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Publicado el 22 de Agosto del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
Si hay vida... Hay esperanza
Tres razones por las cuales no debemos dejar abandonados
a su suerte a los nuevos creyentes...
El caso fue muy sonado en los Estados Unidos. La
mujer llevaba once años en estado de coma, conectada a unos tubos
de alimentación. Día y noche el mismo bip, bip, bip, del
aparato. "Su estado es grave" diagnosticó el médico.
Sus familiares seguían esperando....Un hogar unido en torno a
una situación de crisis. Pero una voz rompió la rutina:
"Suspéndanle la vida artificial". Era el esposo. No
quería prolongar el drama. Esas cuatro palabras desencadenaron
un verdadero escándalo que tocó los estrados judiciales
de San Petersburgo.
Las autoridades ordenaron restablecer las conexiones.
Era el esposo el que quería que acabara la situación,
pero sus padres y hermanos decían:"Ella todavía vive...Y
si hay vida, hay esperanza". Argumentaron que en ocasiones le han
visto hacer gestos, que sonríe, llora y abre sus ojos en respuesta
al cariño que le brindan. Los médicos, sin embargo, sostienen
que estas acciones son sólo reflejos.
Durante ocho años, sus padres han librado
una dura batalla contra el esposo quien siempre demandó la posibilidad
de dejarla morir. Pero la madre, quien ha pedido oraciones por la mujer
de 37 años en estado de coma, insiste: "Por favor, recen
por Terri. Ella es el centro de todo esto".
Las frases todavía resuenan en mi cabeza:
"Si hay vida, hay esperanza". Y me pregunto ¿Qué
ha sido de los nuevos creyentes a quienes, después que aceptan
la Salvación del Señor Jesucristo, dejamos a un lado y
nos preocupamos por otras almas?. Y ¿Qué ha ocurrido con
los cristianos que volvieron atrás, y ni siquiera les hicimos
una llamada telefónica para saber cómo estaban?¿Y
qué de aquellos que eran inconstantes hasta que decidimos -de
manera egoísta, por supuesto-no seguir luchando por ellos?. Las
respuestas las tiene cada uno...
Nuestro Señor Jesucristo dio ejemplo de
preocupación por las almas hasta último momento. ¿Recuerda
cuando le dijo a un reo, que estaba junto a él en la cruz:"De
cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso"(Lucas
23:43)?
Aquél hombre estaba en sus últimos
momentos, pero ¡Si hay vida, hay esperanza!. Por lo anterior,
le invito a meditar en tres razones por las cuales no debemos abandonar
a las almas a la deriva...
1. Hay esperanza... con los inconstantes
La llama se estaba extinguiendo. Los carbones seguían
encendidos pero amenazaban con llegar a su fin. El viento golpeaba de
frente a la hoguera. "Vamos, no dejen apagar el fuego" gritó
Raúl y se arrodilló para avivar las llamas. "No vale
la pena -grito alguien dentro del grupo de curiosos que rodeaban el
fogón--, deja que se apague. Encenderemos otra hoguera".
"No -insistía Raúl-debemos avivar la llama, no permitir
que se apague". Un incidente sencillo pero profundo a la vez en
aquél campamento de jóvenes. Reflexioné sobre la
similitud con las dos categorías de líderes y discipuladores:
los que rápidamente renuncian a formar en los caminos de Dios
al nuevo creyente, apenas lo ven tambalear, y aquellos que no se dan
por vencidos fácilmente, los que irónicamente constituyen
el número más reducido en nuestras congregaciones.
El Señor reclama de su pueblo:"¿No
apacientan los pastores a los rebaños?...mas no apacentáis
a las ovejas. No fortalecisteis a las débiles, ni curasteis la
enferma; no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil a la
descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado
de ellas con dureza con violencia. Y andan errantes por falta de pastor.."(Ezequiel
34:2-5).
A usted y a mi nos corresponde pastorear el alma
de los nuevos creyentes hasta que puedan valerse por si mismos, debido
a su crecimiento espiritual. No podemos abandonarlos en el camino. Es
necesario llamarles telefónicamente, buscarles, hacerles sentir
que son importante para Dios y también para nosotros, sus hermanos
en la fe. Ese es el peligro de las megaiglesias, aquelals congregaciones
que tienen número incontable de miembros: se pierde la estrecha
relación con los nuevos... y eso es sencillamente fatal.
2. Hay esperanza... con los que vuelven atrás
Héctor era un excelente líder. Siempre
tenía a flor de labios un versículo para acompañar
sus conversaciones. Era entusiasta y tenía ideas geniales. En
ocasiones había que decirle: "Basta ya, no corras tanto,
más despacio, dale tiempo al tiempo" porque, en su afán
de servir al Señor, parecía un bólido. No había
quien lo detuviese. Muchos, al verle su animosidad, decían: "Será
un excelente pastor". Pero un día su vida espiritual dio
un vuelco de 180 grados. No volvió al templo, dejó de
orar, perdió el entusiasmo... Como es apenas natural, muchos
se sintieron decepcionados...
¿Cuál es la solución?¿No
preocuparnos por los que volvieron atrás y volcar nuestras fuerzas
a los nuevos creyentes? Estoy seguro que no. Hay que regresar sobre
nuestros pasos, alcanzarles y reemprender el camino. Así lo plantea
el apóstol Pablo:"Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos
unos a otros, así como lo haces...también os rogamos,
hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a
los débiles, que seáis pacientes para con todos"(1
Tesalonicenses 5:11, 14).
3. Hay esperanza...con el indiferente
Por más de tres años Yimi Oswaldo
clamó a Dios por la vida de su hijo adolescente. En su condición
de pastor, si había algo que le preocupaba era ganar el mundo
para Cristo y que su familia se perdiera. Oraba diariamente por el muchacho,
pero nada ocurría. Le atraían los placeres del mundo y
se mostraba indiferente a las cosas del Señor.
Cuando menos lo esperaba, el chico rindió
su corazón a Jesucristo. Las oraciones del padre habían
caído en tierra fértil, aunque al principio todo pareciera
árido.
Predique, insista, no se desanime. Dios tiene sus
propios planes y calendario. En su tiempo El responderá. Aquella
alma por la que ha venido pidiendo al Señor, se convertirá
en el tiempo de El. Así puedo entenderlo cuando leo en mi vieja
Biblia que, en el comienzo del cristianismo "Día tras día
continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares,
comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor
añadía al número de ellos los que iban siendo salvos"(Hechos
2:46, 47 La Biblia de Las Américas).
Almas huérfanas...
¿Alguna vez ha visto un niño perdido
en un gran centro comercial? Provoca angustia. Mira aterrorizado en
todas las direcciones, llora y en sus ojos brilla la desesperanza. Es
irónico porque está rodeado de decenas de personas, pero
a la vez está solo. Están abandonados en medio de una
multitud...
Asi ocurre con las almas de aquellos creyentes
nuevos que dejamos a la deriva con facilidad. Nos preocupa tener una
membresía gigantesca, poder sumar convertidos, pero cuando estamos
cosechando, nos olvidamos que ese nuevo creyente necesita acompañamiento.
Debemos estar a su lado, animarlo, absolverle los interrogantes y ayudarles
para que, en el momento indicado, dejen de ser ovejas para entrar a
ser personas dispuestas a pastorear otras ovejas.
Imagine por un momento que estamos entrando en
el cielo. Nuestro corazón rebosa de gozo al ver a nuestro Señor
Jesucristo, en la certeza de que será por toda una eternidad.
De pronto volvemos la mirada atrás y vemos el largo camino que
recorremos hasta llegar a la presencia de Dios. Y al detallar con más
cuidado, vemos a lado y lado del sendero a muchos que se quedaron rezagados...Y
nosotros estábamos tan preocupados por seguir llevando almas
a los pies del Salvador, que nos olvidamos de a aquellos que ya habían
hecho decisión de fe...!Dios no permita que tengamos el triste
final de ser padres irresponsables que van regando por ahí almas
huérfanas...!".
Fernando Alexis Jiménez

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