus amigos le habían
dejado solo cuando más lo necesitaba. De nada le servía
el dinero que tenía en los bancos, porque su vida se tornó
aburrida y sin propósito.
Prioridades equivocadas
La rapidez con la que evoluciona nuestra sociedad,
lleva al hombre a contagiarse con la agitación. Correr, aprovechar
al máximo el tiempo, apurarse a cumplir hoy con todas las tareas.
Llegar cansados a casa, dormir y levantarse a primera hora del día
para tomar el metro o el autobús, y seguir la misma rutina. Cada
día lo mismo. Un círculo vicioso que pareciera no terminar
nunca. Trabajar - dormir y dormir - trabajar. Nada cambia. Todo es igual.
"Mi vida ya no tiene sentido. El hoy
en nada se diferencia del ayer y, de seguro, será similar al
mañana. Igual da morir ahora que diez años después".
Revolvía el café con la mirada perdida en el vacío.
Ni siquiera se tomó el trabajo de contar cuántas cucharadas
echaba dentro de la taza. En sus ojos se revelaban cansancio y desgano,
unidos en una expresión de hastío.
Y allí estaba yo, tratando de aconsejar
a un administrador de empresas de apenas 32 años que no quiere
vivir. Considera que su existencia es un infierno.
Una salida a la crisis
¿Qué le ocurre al hombre de hoy?¿Por
qué tantas consultas al médico por enfermedades asociadas
con la ansiedad?¿Qué hacer para que vivir deje de constituir
un martirio y se convierta en una oportunidad extraordinaria?
Sin duda es necesario identificar qué
asuntos consumen nuestras fuerzas y mantienen ocupada nuestra mente
con pensamientos que despiertan afán y desasosiego. Un segundo
paso es redefinir nuestras prioridades. Sólo así encontraremos
salida al callejón en el que permanece atrapada la sociedad moderna.
¿Cuáles son sus prioridades?
Para muchos, lo que guarda mayor importancia es
el trabajo, la práctica de algún deporte, participar en
cuanto comité o junta directiva se conforme en la empresa, la
universidad, el barrio o quizá la iglesia. Para otros es sumamente
valioso figurar con el propósito de alcanzar reconocimiento social,
y hay quienes sacrifican cualquier momento de descanso, o en familia,
para tener un trabajo extra y ganar dinero.
Ese es un grave error. Cuando despertamos a la
realidad, encontramos que invertimos gran parte de la vida en guardar
dinero, buscar posición social o estatus académico, y
cuando alcanzamos estas metas, estamos demasiado viejos o enfermos para
disfrutar de todo cuanto nos rodea. Incluso, hay quienes logran escalones
a costa de la desintegración de sus familias.
Una historia que nos orienta
El Señor Jesucristo fue a visitar a viejas
amistades en Betania. Los hechos son descritos en el evangelio de Lucas,
capítulo 10, versículos del 38 al 42. Allí encontramos
pautas bíblicas que nos llevan a reflexionar sobre cuáles
son nuestras prioridades.
a.- ¿Demasiado ocupados?
Para muchos el reloj es un enemigo. Desean que
el día tuviese 48 horas. Y si fuera viable prolongar el horario,
trabajarían todo el tiempo. Marta, una de las protagonistas del
pasaje bíblico, era una de estas personas. Solo vivía
para estar ocupada.
Al percatarse que su hermana María
estaba a los pies de Jesús, protestó: "Pero Marta
se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor,
¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues,
que me ayude" (Versículo 40).
Tal vez como Marta, usted se preocupa
y roba la felicidad así mismo "
con muchos quehaceres",
y no solo eso, sino que aspira a que quienes están a su alrededor,
marchen al mismo ritmo.
b.- ¿Reconocer que a toda hora está corriendo?
Leí en un pared de Bucaramanga, una hermosa
ciudad colombiana, el siguiente graffiti, que me llamó poderosamente
la atención y que comparto hoy con ustedes: " Quien comete
un error, y no lo admite, comete un segundo error". No es un mero
juego de palabras sino una frase con sentido. Y Marta estaba tan ocupada,
que no reconocía la naturaleza y origen de sus apuros y preocupaciones.
De seguir así, iba a parar en cama, enferma.
Fue justamente Jesús quien de manera prudente
pero sin estar exenta de amor, le llamó la atención: "Respondiendo
Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás
con muchas cosas" (Versículo 41).
Ya es hora de hacer un alto en el camino. ¿Cuánto
tiempo hace que no toma un descanso? ¿Cuánto tiempo pasó
desde que sacó su familia a pasear por última vez?¿Cuánto
lleva sin olvidarse de todas sus ocupaciones para disfrutar de una buena
película?. Permítame ir más allá: ¿Cuándo
fue la última vez que se tomó un buen tiempo para orar
y leer la Biblia?... Las respuestas están en sus manos. La decisión
de cambiar, también.
c.- El equilibrio espiritual trae paz física y emocional
Además del diagnóstico que hizo Jesús
de Marta, añadió algo de suma importancia: "Pero
solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte,
la cual no le será quitada"(Versículo 42).
Si volcamos nuestros afanes, preocupaciones, cargas
y expectativas en el Señor Jesucristo, nos traerá paz
espiritual. Cuando esa paz domina nuestro ser, se refleja en buenas
relaciones con nuestros familiares y seres queridos.
El equilibrio espiritual se proyecta trayendo paz
en los planos físico y emocional. Fue Jesús quien dijo:
"Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados,
y yo os haré descansar"(Mateo 11:28).
d.- Preocúpese por el hoy
Hay quienes viven amargados por lo que ocurrió
en el ayer, e inquietos por el futuro. Y es un error porque ni lo uno
ni lo otro lo vamos a poder modificar nosotros. Nuestra preocupación
debe ser el hoy, vivirlo para Cristo, que es nuestra verdadera prioridad.
No en vano el Señor Jesús recomendó a sus discípulos:
"Así que, no os afanéis por el día de mañana,
porque el día de mañana traerá su afán.
Basta a cada día su propio mal" (Mateo 6:34).
Viva un día a la vez. Haga su trabajo
de hoy. Disfrute de su familia. Viva la vida hoy, porque quizá
no podrá disfrutar de un mañana porque tal vez en pocas
horas deba ir a la presencia del Supremo Creador. Pero todo cuanto haga,
debe estar sometido a la voluntad de nuestro Señor. El es la
verdadera y principal prioridad.
Si vivimos para Dios, seremos mejores hijos,
mejores hermanos, mejores amigos y mejor esposo o esposa. Y cuando esto
ocurre, reorientamos las prioridades y le encontramos sentido a la existencia.
Fernando Alexis Jiménez

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