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Publicado el 22 de Agosto del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
¡Cuide su Consagración para el Señor!
Nadie se atrevía a decir nada. Estaban atónitos.
El ambiente se tornó pesado.
"Usted es un fraude. ¡Mentiroso! Dígales
la verdad: está en adulterio. Y no con una mujer soltera, sino
con mi esposa". El hombre, visiblemente descompuesto por la ira,
vociferaba a la entrada del templo. Levantaba los puños. "Dizque
evangélico...Usted es un destructor de matrimonios. Destrozó
mi vida, y la de mis hijos".
Angustiado, José Raúl, diácono
administrativo de la congregación, no hallaba dónde fijar
la mirada. Desplazaba sus ojos de un lugar a otro. Miraba al pastor,
al ministro de alabanza, a su esposa...y en especial, el rostro de sus
dos niños, bañado en lágrimas...Y a la congregación.
Todos estupefactos.
Dos ujieres impidieron que el irascible marido
se avalanzara sobre José Raúl. Fue un verdadero escándalo.
La mitad de los miembros emigró a otras iglesias. Nadie quería
saber del asunto. El pastor fue removido de su cargo, aunque no era
culpable. No pasaron siete meses antes que la iglesia debiera trasladarse
a otro lugar. En la antigua sede hoy funciona un supermercado.
¿Un hecho real? Por supuesto que sí
¿El lugar? Podría ser cualquier ciudad en los Estados
Unidos o tal vez de centro o Sudamérica. La ubicación
no es relevante. Lo que sí tiene importancia es puntualizar que
cada día con mayor frecuencia se comenta de pastores y líderes
que caen en pecados, los cuales afectan no solo sus vidas y la de sus
familias, sino a las comunidades cristianas donde sirven. No cuidan
ni guardan la santidad y consagración a la que fueron llamados
por Dios...y las consecuencias son desastrosas...
La tragedia de un hombre consagrado
Antes de ser concebido, Dios tenía una misión
especial para uno de los legendarios héroes de la Biblia: Sansón.
Un ángel del Señor le dijo a la madre del paladín:
"Eres estéril y no tienes hijos, pero vas a concebir y tendrás
un hijo. Cuídate de no beber vino ni ninguna otra bebida fuerte,
ni tampoco comas nada impuro, pero concebirás y darás
a luz un hijo. No pasará la navaja sobre su cabeza, porque el
niño va a ser nazareo, consagrado a Dios desde antes de nacer.
El comenzará a librar a Israel del poder de los filisteos"(Jueces
13:3-5. Nueva Versión Internacional).
Una palabra clave: consagración. La explicación
sencilla: "apartado para..." Dios lo necesitaba en su obra.
Como ocurre con usted o conmigo. Fuimos llamados a servirle. De una
u otra forma nuestro desempeño ministerial, el privilegio que
nos ha otorgado, amerita que pongamos la mirada en El, y nos conservemos
irreprensibles en su presencia.
¿La razón del fracaso de Sansón?
Me atrevería a pensar que fueron varias. Las enumero a continuación
para que permanezcamos atentos, velando por cuidar nuestra consagración.
1. Es peligroso jugar con la inmoralidad
"Si los demás lo hacen ¿Por
qué no puedo hacerlo yo?". Con este razonamiento, inclinado
a la inmoralidad, el jovencito convenció a su enamorada para
tener relaciones sexuales. La chica quedó en embarazo. Los dos
fueron desvinculados del grupo de alabanza de la iglesia. El escándalo
no sólo abochornó a la pareja, sino a sus padres, reconocidos
por años de servicio a la congregación.
Jugar con la moral es sumamente peligroso. Ese
fue uno de los tantos errores de Sansón. "Un día
Sansón fue a Gaza, donde vio a una prostituta. Entonces entró
para pasar la noche con ella"(Jueces 16:1). Si avanzamos hasta
el segundo versículo, notaremos que en toda la ciudad conocieron
del hecho. Este siervo de Dios no solo cedió a la inmoralidad,
sino que es fácil intuir que dejó por el suelo su testimonio.
2.- Es peligroso unirse con yugo desigual
Los planes de Dios para hombres y mujeres que tienen
un llamado al ministerio, se han visto entorpecidos porque se escoge
una persona inconversa para casarse. El argumento más común
es: "Yo le voy a ayudar a cambiar. Le llevaré a los caminos
del Señor". Es un pretexto para ocultar nuestra rebeldía
al principio bíblico que nos exhorta no unirnos en yugo desigual,
y se convierte en la antesala de un fracaso. Eso ocurrió con
la vida del protagonista de la historia: "..Sansón se enamoró
de una mujer del valle de Sorec, que se llamaba Dalila" (Jueces
16:4).
Observe que no sólo corrió tras una
filistea sino que es evidente que se dejaba llevar fácilmente
por las emociones.
3.- El peligro de tener en poco nuestra consagración
Hay dos cosas de las que le invito a cuidarse.
La primera, de ir mostrando sus credenciales ministeriales por todos
los lugares en procura de obtener privilegios. La segunda, no cuidarnos
de lo que hacemos o decimos, teniendo en poco nuestra investidura. Cuando
somos creyentes evangélicos y además ejercemos una posición
de liderazgo, quienes nos rodean están atentos a todo nuestro
desenvolvimiento. Muchos buscan excusa para criticarnos, y lo logran...
Sansón no solo descuidó su condición
de siervo, sino que incluso tuvo en poco su consagración, revelando
la fuerte de su poder a quien no debía hacerlo (ver Jueces 16:16,
17).
4.- Es peligroso no ser vasos puros
Las Escrituras registran que la vida licenciosa
de Sansón, sin ningún miramiento por la consagración
que debía conservar, llevaron a su separación de Dios.
"Luego ella (Dalila) gritó: ¡Sansón, los filisteos
se lanzan sobre ti! Sansón despertó de su sueño
y pensó: "Me escaparé como las otras veces, y me
los quitaré de encima". Pero no sabía que el Señor
lo había abandonado" (Versículo 20). Las consecuencias
fueron nefastas. Cayó en manos de los impíos, que lo escarnecieron.
Tal como ocurre cuando usted rompe su consagración deliberadamente,
y pone en afrenta el evangelio.
¿Qué hacer?
Quizá esta historia retrata su vida. Tal
vez haya puesto en peligro su integridad ministerial. Reconoce su pecado.
Hoy quiere volver a comenzar de nuevo. ¡Hágalo! Dios tiene
amor por sus hijos. Si le confiesa su pecado, El le perdonará.
David, al pecar sosteniendo una relación íntima a todas
luces al margen de los principios de Dios, sufrió las consecuencias
de su error. Pero tuvo la sensatez de reconocerlo y clamar al Creador:
"Ten compasión de mi, oh Dios, conforme a tu gran amor:
conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame
de toda mi maldad y límpiame de mi pecado"(Salmo 51:1, 2).-
Si este no es su caso, permítame una recomendación
final: dependa en todo momento de Dios, pídale fuerza para vencer
la tentación y jamás olvide que no podemos ni debemos
tener en poco nuestra consagración a Dios.
Fernando Alexis Jiménez

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