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Publicado el 22 de Agosto del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
¡¡Si piensa que está predicando en el desierto...!!
A Elpidio Córdoba lo vi por primera vez
caminando bajo el inclemente sol del atardecer, en Vijes, el pintoresco
y humilde pueblecito donde nací. Su hijo adolescente caminaba
junto a él llevando sobre sus hombros un viejo parlante. Predicaba
a todo pulmón sobre el poder transformador de Jesucristo. Lo
seguí con la mirada hasta que se perdió en el horizonte
de la calle polvorienta. Sudaba a raudales, pero proseguía:"Jesucristo
es el camino, la verdad y la vida..."
No fue la única vez, por el contrario, lo
hizo muchas veces: predicaba casi a diario. Las gentes lo miraban pasar,
asomándose entre curiosos y sarcásticos por las rendijas
de las ventanas. En un pueblo decididamente tradicionalista como aquel,
no era extraño que se burlaran del predicador. Lo criticaban
y alguien incluso le arrojó agua. "Vete de aquí,
evangélico" le gritaban los niños que corrían
detrás arrojándoles piedras. Sin embargo, Elpidio no se
dejó amilanar por el desánimo o las adversas circunstancias.
En la vivienda que alquiló, instaló
varias sillas que pretendían ser el templo. Por largo tiempo
sus mensajes los escucharon únicamente su esposa e hijos. Los
escaños permanecían vacíos. Sobra decir que este
pastor pasó muchas penurias económicas hasta que perdió
la cuenta de las ocasiones en que se acostó con un café
y un pan por alimento. Actualmente reside en otra ciudad pero la iglesita
que fundó es hoy una próspera congregación y el
número de convertidos a Cristo crece. Los desvelos, lágrimas
y enseñanzas del reverendo Elpidio están germinando.
Puede ser su caso...
Históricamente Dios ha utilizado la vida
de hombres y mujeres que en su momento pareciera que predicaban en el
desierto. La Biblia nos ofrece el ejemplo del profeta Elías quien
entró en una profunda depresión porque "...los hijos
de Israel han dejado tu pacto (el de Dios con su pueblo), han derribado
tus altares, y han matado a espada a tus profetas, y sólo yo
he quedado, y me buscan para quitarme la vida"(1Reyes 19:14). El
profeta Isaías se quedó "Porque este pueblo es rebelde,
hijos mentirosos, hijos que no quieren oír la ley de Jehová;
que dice a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis
lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizar mentiras"(Isaías
30:9,10). Jonás también expresó su desaliento por
creer que predicaba en un desierto, huyendo de la misión que
Dios le encomendó.
Quizá usted haya volcado sus esfuerzos a
predicar el evangelio y le acompaña la extraña sensación
de que no hay resultados. Ese sentimiento generalmente está asociado
con el desaliento y hay quienes caen presa de la depresión. Se
preguntan:"¿De qué ha servido todo este tiempo sirviendo
al Señor?".
1. No se desespere, la cosecha llegará
El apóstol Pablo escribió bajo la
gloriosa inspiración del Espíritu Santo:"El labrador,
para participar de los frutos, debe trabajar primero" (2 Timoteo
2:6). En otras palabras, sembrar es perseverar velando porque cada semilla
se siembre con pasión y fe. Leí sobre un predicador que
viajaba en las embarcaciones del río Clyde, en Escocia, repartiendo
propaganda evangélica y Nuevos Testamentos. Lo hacía sin
desmayar en su propósito porque él mismo había
conocido a Jesucristo cuando alguien le regaló un tratado evangelístico
una fría noche cuando pasaba junto a un templo. El distribuía
material por todas partes pues tenía la firme convicción
que Dios trataría con la vida de sinnúmero de personas
que recibieran aquellos folletos.
2. El crecimiento es de Dios
La vecina de la cuadra asiste a una iglesia evangélica.
Es divertida y servicial. Cuando llega gozosa del culto, enfila todo
el arsenal sobre su hijo inconverso:"Si sigues así te condenarás.
Cambia, deja ya esa vida desordenada". Siempre lo mismo y piensa,
de un lado, que está predicando en un desierto, y de otro, que
Dios no escucha las oraciones para que su muchacho acepte a Jesucristo.
Ella al igual que nosotros cae en el error de creer que las almas se
convertirán al Señor por nuestros esfuerzos. Predique,
ore y espere en Dios. No podemos olvida que como escribiera el apóstol
Pablo: "Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento
lo ha dado Dios"(2 Corintios 3:6). Es Dios, y nadie mas que El
quien hace la obra.
3. En el tiempo de Dios se verán los resultados
Aunque No vemos los frutos de manera inmediata,
en el tiempo de Dios podremos apreciar la cosecha. Decenas de líderes
y pastores hacen ingentes esfuerzos con publicidad a través de
la radio o la televisión buscando nuevos visitantes para sus
congregaciones, y cada vez tropiezan con nuevos fracasos. ¿La
razón? El Señor tiene su propio horario, que defiere del
nuestro. Por algo anota Dios:"...así será mi palabra
que sale de mi boca, no volverá a mi vacía, sino que hará
lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié"(Isaías
55:10, 11).
Posiblemente no ha visto grandes frutos de su labor
cuando predica, a pesar de que lo hace con verdadera pasión por
ganar almas. Pero no se de por vencido, en el calendario del Todopoderoso,
en el tiempo señalado, los resultados saltarán a la vista.
Escuché de alguien en los Estados Unidos
a quien le dicen el "Reverendo botellas". El tiene un estilo
muy particular de predicar. Recoge botellas de wiskie vacía,
introduce en ellas una carta invitando para que el lector acepte a Jesucristo
en su corazón, y finalmente las arroja al mar...Y ¡Sorpréndase!
Desde todos los rincones del mundo han llegado cartas de hombres y mujeres
que aceptaron a Jesús por ese medio que pareciera insólito.
¿Comprende ahora que usted no está predicando en el desierto...?
Fernando Alexis Jiménez

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