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Publicado el 22 de Julio del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
¿De quién depende? ¿De usted o de los hombres?
Son seis hermanos, el mayor de ellos inválido.
Desde que tuvieron razón de ser, viven bajo la carpa de un circo.
Han compartido por igual momentos felices e instantes tristes. Se identifican
con la emoción de las gentes cuando el espectáculo llega
a una ciudad o polvoriento pueblecito. El acto principal: forman una
pirámide humana y caminan sobre la cuerda floja, en una peligrosísima
demostración que nadie jamás ha intentado. Alguien dijo
alguna vez que estos artistas centroamericanos son suicidas.
"Caer al vacío significa morir o quedar
sometido a la parálisis para siempre, como mi hermano mayor"
relató una de las chicas equilibristas a un programa de la cadena
de televisión AXN.
Cuando los artistas aparecen en escena, la mayoría
de los espectadores se dejan embargar por la tensión, sudan frío
y aguantan la respiración. Un paso en falso, un movimiento errado
o una distracción, puede constarle la vida a estos cinco hermanos.
Ellos dependen del equilibrio, de la coordinación
de los movimientos y de una acertada tensión aplicada a la cuerda
sobre la que se desplazan.
Y usted ¿De quién depende?
Ahora traslade esta imagen gráfica a su
vida persona. Cuando usted camina por la "cuerda floja" de
la vida, en aquellos momentos de crisis personal, emocional o espirituales
difíciles de describir, ¿De quién depende?,¿De
Dios o de los hombres? Si su respuesta es de los hombres, es evidente
que durante los períodos críticos se refugia en sus capacidades
humanas o en la ayuda que le pueden ofrecer los demás.
Crisis inevitables
Las crisis son inevitables en la vida del cristiano.
Unas más prolongadas que otras, pero crisis al fin. La Biblia
relata que los discípulos atravesaban el mar de Galilea: "Y
la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento
era contrario. Mas a la cuarta vigila de la noche, Jesús vino
a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole
andar sobre el mar, se turbaron diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron
voces de miedo" (Mateo 14:24-26).
Aquí encontramos prefigurada una situación
difícil. Tormentas por todas partes: problemas que parecieran
ahogarnos, a lo que se suma un estado emocional que paraliza: el miedo.
Cuando llegamos a esta fase, nos detenemos, no
avanzamos. El panorama a nuestro alrededor se torna gris, sin aparente
salida.
La clave, saber de quien dependes
En medio de la aterrorizante situación "...en
seguida Jesús les habló, diciendo:¡Tened ánimo;
yo soy, no temáis!" (versículo 27). Hasta aquí
todo marcha bien. Pero observe que inmediatamente entra en escena la
semilla de incredulidad que trata de dominar nuestras vidas y que debemos
pedirle a Dios, erradique totalmente porque nos impide seguir adelante:
"Entonces respondió, y dijo: Señor, si eres tu, manda
que yo vaya a ti sobre las aguas" (Versículo 28).
Léalo de nuevo: Es la naturaleza del hombre,
queriendo siempre señales, y tentar a dios. Es tanto como decirle:
Dios, si eres tan poderoso, pruébame tu poder haciendo esto o
aquello. Y aunque no queramos admitirlo, esta situación nos afecta
a la mayoría de los cristianos.
¿Cómo saber si dependemos del mundo?
Un sin número de cristianos caminan en victoria:
oran y reciben respuesta divina a sus peticiones; crecen espiritualmente.
Sin embargo, de un momento a otro inician un proceso de estancamiento
o retroceso. Eso es exactamente lo que ocurrió con el apóstol.
"Y el dijo: ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre
las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo
miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor,
sálvanos!" (versículos 29,30).
Científicamente, Pedro venció la
ley de gravedad. Por fe, al amparo de Dios, comenzó a experimentar
milagros, lo que racionalmente no tiene explicación. Su gran
error fue pensar como el mundo. No de otra manera explica el texto que
Pedro "...al ver el fuerte viento, tuvo miedo...".
Cuando miramos las circunstancias, cuando dimensionamos
los problemas y nos guiamos por la razón, le damos la espalda
a la fe y allí comienza nuestro fracaso.
Depositar nuestra confianza en las capacidades
humanas o en la ayuda que nos ofrecen quienes tienen poder o influencia,
en lo que vemos, en lo tangible nos aleja del Todopoderoso y firmamos
nuestra propia derrota.
Dios, la verdadera fuente de confianza
Pedro comenzó a hundirse. La duda, el temor
y la razón, lo conducían inevitablemente a la muerte,
tanto física como espiritual. Si usted está atravesando
una situación similar y reconocer que como Pedro depende más
del hombre y de sus capacidades, le invito para que al igual que el
discípulo, vuelva su mirada al Señor.
"...y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo:
¡Señor, sálvame!. Al momento, Jesús, extendiendo
la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca
fe! ¿Por qué dudaste?. Y cuando ellos subieron a la barca,
se calmó el viento" (versículos 30-32).
La vida del discípulo se orientó
por el camino correcto, cuando reconoció que sólo quienes
confían en el poder divino y no en el de los hombres, triunfan
sobre las crisis y la adversidad.
Fernando Alexis Jiménez

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