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Publicado el 20 de Julio del 2001
Heraldos de la Palabra: Cristianismo
¡Ya es hora de que Dios trate contigo!
La frase la repitió muchas
veces en sus oraciones:"Señor, trata con mi vida. Yo el
barro, tú el alfarero". En el silencio de la noche esa expresión
sonaba preciosa, poética, íntima. Y al día siguiente
la rutina: el trabajo, las ocupaciones en la iglesia, la preparación
de mensajes, leer la Biblia y tantas cosas mas...
"Es un buen líder. Me enseñó
las primeras lecciones de discipulado cristiano". Pero este, que
era uno de los tantos comentarios que hicieron sobre su desempeño
ministerial, tuvo su confrontación cuando Raúl comenzó
a tener problemas...
En el trabajo, desánimo ante las críticas
y burlas de los demás; al interior del hogar, un desgano por
llegar a casa; en lo personal, la sensación de que estaba muchas
cosas que cambiar, de que hacía falto algo más...y en
la iglesia, una merma considerable de las invitaciones a predicar.
Pronto era de otra persona de quien decían:"Es
un buen líder...". Y en Raúl, la preocupación
porque ya no era el centro de las miradas y de los comentarios elogiosos.
"¿Por qué a mí, Señor?, "¿Por
qué a mí...?". ¡Dios estaba tratando con su
orgullo, pero él no quería admitirlo!.
Es en síntesis el contrasentido que en ocasiones
identifica a los cristianos: de un lado, pedirle a Dios que transforme
nuestras vidas; pero de otra parte, la renuncia a permitir que el Señor
obre, puliendo aquí y allá, hasta que haga de nosotros
una persona conforme su voluntad.
Hay por lo menos cuatro áreas en las que
Dios trata con nuestras vidas. Biblia en mano, le invito para que examinemos
esos "puntos clave".
1. Dios trata con nuestro carácter
Cuando le decimos "Dios, trata conmigo",
olvidamos que hay cosas de nuestra personalidad que El debe pulir. Y
lo hace. A su manera, en su tiempo y con el método que El dispone.
¿Recuerda a Moisés?. Al comienzo quiso defender al pueblo
hebreo a su manera, en Egipto (Lea Exodo 2:11-14). Dice la Escritura
que, al descubrirse que había asesinado a un egipcio en su afán
libertario y justiciero "Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo:
Ciertamente esto ha sido descubierto. Oyendo Faraón acerca de
este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés
huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra
de Madián"(versículos 14b. Y 15).
Transcurrieron cuarenta años en el desierto
para que Dios ajustara el carácter de Moisés, antes de
enviarlo a cumplir una misión sumamente delicada. El trato del
Todopoderoso fue el que permitió que "...aquél varón,
Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había
en la tierra"(Números 12.3).
2. Dios trata con nuestra fe
En ocasiones somos excelentes expositores de la
fe pero únicamente en teoría. Hablamos de fe todo el tiempo,
pero al momento de ponerla en práctica, fallamos. El choque ineludible
entre lo que decimos y lo que hacemos. Y en esa área, dios trata
con nosotros.
La Biblia registra un buen número de casos
donde la fe se pone a prueba. Todo parece fallar a nuestro alrededor.
Resta únicamente confiar...Y cuando lo hacemos, Dios responde.
Si su fe está a prueba, sólo hay un camino: confiar que
Dios responderá, por difícil que parezca la situación.
3. Dios trata con nuestra mundanalidad
La imagen más gráfica del cristiano
que juega a la santidad y se involucra con el mundo, la ofrece el rey
David. Se dejó tentar mirando, en lo oculto, el cuerpo de Betsabé,
esposa de Urías. La codició, se llegó a ella, destruyó
un matrimonio, propició un asesinato y el hijo que concibió
en aquella ocasión, murió. El monarca cayó en pecado
porque estaba en el lugar equivocado, el día menos indicado,
a la hora menos apropiada. Y cayó, pero también pagó
las consecuencias (Lea 1 Samuel 11, 12).-
En el mensaje a la iglesia de Laodicea,. El Señor
Jesús fue claro:"Yo conozco tus obras, que no eres frío
ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero
por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré
de mi boca"(Apocalipsis 3:15, 16).
4. Dios trata con nuestra religiosidad
Cuenta la historia que una humilde lavandera de
Guadalajara de Buga, en Colombia, halló la imagen cuando bajaba
por el río. Emocionada llevó el cristo a su casa. Allí
lo guardó en una caja de madera hasta que le fue imposible, porque
dice la leyenda que creía con el paso de las horas. Hoy se erige
en esa ciudad uno de los santuarios idolátricos más grande
de Latinoamérica que visitan anualmente diez millones de feligreses.
Lo que llama poderosamente la atención es que, en su adoración,
muchos visitantes se desplazan de rodillas por más de una cuadra
hasta llegar donde se encuentra la imagen.
¿Sorprendente? Si, sorprendente, como también
sorprende el ritualismo en que caen los cristianos con demasiada frecuencia.
Oran por un lapso de tiempo preconcebido, más por ritual que
por un íntimo anhelo de pasar un buen rato con el Señor;
leen un número determinado de capítulos de la Biblia cada
día, porque están "encasillados" en que así
debe ser; las jornadas de ayuno pierden el significado de otros tiempos
ya que repiten y repiten frases sin ponerle sentido. Y lo más
grave: desestiman a otros creyentes porque no actúan igual. En
otras palabras, es una forma moderna de caer en el ritualismo, sólo
que ahora es un ritualismo "evangélico"...
En momento así, Dios se toma el trabajo
de "sacudirnos" y despojarnos de nuestro sumario de tradiciones.
Bien dijo el Señor Jesucristo hablando con estribas y fariseos:"Porque
dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición
de los hombres...les decía también: Bien invalidáis
el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición"(Marcos
7:8,9).
Para terminar
La próxima vez que en sus oraciones diga:
"Dios, trata con mi vida", prepárese ¡Dios hará
de usted un creyente renovado!...
Fernando Alexis Jiménez

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